1)
"... Bienaventurados los pobres
de espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos.."
Más que la
condición social de pobre, expresa la actitud religiosa de humildad ante Dios:
es pobre el que acude a Dios sin considerar méritos propios y confía sólo en
la Misericordia Divina para ser salvado ( infancia espiritual). El cristiano se
considera ante Dios como un niño pequeño que no tiene nada en propiedad; todo
es de Dios su Padre y a El se lo debe. La pobreza cristiana exige el
desprendimiento de los bienes materiales y una austeridad en el uso de ellos. La
pobreza que Jesús declaró Bienaventurada es aquella hecha a base de
desprendimiento, de confianza en Dios, de sobriedad y disposición a compartir
con otros. Nos enseñan que la verdadera dicha no reside ni en la riqueza o el
bienestar, ni en la gloria humana o en el poder, ni en ninguna obra humana, por
útil que sea, como las ciencias, las técnicas, y las artes, ni en ninguna
criatura, Sólo Dios es la fuente de todo bien y de todo amor.
2 ) "...
Bienaventurados los que
lloran, porque ellos serán consolados
..." Nuestro Señor llama aquí
Bienaventurados a todos los que están afligidos por alguna causa y, de modo
particular, a quienes están verdaderamente arrepentidos de sus pecados, o
apenados por las ofensas que otros hacen a Dios, y que llevan su sufrimiento con
amor y deseos de reparación.
3) "...Bienaventurados los mansos,
porque ellos heredarán la tierra..."
Es decir, los que sufren con
paciencia las persecuciones injustas; los que en las adversidades mantienen el
ánimo sereno, humilde y firme, y no se dejan llevar de la ira o del
abatimiento. Es la virtud de la Mansedumbre muy necesaria para la vida
cristiana. Normalmente las frecuentes manifestaciones internas de irritabilidad
proceden de la falta de humildad y de paz interior.
"La tierra": Comúnmente se
entiende en sentido Trascendente, es decir, la Patria Celestial.
4) "...
Bienaventurados los que
tienen hambre y sed de Justicia, porque ellos serán saciados
..." Se llama
justo a quien se esfuerza sinceramente en cumplir la Voluntad de Dios, que se
manifiesta en los Mandamientos, en los deberes de estado y en la unión del alma
con Dios. Como comenta San Jerónimo esta cuarta Bienaventuranza de Nuestro
Señor exige no un simple deseo vago de Justicia, sino tener hambre y sed de
ella, esto es amar y buscar con todas las fuerzas aquello que hace justo al
hombre delante de Dios.
El que de verdad quiere la Santidad
tiene que querer los medios que la Iglesia, ofrece y enseña a vivir a todos los
hombres: frecuencia de los Sacramentos, trato íntimo con Dios en la oración,
fortaleza en cumplir con los deberes familiares, profesionales y sociales.
5) "...
Bienaventurados los
Misericordiosos porque ellos alcanzarán Misericordia
..." La misericordia
no consiste sólo en dar limosna a los pobres, sino también comprender los
defectos que pueden tener los demás, disculparlos, ayudar a superarlos y querer
a los otros aún con sus defectos. También forma parte de la misericordia
alegrarse y sufrir con las alegrías y dolores ajenos.
6) "...
Bienaventurados los limpios
de corazón, porque ellos verán a Dios
..." La Doctrina de Cristo enseña
que la raíz de la calidad de los actos humanos está en el corazón, es decir,
en el interior del hombre, en el fondo de su espíritu. El corazón es
considerado como el resumen y la fuente, la expresión y el fondo último de los
pensamientos, de las palabras, de las acciones. La limpieza de corazón es un
don de Dios que se manifiesta en la capacidad de amar, en la mirada recta y
limpia para todo lo noble. El cristiano ayudado con la Gracia de Dios, debe
luchar para purificar su corazón y adquirir esa limpieza, por la que se promete
la Visión de Dios.
7 ) "...
Bienaventurados los
pacíficos, porque ellos serán llamados hijos de Dios
..." Son los que
promueven la paz en si mismos, en los demás y, sobre todo procuran
reconciliarse y reconciliar a los demás con Dios. La paz con Dios es la causa y
la cima de toda paz. Será vana y falaz toda paz en el mundo que no se base en
esa Paz Divina.
8) "...Bienaventurados los que
padecen persecución por la Justicia, porque de, ellos es el Reino dé los
cielos..." Bienaventurados seréis cuando os injurien, os persigan y os
calumnien de cualquier modo por mi causa. Alegraos y regocijaos, porque vuestra
recompensa será grande en el Cielo: de la misma manera persiguieron a los
profetas que os precedieron. Es Bienaventurado el que padece persecución por
ser santo o por su empeño en ser santo. Es Bienaventurado el que padece
persecución por ser fiel a Cristo, y lo lleva no sólo con paciencia sino con
alegría. San Bernardo dice que esta octava Bienaventuranza era como la
prerrogativa de los Santos mártires. El cristiano que es fiel a la Doctrina de
Jesucristo es de hecho también un mártir ( testigo) que refleja o cumple esta
Bienaventuranza, aún sin llegar ala muerte temporal.