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LIBRO SEGUNDO

En que trata del medio próximo para subir a la unión de Dios, que es la fe; y así se trata de la segunda parte de esta noche, que
decíamos pertenecer el espíritu, contenida en la segunda canción, que es la que se sigue.

CANCIÓN SEGUNDA

CAPÍTULO 1

A oscuras y segura, por la secreta escala, disfrazada, ¡oh dichosa ventura!, a oscuras y en celada, estando ya mi casa sosegada.

1. En esta segunda canción canta el alma la dichosa ventura que tuvo en desnudar el espíritu de todas las imperfecciones
espirituales y apetitos de propiedad en lo espiritual. Lo cual le fue muy mayor ventura, por la mayor dificultad que hay en sosegar
esta casa de la parte espiritual, y poder entrar en esta oscuridad interior, que es la desnudez espiritual de todas las cosas, así
sensuales como espirituales, sólo estribando en pura fe y subiendo por ella a Dios.

Que, por eso, la llama aquí escala y secreta, porque todos los grados y artículos que ella tiene son secretos y escondidos a todo
sentido y entendimiento. Y así, se quedó ella a oscuras de toda lumbre de sentido y entendimiento, saliendo de todo límite natural
y racional para subir por esta divina escala de la fe, que escala y penetra hasta lo profundo de Dios (1 Cor. 2, 10).

Por lo cual dice que iba disfrazada, porque llevaba el traje y vestido y termino natural mudado en divino, subiendo por fe. Y así
era causa este disfraz de no ser conocida ni detenida de lo temporal, ni de lo racional, ni del demonio, porque ninguna de
estas cosas puede dañar al que camina en fe.

Y no sólo eso, sino que va el alma tan encubierta y escondida y ajena de todos los engaños del demonio, que verdaderamente camina,
como tambien aquí dice, a oscuras y en celada, es a saber, para el demonio, al cual la luz de la fe le es más que tinieblas. Y así,
el alma que por ella camina le podemos decir que en celada y encubierta al demonio camina, como adelante se verá más claro.

2. Por eso dice que salió a oscuras y segura, porque el que tal ventura tiene que puede caminar por la oscuridad de la fe,
tomándola por guía de ciego, saliendo el de todas las fantasmas naturales y razones espirituales, camina muy al seguro, como
habemos dicho.

Y así dice que tambien salió por esta noche espiritual estando ya su casa sosegada, es a saber, la parte espiritual y racional, de
la cual, cuando el alma llega a la unión de Dios, tiene sosegadas sus potencias naturales, y los ímpetus y ansias en la parte
espiritual. Que por eso no dice aquí que salió con ansias, como en la primera noche del sentido, porque, para ir en la noche del
sentido y desnudarse de lo sensible, eran menester ansias de amor sensible para acabar de salir; pero, para acabar de sosegar la
casa del espíritu, sólo se requiere negación de todas las potencias y gustos y apetitos espirituales en pura fe. Lo cual hecho, se junta el alma con el Amado en una unión de sencillez, y pureza, y amor, y semejanza.

3. Y es de saber que la primera canción, hablando acerca de la parte sensitiva, dice que salió en noche oscura; y aquí, hablando
acerca de la parte espiritual, dice que salió a oscuras, por ser muy mayor la tiniebla de la parte espiritual, así como la
oscuridad es mayor tiniebla que la de la noche, porque, por oscura que una noche sea, todavía se ve algo, pero en la oscuridad no se
ve nada. Y así, en la noche del sentido todavía queda alguna luz, porque queda el entendimiento y razón, que no se ciega. Pero esta
noche espiritual, que es la fe, todo lo priva, así en entendimiento como en sentido. Y, por eso, dice el alma en esta
que iba a oscuras y segura, lo cual no lo dijo en la otra; porque cuanto menos el alma obra con habilidad propia, va más segura,
porque va más en fe.

Y esto se irá bien declarando por extenso en este segundo libro, en el cual será necesario que el devoto lector vaya con atención,
porque en el se han de decir cosas bien importantes para el verdadero espíritu. Y, aunque ellas son algo oscuras, de tal
manera se abre camino de unas para otras, que entiendo se entenderá todo muy bien.
 


CAPÍTULO 2

En que se comienza a tratar de la segunda parte o causa de esta noche, que es la fe. Prueba con dos razones cómo es más oscura que
la primera y que la tercera.

1. Síguese ahora tratar de la (segunda) parte de esta noche, que es la fe, la cual es el admirable medio que decíamos para ir al
termino que es Dios, el cual decíamos era tambien para el alma naturalmente tercera causa o parte de esta noche.

Porque la fe, que es el medio, es comparada a la media noche. Y así podemos decir que para el alma es más oscura que la primera y,
en cierta manera, que la tercera. Porque la primera, que es la del sentido, es comparada a la prima de la noche, que es cuando cesa
la vista de todo objeto sensitivo, y así no está tan remota de la luz como la media noche.

La tercera parte, que es el antelucano, que es ya lo que está próximo a la luz del día, no es tan oscuro como la media noche,
pues ya está inmediata a la ilustración e información de la luz del día, y esta es comparada a Dios. Porque, aunque es verdad que
Dios es para el alma tan oscura noche como la fe, hablando naturalmente, pero, porque, acabadas ya estas tres partes (de la
noche), que para el alma lo son naturalmente, ya va Dios ilustrando al alma sobrenaturalmente con el rayo de su divina luz,
lo cual es el principio de la perfecta unión que se sigue pasada la tercera noche, se puede decir que es menos oscura.

2. Es tambien más oscura que la primera, porque esta pertenece a la parte inferior del hombre, que es la sensitiva y, por
consiguiente, más exterior; y esta segunda de la fe pertenece a la parte superior del hombre, que es la racional y, por el
consiguiente, más interior y más oscura, porque la priva de la luz racional, o, por mejor decir, la ciega. Y así, es bien comparada a
la media noche, que es lo más adentro y más oscuro de la noche.

3. Pues esta segunda parte de la fe habemos ahora de probar cómo es noche para el espíritu, así como la primera lo es para el
sentido. Y luego tambien diremos los contrarios que tiene, y cómo se ha de disponer el alma activamente para entrar en ella. Porque
de lo pasivo, que es lo que Dios hace sin ella para meterla en ella, allá diremos en su lugar, que entiendo será el tercer libro.
 



CAPÍTULO 3

Cómo la fe es noche oscura para el alma. Pruebalo con razones y autoridades y figuras de la Sagrada Escritura.

1. La fe dicen los teólogos que es un hábito del alma cierto y oscuro. Y la razón de ser hábito oscuro es porque hace creer
verdades reveladas por el mismo Dios, las cuales son sobre toda luz natural y exceden todo humano entendimiento sin alguna
proporción.

De aquí es que, para el alma, esta excesiva luz que se le da de fe le es oscura tiniebla, porque lo más priva (y vence) lo menos, así
como la luz del sol priva otras cualesquier luces, de manera que no parezcan luces cuando ella luce, y vence nuestra potencia
visiva, de manera que antes la ciega y priva de la vista que se le da, por cuanto su luz es muy desproporcionada y excesiva a la
potencia visiva. Así, la luz de la fe, por su grande exceso, oprime y vence la del entendimiento, la cual sólo se extiende de
suyo a la ciencia natural; aunque tiene potencia para la sobrenatural, para cuando Nuestro Señor la quisiere poner en acto
sobrenatural.

2. De donde ninguna cosa, de suyo, puede saber sino por vía natural; lo cual es sólo lo que alcanza por los sentidos, para lo
cual ha de tener los fantasmas y las figuras de los objetos presentes en sí o en sus semejantes, y de otra manera, no; porque,
como dicen los filósofos: ab obiecto et potentia paritur notitia, esto es: del objeto presente y de la potencia nace en el alma la
noticia. De donde, si a uno le dijesen cosas que el nunca alcanzó a conocer ni jamás vio semejanza de ellas, en ninguna manera le
quedaría más luz de ellas que si no se las hubiesen dicho.

Pongo ejemplo: si a uno le dijesen que en cierta isla hay un animal que el nunca vio, si no le dicen de aquel animal alguna
semejanza que el haya visto en otros, no le quedará más noticia ni figura de aquel animal que antes, aunque más le esten diciendo de
el.

Y por otro ejemplo más claro se entenderá mejor. Si a uno que nació ciego, el cual nunca vio color alguno, le estuviesen
diciendo cómo es el color blanco o el amarillo, aunque más le dijesen, no entendería más así que así, porque nunca vio los tales
colores ni sus semejanzas, para poder juzgar de ellos; solamente se le quedaría el nombre de ellos, porque aquello púdolo percibir
con el oído; mas la forma y figura no, porque nunca la vio.


3. De esta manera es la fe para con el alma, que nos dice cosas que nunca vimos ni entendimos en sí ni en sus semejanzas, pues no
la tienen. Y así, de ella no tenemos luz de ciencia natural, pues a ningún sentido es proporcionado lo que nos dice; pero sabemoslo
por el oído, creyendo lo que nos enseña, sujetando y cegando nuestra luz natural. Porque, como dice San Pablo (Rm. 10, 17),
fides ex auditu, como si dijera: la fe no es ciencia que entra por ningún sentido, sino sólo es consentimiento del alma de lo que
entra por el oído.

4. Y aun la fe excede mucho más de lo que dan a entender los ejemplos dichos; porque, no solamente no hace noticia, y ciencia,
pero, como habemos dicho, priva y ciega de otras cualesquier noticias y ciencia, para que puedan bien juzgar de ella. Porque
otras ciencias con la luz del entendimiento se alcanzan; mas esta de la fe sin la luz del entendimiento se alcanza, negándola por la
fe, y con la luz propia se pierde, si no se oscurece. Por lo cual dijo Isaías (7, 9): Si non credideritis, non intelligetis, esto
es: Si no creyeredes, no entendereis.

Luego claro está que la fe es noche oscura para el alma, y de esta manera la da luz; y cuanto más la oscurece más luz la da de sí,
porque cegando la (da) luz, según este dicho de Isaías (7, 9): Porque si no creyeredes, (no entendereis), esto es, no tendreis
luz. Y así fue figurada la fe por aquella nube que dividía los hijos de Israel y a los egipcios al punto de entrar en el Mar
Bermejo, de la cual dice la sagrada Escritura (Ex. 14, 20) que era nubes tenebrosa et illuminans noctem; quiere decir que aquella
nube era tenebrosa y alumbradora a la noche.

5. Admirable cosa es que, siendo tenebrosa, alumbrase la noche; esto era porque la fe, que es nube oscura y tenebrosa para el alma
-la cual es tambien noche, pues, en presencia de la fe, de su luz natural queda privada y ciega-, con su tiniebla alumbra y da luz a
la tiniebla del alma. Porque así convenía que fuese semejante al maestro el discípulo (Lc. 6, 40). Porque el hombre que está en
tiniebla no podía convenientemente ser alumbrado sino por otra tiniebla, según nos lo enseña David (Sal. 18, 3), diciendo: Dies
diei eructat verbum et nox nocti indicat scientiam; quiere decir: El día rebosa y respira palabra al día, y la noche muestra ciencia
a la noche. Que, hablando más claro, quiere decir: el día, que es Dios, en la bienaventuranza, donde ya es de día, a los
bienaventurados ángeles y almas que ya son día, les comunica y pronuncia la Palabra, que es su Hijo, para que le sepan y le
gocen. Y la noche, que es la fe, en la iglesia militante, donde aún es de noche, muestra ciencia a la Iglesia y, por consiguiente,
a cualquiera alma, la cual le es noche, pues está privada de la clara sabiduría beatifica; y en presencia de la fe, de su luz
natural está ciega.

6. De manera que lo que de aquí se ha de sacar es que la fe, porque es noche oscura, da luz al alma, que está a oscuras, porque
se venga a verificar lo que tambien dice David (Sal. 138, 11) a este propósito, diciendo: Nox illuminatio mea in deliciis meis,
que quiere decir: La noche será mi iluminación en mis deleites; lo cual es tanto como decir: en los deleites de mi pura contemplación
y unión con Dios, la noche de la fe será mi guía. En lo cual claramente da a entender que el alma ha de estar en tiniebla para
tener luz para este camino.


CAPÍTULO 4

Trata en general cómo tambien el alma ha de estar a oscuras, en cuanto es de su parte, para ser bien guiada por la fe a suma
contemplación.

1. Creo se va ya dando a entender algo cómo la fe es oscura noche para el alma y cómo tambien el alma ha de ser oscura o estar a
oscuras de su luz para que de la fe se deje guiar a este alto termino de unión. Pero para que eso el alma sepa hacer, convendrá
ahora ir declarando esta oscuridad que ha de tener el alma algo más menudamente para entrar en este abismo de la fe. Y así, en
este capítulo hablare en general de ella, y adelante, con el favor divino, ire diciendo más en particular el modo que se ha de tener
para no errar en ella ni impedir a tal guía.

2. Digo, pues, que el alma, para haberse de guiar bien por la fe a este estado, no sólo se ha de quedar a oscuras según aquella parte
que tiene respecto a las criaturas y a lo temporal, que es la sensitiva e inferior, de que habemos ya tratado sino que tambien
se ha de cegar y oscurecer tambien según la parte que tiene respecto a Dios y a lo espiritual, que es la racional y superior,
de que ahora vamos tratando. Porque, para venir un alma a llegar a la transformación sobrenatural, claro está que ha de oscurecerse y
trasponerse a todo lo que contiene su natural, que es sensitivo y racional; porque sobrenatural eso quiere decir, que sube sobre el
natural; luego el natural abajo queda.

Porque, como quiera que esta transformación y unión es cosa que no puede caer en sentido y habilidad humana, ha de vaciarse de todo
lo que puede caer en ella perfectamente y voluntariamente, ahora sea de arriba, ahora de abajo, según el afecto, digo, y voluntad,
en cuanto es de su parte; porque a Dios, ¿quien le quitará que el no haga lo que quisiere en el alma resignada, aniquilada y
desnuda?

Pero de todo se ha de vaciar como sea cosa que puede caer en su capacidad, de manera que, aunque más cosas sobrenaturales vaya
teniendo, siempre se ha de quedar como desnuda de ellas y a oscuras, así como el ciego, arrimándose a la fe oscura, tomándola
por guía y luz, y no arrimándose a cosa de las que entiende, gusta y siente e imagina. Porque todo aquello es tiniebla, que la hará
errar; y la fe es sobre todo aquel entender y gustar y sentir e imaginar. Y si en esto no se ciega, quedándose a oscuras
totalmente, no viene a lo que es más, que es lo que enseña la fe.

3. El ciego, si no es bien ciego, no se deja bien guiar del mozo de ciego, sino que, por un poco que ve, piensa que por cualquiera
parte que ve, por allí es mejor ir, porque no ve otras mejores; y así puede hacer errar al que le guía y ve más que el, porque, en
fin, puede mandar más que el mozo de ciego. Y así, el alma, si estriba en algún saber suyo o gustar o saber de Dios, como quiera
que ello, aunque más sea, sea muy poco y disímil de lo que es Dios para ir por este camino, fácilmente yerra o se detiene, por no se
querer quedar bien ciega en fe, que es su verdadera guía.

4. Porque eso quiso decir tambien san Pablo (Heb. 11, 6), cuando dijo: Accedentem ad Deum oportet credere quod est; quiere decir:
Al que se ha de ir uniendo a Dios, convienele que crea su ser. Como si dijera: el que se ha de venir a juntar en una unión con
Dios no ha de ir entendiendo ni arrimándose al gusto, ni al sentido, ni a la imaginación, sino creyendo su ser, que no cae en
entendimiento, ni apetito, ni imaginación, ni otro algún sentido, ni en esta vida se puede saber; antes en ella lo más alto que se
puede sentir y gustar, etc., de Dios, dista en infinita manera de Dios y del poseerle puramente. Isaías (54, 4) y san Pablo (1 Cor.
2, 9) dicen: Nec oculus vidit, nec auris audivit, neque in cor hominis ascendit, quae praeparavit Deus iis qui diligunt illum;
que quiere decir: lo que Dios tiene aparejado para los que le aman, ni ojo jamás lo vio, ni oído lo oyó, ni cayó en corazón ni
pensamiento de hombre. Pues, como quiera que el alma pretenda unirse por gracia perfectamente en esta vida con aquello que por
gloria ha de estar unida en la otra (lo cual, como aquí dice san Pablo, no vio ojo, ni oyó oído, ni cayó en corazón de hombre en
carne) claro está que, para venir a unirse en esta vida con ello por gracia y por amor perfectamente, ha de ser a oscuras de todo
cuanto puede entrar por el ojo, y de todo lo que se puede recibir con el oído, y se puede imaginar con la fantasía, y comprehender
con el corazón, que aquí significa el alma.

Y así, grandemente se estorba una alma para venir a este alto estado de unión con Dios cuando se ase a algún entender, o sentir,
o imaginar, o parecer, o voluntad, o modo suyo, o cualquiera otra cosa u obra propia, no sabiendose desasir y desnudar de todo ello.
Porque, como decimos, a lo que va, es sobre todo eso, aunque sea lo más que se puede saber o gustar; y así, sobre todo se ha de
pasar al no saber.

5. Por tanto, en este camino el entrar en camino es dejar su camino, o, por mejor decir, es pasar al termino; y dejar su modo,
es entrar en lo que no tiene modo, que es Dios; porque el alma que a este estado llega, ya no tiene modos ni maneras, ni menos se ase
ni puede asir a ellos. Digo modos de entender, ni de gustar, ni de sentir, aunque en sí encierra todos los modos, al modo del que no
tiene nada, que lo tiene todo; porque, teniendo ánimo para pasar de su limitado natural interior y exteriormente, entra en límite
sobrenatural que no tiene modo alguno, teniendo en sustancia todos los modos. De donde el venir aquí es el salir de allí, y de aquí y
de allí saliendo de sí muy lejos, de eso bajo para esto sobre todo alto.

6. Por tanto, trasponiendose a todo lo que espiritual y naturalmente puede saber y entender, ha de desear el alma con todo
deseo venir a aquello que en esta vida no puede saber ni caer en su corazón, y dejando atrás todo lo que temporal y espiritualmente
gusta y siente y puede gustar y sentir en esta vida, ha de desear con todo deseo venir a aquello que excede todo sentimiento y
gusto. Y, para quedar libre y vacía para ello, en ninguna manera ha de hacer presa en cuanto en su alma recibiere espiritual o
sensitivamente, como declararemos luego, cuando esto tratemos en particular, teniendolo todo por mucho menos. Porque, cuanto más
piensa que es aquello que entiende, gusta e imagina, y cuanto más lo estima, ahora sea espiritual, ahora no, tanto más quita del
supremo bien y más se retarda de ir a el. Y cuanto menos piensa que es lo que puede tener, por más que ello sea, en respecto del
sumo bien, tanto más pone en el y le estima, y, por el consiguiente, tanto más se llega a el. Y de esta manera, a oscuras, grandemente se acerca el alma a la unión por medio de la fe, que tambien es oscura, y de esta manera la da admirable luz la fe. Cierto que, si el alma quisiese ver, harto más presto se oscurecería acerca de Dios que el que abre los ojos a ver el gran resplandor del sol.

7. Por tanto, en este camino, cegándose en sus potencias, ha de ver luz, según lo que el Salvador dice en el Evangelio (Jn. 9, 39)
de esta manera: In iudicium veni in hunc mundum: ut qui non vident, videant, et qui vident caeci fiant, esto es: Yo he venido
a este mundo para juicio; de manera que los que no ven vean, y los que ven, se hagan ciegos. Lo cual, así como suena, se ha de
entender acerca de este camino espiritual: que el alma, conviene saber, que estuviere a oscuras y se cegare en todas sus luces
propias y naturales, verá sobrenaturalmente, y la que a alguna luz suya se quisiere arrimar, tanto más cegará y se detendrá en el
camino de la unión.

8. Y para que procedamos menos confusamente, pareceme será necesario dar a entender en el siguiente capítulo que cosa sea
esto que llamamos unión del alma con Dios; porque, entendido esto, se dará mucha luz en lo que de aquí adelante iremos diciendo; y
así entiendo viene bien aquí el tratar de ella como en su propio lugar. Porque, aunque se corta el hilo de lo que vamos tratando,
no es fuera de propósito, pues en este lugar sirve para dar luz en lo mismo que se va tratando; y así, servirá el capítulo
infrascrito como de parentesis, puesto entre una misma entimema, pues luego habemos de venir a tratar en particular de las tres
potencias del alma respecto de las tres virtudes teologales acerca de esta segunda noche.
 


CAPÍTULO 5

En que se declara que cosa sea unión del alma con Dios. Pone una comparación.

1. Por lo que atrás queda dicho, en alguna manera se da a entender lo que aquí entendemos por unión del alma con Dios, y por eso se
entenderá aquí mejor lo que dijeremos de ella. Y no es ahora mi intento tratar de las divisiones de ella ni de sus partes, porque
sería nunca acabar si ahora me pusiese a declarar cuál sea la unión del entendimiento, y cuál según la voluntad, y cuál tambien
según la memoria, y cuál la transeúnte, y cuál la permanente en las dichas potencias; y luego cuál sea la total transeúnte y
permanente según las dichas potencias juntas. De eso a cada paso iremos tratando en el discurso, ahora de lo uno, ahora de lo otro,
pues ahora no hace al caso para dar a entender lo que aquí habemos de decir de ellas, y muy mejor se dará a entender en sus lugares,
cuando, yendo tratando de la misma materia, tengamos el ejemplo vivo junto al entendimiento presente, y allí se notará y entenderá
cada cosa y se juzgará mejor de ella.

2. Ahora sólo trato de esta unión total y permanente según la sustancia del alma y sus potencias en cuanto al hábito oscuro de
unión; porque en cuanto al acto, despues diremos, con el favor divino, cómo no puede haber unión permanente en las potencias en
esta vida, sino transeúnte.

3. Para entender, pues, cuál sea esta unión de que vamos tratando, es de saber que Dios, en cualquiera alma, aunque sea la del mayor
pecador del mundo, mora y asiste sustancialmente. Y esta manera de unión siempre está hecha entre Dios y las criaturas todas, en la cual les está conservando el ser que tienen; de manera que si de esta manera faltase, luego se aniquilarían y dejarían de ser. Y
así, cuando hablamos de unión del alma con Dios, no hablamos de esta sustancial, que siempre está hecha, sino de la unión y
transformación del alma con Dios, que no está siempre hecha, sino sólo cuando viene a haber semejanza de amor. Y, por tanto, esta se
llamará unión de semejanza, así como aquella, unión esencial o sustancial; aquella, natural; esta, sobrenatural; la cual es
cuando las dos voluntades, conviene a saber, la del alma y la de Dios, están en uno conformes, no habiendo en la una cosa que
repugne a la otra. Y así, cuando el alma quitare de sí totalmente lo que repugna y no conforma con la voluntad divina, quedará
transformada en Dios por amor.

4. Esto se entiende, no sólo lo que repugna según el acto, sino tambien según el hábito. De manera que no sólo los actos
voluntarios de imperfección le han de faltar, mas los hábitos de esas cualesquier imperfecciones ha de aniquilar. Y por cuanto toda
cualquier criatura, todas las acciones y habilidades de ellas no cuadran ni llegan a lo que es Dios, por eso se ha de desnudar el
alma de toda criatura y acciones y habilidades suyas, conviene a saber: de su entender, gustar y sentir, para que, echado todo lo
que es disímil y disconforme a Dios, venga a recibir semejanza de Dios, no quedando en ella cosa que no sea voluntad de Dios; y así
se transforma en Dios.

De donde, aunque es verdad que, como habemos dicho, está Dios siempre en el alma dándole y conservándole el ser natural de ella
con su asistencia, no, empero, siempre la comunica el ser sobrenatural. Porque este no se comunica sino por amor y gracia,
en la cual no todas las almas están; y las que están, no en igual grado, porque unas están en más, otras en menos grados de amor. De
donde a aquella alma se comunica Dios más que está más aventajada en amor, lo cual es tener más conforme su voluntad con la de Dios.
Y la que totalmente la tiene conforme y semejante, totalmente está unida y transformada en Dios sobrenaturalmente.

Por lo cual, según ya queda dado a entender, cuanto una alma más vestida está de criaturas y habilidades de ella, según el afecto y
el hábito, tanto menos disposición tiene para la tal unión, porque no da total lugar a Dios para que la transforme en lo
sobrenatural. De manera que el alma no ha menester más que desnudarse de estas contrariedades y disimilitúdines naturales,
para que Dios, que se le está comunicando naturalmente por naturaleza, se le comunique sobrenaturalmente por gracia.

5. Y esto es lo que quiso dar a entender san Juan (1, 13) cuando dijo: Qui non ex sanguinibus, neque ex voluntate carnis, neque ex
voluntate viri, sed ex Deo nati sunt; como si dijera; Dio poder para que puedan ser hijos de Dios, esto es, se puedan transformar
en Dios, solamente aquellos que no de las sangres, esto es, que no de las complexiones y composiciones naturales son nacidos, ni
tampoco de la voluntad de la carne, esto es, del albedrío de la habilidad y capacidad natural, ni menos de la voluntad del varón;
en lo cual se incluye todo modo y manera de arbitrar y comprehender con el entendimiento. No dio poder a ningunos de
estos para poder ser hijos de Dios, sino a los que son nacidos de Dios, esto es, a los que, renaciendo por gracia, muriendo primero
a todo lo que es hombre viejo (cf. Ef. 4, 22), se levantan sobre sí a lo sobrenatural, recibiendo de Dios la tal renacencia y
filiación, que es sobre todo lo que se puede pensar. Porque, como el mismo san Juan (3, 5) dice en otra parte: Nisi quis renatus
fuerit ex aqua, et Spiritu Sancto, non potest videre regnum Dei; quiere decir: El que no renaciere en el Espíritu Santo, no podrá
ver este reino de Dios, que es el estado de perfección. Y renacer en el Espíritu Santo en esta vida, es tener un alma simílima a
Dios en pureza, sin tener en sí alguna mezcla de imperfección, y así se puede hacer pura transformación por participación de unión,
aunque no esencialmente.

6. Y para que se entienda mejor lo uno y lo otro, pongamos una comparación. Está el rayo del sol dando en una vidriera. Si la
vidriera tiene algunos velos de manchas o nieblas, no la podrá esclarecer y transformar en su luz totalmente como si estuviera
limpia de todas aquellas manchas y sencilla. Antes tanto menos la esclarecerá cuanto ella estuviere menos desnuda de aquellos velos
y manchas, y tanto más cuanto más limpia estuviere. Y no quedará por el rayo, sino por ella; tanto, que, si ella estuviere limpia y
pura del todo, de tal manera la transformará y esclarecerá el rayo, que parecerá el mismo rayo y dará la misma luz que el rayo.
Aunque, a la verdad, la vidriera, aunque se parece al mismo rayo, tiene su naturaleza distinta del mismo rayo: mas podemos decir que
aquella vidriera es rayo de luz por participación. Y así, el alma es como esta vidriera, en la cual siempre está embistiendo o, por
mejor decir, en ella está morando esta divina luz del ser de Dios por naturaleza, que habemos dicho.

7. En dando lugar el alma (que es quitar de sí todo velo y mancha de criatura, lo cual consiste en tener la voluntad perfectamente
unida con la de Dios, porque el amar es obrar en despojarse y desnudarse por Dios de todo lo que no es Dios) luego queda
esclarecida y transformada en Dios, y le comunica Dios su ser sobrenatural de tal manera, que parece el mismo Dios y tiene lo
que tiene el mismo Dios. Y se hace tal unión cuando Dios hace al alma esta sobrenatural merced, que todas las cosas de Dios y el
alma son unas en transformación participante. Y el alma más parece Dios que alma, y aun es Dios por participación; aunque es verdad
que su ser naturalmente tan distinto se le tiene del de Dios como antes, aunque está transformada, como tambien la vidriera le tiene
distinto del rayo, estando de el clarificada.

8. De aquí queda ahora más claro que la disposición para esta unión, como decíamos, no es el entender del alma, ni gustar, ni
sentir, ni imaginar de Dios ni de otra cualquiera cosa, sino la pureza y amor, que es desnudez y resignación perfecta de lo uno y
de lo otro sólo por Dios; y cómo no puede haber perfecta transformación si no hay perfecta pureza; y cómo según la
proporción de la pureza será la ilustración, iluminación y unión del alma con Dios, en más o en menos; aunque no será perfecta,
como digo, si del todo no está perfecta, y clara y limpia.

9. Lo cual tambien se entenderá por esta comparación. Está una imagen muy perfecta con muchos y muy subidos primores y delicados
y sutiles esmaltes, y algunos tan primos y tan sutiles, que no se pueden bien acabar de determinar por su delicadez y excelencia. A
esta imagen, el que tuviere menos clara y purificada vista, menos primores y delicadez echará de ver en la imagen; y el que la
tuviere algo más pura, echará de ver más primores y perfecciones en ella; y si otro la tuviere aún más pura, verá aun más
perfección; y, finalmente, el que más clara y limpia potencia tuviere, irá viendo más primores y perfecciones; porque en la
imagen hay tanto que ver, que, por mucho que se alcance, queda para poderse mucho más alcanzar de ella.

10. De la misma manera podemos decir que se han las almas con Dios en esta ilustración o transformación. Porque, aunque es verdad que
un alma, según su poca o mucha capacidad, puede haber llegado a unión, pero no en igual grado todas, porque esto es como el Señor
quiere dar a cada una. Es a modo de como le ven en el cielo, que unos ven más, otros menos; pero todos ven a Dios y todos están
contentos, porque tienen satisfecha su capacidad.

11. De donde, aunque acá en esta vida hallemos algunas almas con igual paz y sosiego en estado de perfección, y cada una este
satisfecha, con todo eso, podrá la una de ellas estar muchos grados más levantada que la otra y estar igualmente satisfechas,
por cuanto tienen satisfecha su capacidad. Pero la que no llega a pureza competente a su capacidad, nunca llega a la verdadera paz y
satisfacción, pues no ha llegado a tener la desnudez y vacío en sus potencias, cual se requiere para la sencilla unión.


CAPÍTULO 6


En que se trata cómo las tres virtudes teologales son las que han de poner en perfección las tres potencias del alma, y cómo en
ellas hacen vacío las dichas virtudes.

1. Habiendo, pues, de tratar de inducir las tres potencias del alma, entendimiento, memoria y voluntad, en esta noche espiritual,
que es el medio de la divina unión, necesario es primero dar a entender en este capítulo cómo las tres virtudes teologales, fe,
esperanza y caridad (que tienen respecto a las dichas tres potencias como propios objetos sobrenaturales, y mediante las
cuales el alma se une con Dios según sus potencias), hacen el mismo vacío y oscuridad cada una en su potencia: la fe en el
entendimiento, la esperanza en la memoria y la caridad en la voluntad. Y despues iremos tratando cómo se ha de perfeccionar el
entendimiento en la tiniebla de la fe, y cómo la memoria en el vacío de la esperanza, y cómo tambien se ha de enterar la voluntad
en la carencia y desnudez de todo afecto para ir a Dios. Lo cual hecho, se verá claro cuánta necesidad tiene el alma, para ir
segura en este camino espiritual, de ir por esta noche oscura arrimada a estas tres virtudes, que la vacían de todas las cosas y
oscurecen en ellas. Porque, como habemos dicho, el alma no se une con Dios en esta vida por el entender, ni por el gozar, ni por el
imaginar, ni por otro cualquier sentido, sino sólo por la fe según el entendimiento, y por esperanza según la memoria, y por amor
según la voluntad.

2. Las cuales tres virtudes todas hacen, como habemos dicho, vacío en las potencias: la fe en el entendimiento, vacío y oscuridad de
entender; la esperanza hace en la memoria vacío de toda posesión; y la caridad, vacío en la voluntad y desnudez de todo afecto y
gozo de todo lo que no es Dios.

Porque la fe ya vemos que nos dice lo que no se puede entender con el entendimiento. Por lo cual san Pablo dice de ella ad Hebraeos
(11, 1) de esta manera: Fides est sperandarum substantia rerum, argumentum non apparentium; que a nuestro propósito quiere decir
que la fe es sustancia de las cosas que se esperan. Y aunque el entendimiento con firmeza y certeza consiente en ellas, no son
cosas que al entendimiento se le descubren, porque si se le descubriesen, no sería fe; la cual, aunque le hace cierto al
entendimiento, no le hace claro, sino oscuro.

3. Pues de la esperanza no hay duda sino que tambien pone a la memoria en vacío y tiniebla de lo de acá y de lo de allá. Porque
la esperanza siempre es de lo que no se posee, porque, si se poseyese, ya no sería esperanza. De donde san Pablo dice ad
Romanos (8, 24): Spes, quae videtur, non est spes; nam quod videt quis, quid sperat?; es a saber: La esperanza que se ve, no es
esperanza; porque lo que uno ve, esto es, lo que posee, ¿cómo lo espera? Luego tambien hace vacío esta virtud, pues es de lo que no
se tiene, y no de lo que se tiene.

4. La caridad, ni más ni menos, hace vacío en la voluntad de todas las cosas, pues nos obliga a amar a Dios sobre todas ellas, lo
cual no puede ser sino apartando el afecto de todas ellas, para ponerle entero en Dios. De donde dice Cristo por san Lucas (14,
33): Qui non renuntiat omnibus quae possidet, non potest meus esse discipulus, que quiere decir: El que no renuncia todas las cosas
que posee con la voluntad, no puede ser mi discípulo. Y así todas estas tres virtudes ponen al alma en oscuridad y vacío de todas
las cosas.

5. Y aquí debemos notar aquella parábola que nuestro Redentor dijo por san Lucas a los once capítulos (v. 5), en que dijo que el
amigo había de ir a la media noche a pedir los tres panes a su amigo, los cuales panes significan estas tres virtudes. Y dijo que
a la media noche los pedía, para dar a entender que el alma a oscuras de todas las cosas, según sus potencias, ha de adquirir
estas tres virtudes y en esa noche se ha de perfeccionar en ellas. En el capítulo sexto de Isaías (v. 2) leemos que los dos serafines
que este profeta vio a los lados de Dios, cada uno con seis alas, que con las dos cubrían sus pies, que significaba cegar y apagar
los afectos de la voluntad acerca de todas las cosas para con Dios; y con las dos cubrían su rostro, que significaba la tiniebla
del entendimiento delante de Dios; y que con las otras dos volaban, para dar a entender el vuelo de la esperanza a las cosas
que no se poseen, levantada sobre todo lo que se puede poseer de acá y de allá, fuera de Dios.

6. A estas tres virtudes, pues, habemos de inducir las tres potencias del alma, informando a cada cual en cada una de ellas,
desnudándola y poniendola a oscuras de todo lo que no fueren estas tres virtudes. Y esta es la noche espiritual que arriba llamamos
activa, porque el alma hace lo que es de su parte para entrar en ella. Y así como en la noche sensitiva damos modo de vaciar las
potencias sensitivas de sus objetos visibles según el apetito, para que el alma saliese de su termino al medio, que es la fe, así
en esta noche espiritual daremos, con el favor de Dios, modo cómo las potencias espirituales se vacíen y purifiquen de todo lo que
no es Dios y se queden puestas en la oscuridad de estas tres virtudes, que son el medio, como habemos dicho, y disposición para
la unión del alma con Dios.

7. En la cual manera se halla toda seguridad contra las astucias del demonio y contra la eficacia del amor propio y sus ramas, que
es lo que sutilísimamente suele engañar e impedir el camino a los espirituales, por no saber ellos desnudarse, gobernándose según
estas tres virtudes; y así, nunca acaban de dar en la sustancia y pureza del bien espiritual, ni van por tan derecho camino y breve
como podrían ir.

8. Y hase de tener advertencia que ahora voy especialmente hablando con los que han comenzado a entrar en estado de
contemplación, porque con los principiantes algo más anchamente se ha de tratar esto, como notaremos en el libro segundo, Dios
mediante, cuando tratemos de las propiedades de ellos.


CAPÍTULO 7


En el cual se trata cuán angosta es la senda que guía a la vida eterna y cuán desnudos y desembarazados conviene que esten los que
han de caminar por ella. Comienza a hablar de la desnudez del entendimiento.

1. Para haber ahora de tratar de la desnudez y pureza de las tres potencias del alma, era necesario otro mayor saber y espíritu que
el mío, con que pudiese bien dar a entender a los espirituales cuán angosto sea este camino que dijo nuestro Salvador que guía a
la vida, para que, persuadidos en esto, no se maravillen del vacío y desnudez en que en esta noche habemos de dejar las potencias del
alma.

2. Para lo cual se deben notar con advertencia las palabras que por san Mateo, en el capítulo 7 (v. 14), nuestro Salvador dijo de
este camino, diciendo así: Quam angusta porta, et arcta via est, quae ducit ad vitam, et pauci sunt qui inveniunt eam; quiere
decir: ¡Cuán angosta es la puerta y estrecho el camino que guía a la vida, y pocos son los que le hallan! En la cual autoridad
debemos mucho notar aquella exageración y encarecimiento que contiene en sí aquella partícula quam; porque es como si dijera:
de verdad es mucho angosta más que pensáis. Y tambien es de notar que primero dice que es angosta la puerta, para dar a entender que
para entrar el alma por esta puerta de Cristo, que es el principio del camino, primero se ha de angostar y desnudar la voluntad en
todas las cosas sensuales y temporales, amando a Dios sobre todas ellas; lo cual pertenece a la noche del sentido, que habemos
dicho.

3. Y luego dice que es estrecho el camino, conviene a saber, de la perfección; para dar a entender que, para ir por el camino de
perfección, no sólo ha de entrar por la puerta angosta, vaciándose de lo sensitivo, mas tambien se ha de estrechar, desapropiándose y
desembarazándose propiamente en lo que es de parte del espíritu. Y así, lo que dice de la puerta angosta podemos referir a la parte
sensitiva del hombre; y lo que dice del camino estrecho, podemos entender de la espiritual o racional; y en lo que dice que pocos
son los que le hallan, se debe notar la causa, que es porque pocos hay que sepan y quieran entrar en esta suma desnudez y vacío de
espíritu. Porque esta senda del alto monte de perfección, como quiera que ella vaya hacia arriba y sea angosta, tales guiadores
requiere, que ni lleven carga que les haga peso cuanto a lo inferior ni (cosa) que les haga embarazo cuanto a lo superior;
que, pues es trato en que sólo Dios se busca y se granjea, sólo Dios es el que se ha de buscar y granjear.

4. De donde se ve claro que no sólo de todo lo que es de parte de las criaturas ha de ir el alma desembarazada, mas tambien de todo
lo que es de parte de su espíritu ha de caminar desapropiada y aniquilada. De donde, instruyendonos e induciendonos nuestro Señor
en este camino, dijo por san Marcos, capítulo 8 (v. 34­35) aquella tan admirable doctrina, no se si diga tanto menos ejercitada de
los espirituales cuanto les es más necesaria, la cual, por serlo tanto y tan a nuestro propósito, la referire aquí toda, y
declarare según el germano y espiritual sentido de ella.
Dice, pues, así: Si quis vult me sequi, deneget semetipsum, et tollat
crucem suam, et sequatur me. Qui enim voluerit animam suam salvam facere, perdet eam: qui autem perdiderit animam suam propter me...
salvam faciet eam; quiere decir: Si alguno quiere seguir mi camino, nieguese a sí mismo y tome su cruz y sígame. Porque el que
quisiere salvar su alma, perderla ha; pero el que por mí la perdiere, ganarla ha.

5. ¡Oh, quien pudiera aquí ahora dar a entender y a ejercitar y gustar que cosa sea este consejo que nos da aquí nuestro Salvador
de negarnos a nosotros mismos, para que vieran los espirituales cuán diferente es el modo que en este camino deben llevar del que
muchos de ellos piensan! Que entienden que basta cualquiera manera de retiramiento y reformación en las cosas; y otros se contentan
con en alguna manera ejercitarse en las virtudes y continuar la oración y seguir la mortificación, mas no llegan a la desnudez y
pobreza, o enajenación o pureza espiritual, que todo es una, que aquí nos aconseja el Señor; porque todavía antes andan a cebar y
vestir su naturaleza de consolaciones y sentimientos espirituales que a desnudarla y negarla en eso y esotro por Dios, que piensan
que basta negarla en lo del mundo, y no aniquilarla y purificarla en la propiedad espiritual. De donde les nace que en
ofreciendoseles algo de esto sólido y perfecto, que es la aniquilación de toda suavidad en Dios, en sequedad, en sinsabor,
en trabajo (lo cual es la cruz pura espiritual y desnudez de espíritu pobre de Cristo) huyen de ello como de la muerte, y sólo
andan a buscar dulzuras y comunicaciones sabrosas en Dios. Y esto no es la negación de sí mismo y desnudez de espíritu, sino
golosina de espíritu. En lo cual, espiritualmente, se hacen enemigos de la cruz de Cristo; porque el verdadero espíritu antes
busca lo desabrido en Dios que lo sabroso, y más se inclina al padecer que al consuelo, y más a carecer de todo bien por Dios que
a poseerle, y a las sequedades y aflicciones que a las dulces comunicaciones, sabiendo que esto es seguir a Cristo y negarse a
sí mismo, y esotro, por ventura, buscarse a sí mismo en Dios, lo cual es harto contrario al amor. Porque buscarse a sí en Dios es
buscar los regalos y recreaciones de Dios; mas buscar a Dios en sí es no sólo querer carecer de eso y de esotro por Dios, sino
inclinarse a escoger por Cristo todo lo más desabrido, ahora de Dios, ahora del mundo; y esto es amor de Dios.

6. ¡Oh, quien pudiese dar a entender hasta dónde quiere nuestro Señor que llegue esta negación! Ella, cierto, ha de ser como una
muerte y aniquilación temporal y natural y espiritual en todo, en la estimación de la voluntad, en la cual se halla toda negación. Y
esto es lo que aquí quiso decir nuestro Salvador (Jn. 12, 25) cuando dice: El que quiere salvar su alma, ese la perderá, es a
saber: el que quisiere poseer algo o buscarlo para sí, ese la perderá, y el que perdiere su alma por mí, ese la ganará, es a
saber: el que renunciare por Cristo todo lo que puede apetecer y gustar, escogiendo lo que más se parece a la cruz, lo cual el
mismo Señor por san Juan lo llama aborrecer su alma, ese la ganará. Y esto enseñó Su Majestad a aquellos dos discípulos que le
iban a pedir diestra y siniestra, cuando, no dándoles ninguna salida a la demanda de la tal gloria, les ofreció el cáliz que el
había de beber, como cosa más preciosa y más segura en esta tierra que el gozar (Mt. 20, 22).

7. Este cáliz es morir a su naturaleza, desnudándola y aniquilándola, para que pueda caminar por esta angosta senda en
todo lo que le puede pertenecer según el sentido, como habemos dicho, y según el alma, como ahora diremos, que es en su entender,
y en su gozar, y en su sentir. De manera que no sólo quede desapropiada en lo uno y en lo otro, mas que con esto segundo
espiritual no quede embarazada para el angosto camino, pues en el no cabe más que la negación, como da a entender el Salvador, y la
cruz, que es el báculo para (poder) arribar, por el cual grandemente le aligera y facilita.

De donde nuestro Señor por san Mateo (11, 30) dijo: Mi yugo es suave y mi carga ligera, la cual es la cruz. Porque, si el hombre
se determina a sujetarse a llevar esta cruz, que es un determinarse de veras a querer hallar y llevar trabajo en todas
las cosas por Dios, en todas ellas hallará grande alivio y suavidad para (andar) este camino, así desnudo de todo, sin querer
nada. Empero, si pretende tener algo, ahora de Dios, ahora de otra cosa, con propiedad alguna, no va desnudo ni negado en todo; y
así, ni cabrá ni podrá subir por esta senda angosta hacia arriba.
8. Y así querría yo persuadir a los espirituales cómo este camino de Dios no consiste en multiplicidad de consideraciones, ni modos,
ni maneras, ni gustos (aunque esto, en su manera, sea necesario a los principiantes) sino en una cosa sola necesaria, que es saberse
negar de veras, según lo exterior e interior, dándose al padecer por Cristo y aniquilarse en todo, porque, ejercitándose en esto,
todo esotro y más que ello se obra y se halla en ello. Y si en este ejercicio hay falta, que es el total y la raíz de las
virtudes, todas esotras maneras es andar por las ramas y no aprovechar, aunque tengan tan altas consideraciones y
comunicaciones como los ángeles. Porque el aprovechar no se halla sino imitando a Cristo, que es el camino y la verdad y la vida, y
ninguno viene al Padre sino por el, según el mismo dice por san Juan (14, 6). Y en otra parte (10, 9) dice: Yo soy la puerta; por
mí si alguno entrare, salvarse ha. De donde todo espíritu que quiere ir por dulzuras y facilidad y huye de imitar a Cristo, no
le tendría por bueno.

9. Y porque he dicho que Cristo es el camino, y que este camino es morir a nuestra naturaleza en sensitivo y espiritual, quiero dar a
entender cómo sea esto a ejemplo de Cristo, porque el es nuestro ejemplo y luz.

10. Cuanto a lo primero, cierto está que el murió a lo sensitivo, espiritualmente en su vida y naturalmente en su muerte; porque,
como el dijo (Mt. 8, 20), en la vida no tuvo dónde reclinar su
cabeza, y en la muerte lo tuvo menos.

11. Cuanto a lo segundo, cierto está que al punto de la muerte quedó tambien aniquilado en el alma sin consuelo y alivio alguno,
dejándole el Padre así en íntima sequedad, según la parte inferior; por lo cual fue necesitado a clamar diciendo: ¡Dios mío,
Dios mío!, ¿por que me has desamparado? (Mt. 27, 46). Lo cual fue el mayor desamparo sensitivamente que había tenido en su vida. Y
así, en el hizo la mayor obra que en (toda) su vida con milagros y obras había hecho, ni en la tierra ni en el cielo, que fue
reconciliar y unir al genero humano por gracia con Dios. Y esto fue, como digo, al tiempo y punto que este Señor estuvo mas
aniquilado en todo, conviene a saber: acerca de la reputación de los hombres, porque, como lo veían morir, antes hacían burla de el
que le estimaban en algo; y acerca de la naturaleza, pues en ella se aniquilaba muriendo; y acerca del amparo y consuelo espiritual
del Padre, pues en aquel tiempo le desamparó porque puramente pagase la deuda y uniese al hombre con Dios, quedando así
aniquilado y resuelto así como en nada. De donde David (Sal. 72, 22) dice de el: Ad nihilum redactus sum, et nescivi. Para que
entienda el buen espiritual el misterio de la puerta y del camino de Cristo para unirse con Dios, y sepa que cuanto más se
aniquilare por Dios, según estas dos partes, sensitiva y espiritual, tanto más se une a Dios y tanto mayor obra hace. Y
cuando viniere a quedar resuelto en nada, que será la suma humildad, quedará hecha la unión espiritual entre el alma y Dios,
que es el mayor y más alto estado a que en esta vida se puede llegar. No consiste, pues, en recreaciones y gustos, y
sentimientos espirituales, sino en una viva muerte de cruz sensitiva y espiritual, esto es, interior y exterior.

12. No me quiero alargar más en esto, aunque no quisiera acabar de hablar en ello, porque veo es muy poco conocido Cristo de los que
se tienen por sus amigos. Pues los vemos andar buscando en el sus gustos y consolaciones, amándose mucho a sí, mas no sus amarguras
y muertes, amándole mucho a el. De estos hablo, que se tienen por sus amigos, que esotros que viven allá a lo lejos, apartados de
el, grandes letrados y potentes, y otros cualesquiera que viven allá con el mundo en el cuidado de sus pretensiones y mayorías
(que podemos decir que no conocen a Cristo, cuyo fin, por bueno que sea, harto amargo será), no hace de ellos mención esta letra.
Pero hacerla ha en el día del juicio, porque a ellos les convenía primero hablar esta palabra de Dios, como a gente que Dios puso
por blanco de ella según las letras y más alto estado (cf. Act. 13, 46).

13. Pero hablemos ahora con el entendimiento del espiritual, y particularmente de aquel a quien Dios ha hecho merced de poner en
el estado de contemplación, porque, como he dicho, ahora voy particularmente con estos hablando, y digamos cómo se ha de
enderezar a Dios en fe y purgarse de las cosas contrarias, angostándose para entrar por esta senda angosta de oscura
contemplación.

 

CAPÍTULO 8

Que trata, en general, cómo ninguna criatura ni alguna noticia que puede caer en el entendimiento, le puede servir de próximo medio
para la divina unión con Dios.

1. Antes que tratemos del propio y acomodado medio para la unión de Dios, que es la fe, conviene que probemos cómo ninguna cosa
criada ni pensada puede servir al entendimiento de propio medio para unirse con Dios, y cómo todo lo que el entendimiento puede
alcanzar, antes le sirve de impedimento que de medio, si a ello se quisiese asir.

Y ahora, en este capítulo, probaremos esto en general, y después iremos hablando en particular, descendiendo por todas las noticias
que el entendimiento puede recibir de parte de cualquiera sentido exterior e interior, y los inconvenientes y daños que puede
recibir de todas estas noticias interiores y exteriores, para no ir adelante asido al propio medio, que es la fe.

2. Es, pues, de saber que, según regla de filosofía, todos los medios han de ser proporcionados al fin, es a saber: que han de
tener alguna conveniencia y semejanza con el fin, tal que baste y sea suficiente para que por ellos se pueda conseguir el fin que se
pretende. Pongo ejemplo: quiere uno llegar a una ciudad. Necesariamente ha de ir por el camino, que es el medio que
empareja y junta con la misma ciudad. Otro ejemplo: hase de juntar y unir el fuego en el madero. Es necesario que el calor, que es el
medio, disponga al madero primero con tantos grados de calor que tenga gran semejanza y proporción con el fuego. De donde, si
quisiesen disponer al madero con otro medio que el propio, que es el calor, así como con aire, o agua, o tierra, sería imposible que
el madero se pudiera unir con el fuego; así como también lo sería llegar a la ciudad si no va por el propio camino que junta con
ella. De donde, para que el entendimiento se venga a unir en esta vida con Dios, según se puede, necesariamente ha de tomar aquel
medio que junta con el y tiene con el próxima semejanza.

3. En lo cual habemos de advertir que, entre todas las criaturas superiores ni inferiores, ninguna hay que próximamente junte con
Dios ni tenga semejanza con su ser. Porque, aunque es verdad que todas ellas tienen, como dicen los teólogos, cierta relación a
Dios y rastro de Dios -unas más y otras menos, según su más principal o menos principal ser-, de Dios a ellas ningún respecto
hay ni semejanza esencial, antes la distancia que hay entre su divino ser y el de ellas es infinita, y por eso es imposible que
el entendimiento pueda dar en Dios por medio de las criaturas, ahora sean celestiales, ahora terrenas, por cuanto no hay
proporción de semejanza.

De donde, hablando David (Sal. 85, 8) de las celestiales, dice: No hay semejante a ti en los dioses, Señor; llamando dioses a los
ángeles y almas santas. Y en otra parte (Sal. 76, 14): Dios, tu camino está en lo santo; ¿que dios grande hay como nuestro Dios?
Como si dijera: el camino para venir a ti, Dios, es camino santo, esto es, pureza de fe. Porque ¿que dios habrá tan grande, es a
saber, que ángel tan levantado en ser y que santo tan levantado en gloria será tan grande, que sea camino proporcionado y bastante
para venir a ti? Y hablando tambien el mismo David (Sal. 137, 6) de las terrenales y celestiales juntamente, dice: Alto es el Señor
y mira las cosas bajas, y las cosas altas conoce desde lejos. Como si dijera: siendo el alto en su ser, ve ser muy bajo el ser de las
cosas de acá abajo, comparándole con su alto ser; y las cosas altas, que son las criaturas celestiales, velas y conócelas estar
de su ser muy lejos. Luego todas las criaturas no pueden servir de proporcionado medio al entendimiento para dar en Dios.

4. Ni más ni menos, todo lo que la imaginación puede imaginar y el entendimiento recibir y entender (en esta vida) no es ni puede ser
medio próximo para la unión de Dios. Porque, si hablamos
naturalmente, como quiera que el entendimiento no puede entender cosa si no es lo que cabe y está debajo de las formas y fantasías
de las cosas que por los sentidos corporales se reciben, las cuales cosas, habemos dicho, no pueden servir de medio, no se
puede aprovechar de la inteligencia natural. Pues, si hablamos de la sobrenatural, según se puede en esta vida, de potencia
ordinaria no tiene el entendimiento disposición ni capacidad en la cárcel del cuerpo para recibir noticia clara de Dios, porque esa
noticia no es de este estado, porque, o ha de morir, o no la ha de recibir.

De donde, pidiendo Moises a Dios esa noticia clara, le respondió que no le podía ver, diciendo: No me verá hombre que pueda quedar
vivo (Ex. 33, 20); por lo cual san Juan (1, 18) dice: A Dios ninguno jamás le vio, ni cosa que le parezca. Que, por eso, san
Pablo (1 Cor. 2, 9) con Isaías (64, 4) dice: Ni le vio ojo, ni le oyó oído, ni cayó en corazón de hombre. Y esta es la causa por que
Moises en la zarza, como se dice en los Actos de los Apóstoles (7, 32), no se atrevió a considerar, estando Dios presente; porque
conocía que no había de poder considerar su entendimiento de Dios como convenía, conforme a lo que de Dios sentía. Y de Elías,
nuestro Padre se dice (3 Re. 19, 13) que en el monte se cubrió el rostro en la presencia de Dios, que significa cegar el
entendimiento; lo cual el hizo allí, no se atreviendo a meter tan baja mano en cosa tan alta, viendo claro que cualquiera cosa que
considerara y particularmente entendiera, era muy distante y disímil a Dios.

5. Por tanto, ninguna noticia ni aprehensión sobrenatural en este mortal estado le puede servir de medio próximo para la alta unión
de amor con Dios; porque todo lo que puede entender el entendimiento, y gustar la voluntad, y fabricar la imaginación, es
muy disímil y desproporcionado, como habemos dicho, a Dios. Lo cual todo lo dio a entender Isaías (40, 18­19) admirablemente en
aquella tan notable autoridad, diciendo: ¿A que cosa habeis podido hacer semejante a Dios? ¿O que imagen le hareis que se le parezca?
¿Por ventura podrá fabricar alguna escultura el oficial de hierro? ¿O el que labra el oro podrá fingirle con el oro, o el platero con
lañas de plata? Por el oficial del hierro se entiende el entendimiento, el cual tiene por oficio formar las inteligencias y
desnudarlas del hierro de las especies y fantasías. Por el oficial del oro entiende la voluntad, la cual tiene habilidad de recibir
figura y forma de deleite, causado del oro del amor. Por el platero, que dice que no le figurará con las lañas de plata, se
entiende la memoria con la imaginación, lo cual bien propiamente se puede decir que sus noticias y las imaginaciones que puede
fingir y fabricar son como lañas de plata. Y así, es como si dijera: ni el entendimiento con sus inteligencias podrá (entender
cosa semejante a el, ni la voluntad podrá) gustar deleite y suavidad que se parezca a la que es Dios, ni la memoria pondrá en
la imaginación noticias e imágenes que le representen. Luego, claro está que al entendimiento ninguna de estas noticias le
pueden inmediatamente encaminar a Dios, y que, para llegar a el, antes ha de ir no entendiendo que queriendo entender, y antes
cegándose y poniendo en tiniebla, que abriendo los ojos para llegar más al divino rayo.

6. Y de aquí es que la contemplación por la cual el entendimiento tiene más alta noticia de Dios llaman teología mística, que quiere
decir sabiduría de Dios secreta; porque es secreta al mismo entendimiento que la recibe y por eso, la llama san Dionisio rayo
de tiniebla. De la cual dice el profeta Baruc (3, 23): No hay quien sepa el camino de ella ni quien pueda pensar las sendas (de
ella. Luego claro está que el entendimiento se ha de cegar a todas las sendas) que el puede alcanzar para unirse con Dios.
Aristóteles dice que de la misma manera que los ojos del murcielago se han con el sol, el cual totalmente le hace
tinieblas, así nuestro entendimiento se ha a lo que es más luz en Dios, que totalmente nos es tiniebla. Y dice más; que cuanto las cosas de Dios son en sí más altas y más claras, son para nosotros más ignotas y oscuras. Lo cual tambien afirma el Apóstol (1 Cor.
3, 19), diciendo: Lo que es alto de Dios, es de los hombres menos sabido.
7. Y no acabaríamos a este paso de traer autoridades y razones


para probar y manifestar cómo no hay escalera con que el entendimiento pueda llegar a este alto Señor entre todas las cosas
criadas y que pueden caer en entendimiento; antes es necesario saber que, si el entendimiento se quisiese aprovechar de todas
estas cosas, o de algunas de ellas por medio próximo para la tal unión, no sólo le serían impedimento, pero aun le serían ocasión
de hartos errores y engaños en la subida de este monte.


CAPÍTULO 9

Cómo la fe es el próximo y proporcionado medio al entendimiento para que el alma pueda llegar a la divina unión de amor. Pruebalo
con autoridades y figuras de la divina Escritura.

1. De lo dicho se colige que, para que el entendimiento este dispuesto para esta divina unión, ha de quedar limpio y vacío de
todo lo que puede caer en el sentido, y desnudo y desocupado de todo lo que puede caer con claridad en el entendimiento,
íntimamente sosegado y acallado, puesto en fe, la cual es sola el próximo y proporcionado medio para que el alma se una con Dios.
Porque es tanta la semejanza que hay entre ella y Dios, que no hay otra diferencia sino ser visto Dios o creído. Porque, así como
Dios es infinito, así ella nos le propone infinito; y así como es Trino y Uno, nos le propone ella Trino y Uno; y así como Dios es
tiniebla para nuestro entendimiento, así ella tambien ciega y deslumbra nuestro entendimiento. Y así, por este solo medio se
manifiesta Dios al alma en divina luz, que excede todo entendimiento. Y por tanto, cuanto más fe el alma tiene, más unida
está con Dios.

Que eso es lo que quiso decir san Pablo en la autoridad que arriba dijimos (Heb. 11, 6), diciendo: El que se ha de juntar con Dios,
convienele crea, esto es: que vaya por fe caminando a el, lo cual ha de ser el entendimiento ciego y a oscuras en fe sólo, porque
debajo de esta niebla se junta con Dios el entendimiento, y debajo de ella está Dios escondido, según lo dijo David (Sal. 17, 10) por
estas palabras: La oscuridad puso debajo de sus pies. Y subió sobre los querubines y voló sobre las plumas del viento. Y puso
por escondrijo las tinieblas y el agua tenebrosa.

2. En lo que dijo que puso oscuridad debajo de sus pies, y que a las tinieblas tomó por escondrijo, y aquel su tabernáculo en
derredor de el es el agua tenebrosa, se denota la oscuridad de la fe en que el está encerrado. Y en decir que subió sobre los
querubines y voló sobre las plumas de los vientos, (se da a entender cómo vuela sobre todo entendimiento. Porque querubines
quiere decir inteligentes o contemplantes, y las plumas de los vientos) significan las sutiles y levantadas noticias y conceptos
de los espíritus, sobre todas las cuales es su ser, al cual ninguno puede de suyo alcanzar.

3. En figura de lo cual leemos en la sagrada Escritura (3 Re. 8, 12) que, acabando Salomón de edificar el templo, bajó Dios en
tiniebla e hinchió el templo de manera que no podían ver los hijos de Israel; y entonces habló Salomón y dijo: El Señor ha prometido
que ha de morar en tiniebla. Tambien a Moises en el monte se le aparecía en tiniebla (Ex. 24, 15­18), en que estaba Dios
encubierto. Y todas las veces que Dios se comunicaba mucho parecía en tiniebla, como es de ver en Job (38, 1; 40, 1), donde dice la
sagrada Escritura que habló Dios con el desde el aire tenebroso. Las cuales tinieblas todas significan la oscuridad de la fe en que
está cubierta la Divinidad, comunicándose al alma; la cual acabada que será, como cuando dice san Pablo (1 Cor. 13, 10) se (acabará
lo que es en parte, que es esta tiniebla de fe, y vendrá) lo que es perfecto, que es la divina luz. De lo cual tambien tenemos
bastante figura en la milicia de Gedeón (Jc. 7, 16), donde todos los soldados se dice que tenían las luces en las manos y no las
veían, porque las tenían escondidas en las tinieblas de los vasos, los cuales quebrados, luego pareció luz. Y así, la fe, que es
figurada por aquellos vasos, contiene en sí la divina luz, la cual acabada y quebrada por la quiebra y fin de esta vida mortal, luego
parecerá la gloria y luz de la Divinidad que en sí contenía.

4. Luego claro está que, para venir el alma en esta vida a unirse con Dios y comunicar inmediatamente con el, que tiene necesidad de
unirse con la tiniebla que dijo Salomón (3 Re. 8, 12) en que había Dios prometido de morar, y de ponerse junto al aire tenebroso en
que fue Dios servido de revelar sus secretos a Job, y tomar en las manos a oscuras las urnas de Gedeón, para tener en sus manos, esto
es, en las obras de su voluntad, la luz, que es la unión de amor, aunque a oscuras en fe, para que luego, en quebrándose los vasos
de esta vida, que sólo impedía la luz de la fe, se vea cara a cara en gloria.

5. Resta, pues, ahora declarar en particular, de todas las inteligencias y aprehensiones que puede recibir el entendimiento,
el impedimento y daño que puede recibir en este camino de fe, y cómo se ha de haber el alma en ellas para que antes le sean
provechosas que dañosas, así de las que son de parte de los sentidos como las que son del espíritu.


CAPÍTULO 10

En que se hace distinción de todas las aprehensiones e inteligencias que pueden caer en el entendimiento.

1. Para haber de tratar en particular del provecho y daño que pueden hacer al alma, acerca de este medio que habemos dicho de fe
para la divina unión, las noticias y aprehensiones del entendimiento, es necesario poner aquí una distinción de todas las
aprehensiones, así naturales como sobrenaturales, que puede recibir, para que luego por su orden más distintamente vayamos
enderezando en ellas al entendimiento en la noche y oscuridad de la fe; lo cual será con la brevedad que pudieremos.

2. Es, pues, de saber que por dos vías puede el entendimiento recibir noticias e inteligencias: la una es natural y la otra
sobrenatural. La natural es todo aquello que el entendimiento puede entender, ahora por vía de los sentidos corporales, ahora
por sí mismo. La sobrenatural es todo aquello que se da al entendimiento sobre su capacidad y habilidad natural.

3. De estas noticias sobrenaturales unas son corporales, otras son espirituales. Las corporales son en dos maneras: unas que por vía
de los sentidos corporales exteriores las recibe; otras por vía de los sentidos corporales interiores, en que se comprehenden todo lo
que la imaginación puede comprehender, fingir y fabricar.

4. Las espirituales son tambien en dos maneras: unas distintas y particulares, y otra es confusa, oscura y general. Entre las
distintas y particulares entran cuatro maneras de aprehensiones particulares, que se comunican al espíritu, no mediante algún
sentido corporal, y son: visiones, revelaciones, locuciones y sentimientos espirituales. La inteligencia oscura y general está
en una sola, que es la contemplación que se da en fe. En esta habemos de poner al alma, encaminándola a ella (por todas esotras,
comenzando por las primeras, y desnudándola de ellas).
 


CAPÍTULO 11

Del impedimento y daño que puede haber en las aprehensiones del entendimiento por vía de lo que sobrenaturalmente se representa a
los sentidos corporales exteriores y cómo el alma se ha de haber en ellas.

1. Las primeras noticias que habemos dicho en el precedente capítulo son las que pertenecen al entendimiento por vía natural.
De las cuales, porque habemos ya tratado en el primer libro, donde encaminamos al alma en la noche del sentido, no hablaremos aquí
palabra, porque allí dimos doctrina congrua para el alma acerca de ellas.

Por tanto, lo que habemos de tratar en el presente capítulo será de aquellas noticias y aprehensiones que solamente pertenecen al
entendimiento sobrenaturalmente por vía de los sentidos corporales exteriores, que son: ver, oír, oler, gustar y tocar. Acerca de
todas las cuales pueden y suelen nacer a los espirituales representaciones y objetos sobrenaturales.

Porque acerca de la vista se les suele representar figuras y personajes de la otra vida, de algunos santos y figuras de
ángeles, buenos y malos, y algunas luces y resplandores extraordinarios.

Y con los oídos oír algunas palabras extraordinarias, ahora dichas por esas figuras que ven, ahora sin ver quien las dice.

En el olfato sienten a veces olores suavísimos sensiblemente, sin saber de dónde proceden.

Tambien en el gusto acaece sentir muy suave sabor, y en el tacto grande deleite, y a veces tanto, que parece que todas las medulas
y huesos gozan y florecen y se bañan en deleite; cual suele ser la que llaman unción del espíritu, que procede de el a los miembros
de las limpias almas. Y este gusto del sentido es muy ordinario a los espirituales, porque del afecto y devoción del espíritu
sensible les procede más o menos a cada cual en su manera.
2. Y es de saber que, aunque todas estas cosas pueden acaecer a los sentidos corporales por vía de Dios, nunca jamás se han de
asegurar en ellas ni las han de admitir, antes totalmente han de huir de ellas, sin querer examinar si son buenas o malas. Porque
así como son más exteriores y corporales, así tanto menos ciertas son de Dios. Porque más propio y ordinario le es a Dios
comunicarse al espíritu, en lo cual hay más seguridad y provecho para el alma, que al sentido, en el cual ordinariamente hay mucho
peligro y engaño, por cuanto en ellas se hace el sentido corporal juez y estimador de las cosas espirituales, pensando que son así
como lo siente, siendo ellas tan diferentes como el cuerpo del alma y la sensualidad de la razón. Porque tan ignorante es el
sentido corporal de las cosas razonales, espirituales digo, como un jumento de las cosas razonales, y aún más.

3. Y así, yerra mucho el que las tales cosas estima, y en gran peligro se pone de ser engañado, y, por lo menos, tendrá en sí
total impedimento para ir a lo espiritual; porque todas aquellas cosas corporales no tienen, como habemos dicho, proporción alguna
con las espirituales. Y así, siempre se han de tener las tales cosas por más cierto ser del demonio que de Dios: el cual en lo
más exterior y corporal tiene más mano, y más fácilmente puede engañar en esto que en lo que es más interior y espiritual.

4. Y estos objetos y formas corporales, cuanto ellos en sí son más exteriores, tanto menos provecho hacen al interior y al espíritu,
por la mucha distancia y poca proporción que hay entre lo que es corporal y espiritual. Porque aunque de ellas se comunique algún
espíritu (como se comunica siempre que son de Dios) es mucho menos que si las mismas cosas fueran más espirituales e interiores. Y
así, son muy fáciles y ocasionadas para criar error y presunción, y vanidad en el alma; porque, como son tan palpables y materiales,
mueven mucho al sentido, y parecele al juicio del alma que es más por ser más sensible, y vase tras ello, desamparando a la fe,
pensando que aquella luz es la guía y medio de su pretensión, que es la unión de Dios; y pierde más el camino y medio que es la fe,
cuanto más caso hace de las tales cosas.

5. Y, además de eso, como ve el alma que le suceden tales cosas y extraordinarias, muchas veces se le ingiere secretamente cierta
opinión de sí de que ya es algo delante de Dios, lo cual es contra humildad. Y tambien el demonio sabe ingerir en el alma
satisfacción de sí oculta, y a veces harto manifiesta. Y, por eso, el pone muchas veces estos objetos en los sentidos, demostrando a
la vista figuras de santos y resplandores hermosísimos, y palabras a los oídos harto disimuladas, y olores muy suaves, y dulzuras en
la boca, y en el tacto deleite, para que, engolosinándolos por allí, los induzca en muchos males.

Por tanto, siempre se han de desechar tales representaciones y sentimientos, porque, dado caso que algunas sean de Dios, no por
eso se hace a Dios agravio ni se deja de recibir el efecto y fruto que quiere Dios por ellas hacer al alma, porque el alma las
deseche y no las quiera.

6. La razón de esto es porque la visión corporal o sentimiento en alguno de los otros sentidos, así como tambien en otra cualquiera
comunicación de las más interiores, si es de Dios, en ese mismo punto que parece o se siente hace su efecto en el espíritu, sin
dar lugar que el alma tenga tiempo de deliberación en quererlo o no quererlo. Porque, así como Dios da aquellas cosas
sobrenaturalmente sin diligencia bastante y sin habilidad de ella, (así, sin la diligencia y habilidad de ella), hace Dios el efecto
que quiere con las tales cosas en ella, porque es cosa que se hace y obra pasivamente en el espíritu. Y así, no consiste en querer o
no querer, para que sea o deje de ser, así como si a uno echasen fuego estando desnudo, poco aprovecharía no querer quemarse;
porque el fuego por fuerza había de hacer su efecto. Y así son las visiones y representaciones buenas, que, aunque el alma no quiera,
hacen su efecto en ella primera y principalmente que en el cuerpo.

Tambien las que son (de) parte del demonio, sin que el alma las quiera, causan en ella alboroto o sequedad, o vanidad o presunción
en el espíritu. Aunque estas no son de tanta eficacia en el alma como las de Dios en el bien; porque las del demonio sólo pueden
poner primeros movimientos en la voluntad y no moverla a más si ella no quiere, y alguna inquietud que no dura mucho, si el poco
ánimo y recato del alma no da causa que dure. Mas las que son de Dios penetran el alma, y mueven la voluntad a amar, y dejan su
efecto, al cual no puede el alma resistir aunque quiera, más que la vidriera al rayo del sol cuando da en ella.

7. Por tanto, el alma nunca se ha de atrever a quererlas admitir, aunque, como digo, sean de Dios, porque, si las quiere admitir,
hay seis inconvenientes:

El primero, que se le va disminuyendo la fe, porque mucho derogan a la fe las cosas que se experimentan con los sentidos; porque la
fe, como habemos dicho, es sobre todo sentido. Y así apártase del medio de la unión de Dios, no cerrando los ojos del alma a todas
esas cosas de sentido.

Lo segundo, que son impedimento para el espíritu si no se niegan, porque se detiene en ellas el alma y no vuela el espíritu a lo
invisible. De donde una de las causas por donde dijo el Señor (Jn. 16, 7) a sus discípulos que les convenía que el se fuese para que
viniese el Espíritu Santo, era esta. Así como tampoco dejó a María Magdalena (Jn. 20, 17) que llegase a sus pies despues de
resucitado, porque se fundase en fe.

Lo tercero es que va el alma teniendo propiedad en las tales cosas  no camina a la verdadera resignación y desnudez de espíritu.

Lo cuarto, que va perdiendo el efecto de ellas y el espíritu que causan en lo interior, porque pone los ojos en lo sensual de
ellas, que es lo menos principal. Y así, no recibe tan copiosamente el espíritu que causan, el cual se imprime y conserva
más negando todo lo sensible, que es muy diferente del puro espíritu.

Lo quinto, que va perdiendo las mercedes de Dios, porque las va tomando con propiedad y no se aprovecha bien de ellas. Y
tomándolas con propiedad y no aprovechándose de ellas, es quererlas tomar; porque no se las da Dios para que el alma las
quiera tomar, pues que nunca se ha de determinar el alma a creer que son de Dios.

Lo sexto es que en quererlas admitir abre puerta al demonio para que le engañe en otras semejantes, las cuales sabe el muy bien
disimular y disfrazar, de manera que parezcan a las buenas; pues puede, como dice el Apóstol (2 Cor. 11, 14) transfigurarse en
ángel de luz. De lo cual trataremos despues, mediante el favor divino, en el libro tercero, en el capítulo de gula espiritual.

8. Por tanto, siempre conviene al alma desecharlas a ojos cerrados, sean de quien se fueren. Porque, si no lo hiciese, tanto
lugar daría a las del demonio, y al demonio tanta mano, que no sólo a vueltas de las unas recibiría las otras, mas de tal manera
irían multiplicándose las del demonio y cesando las de Dios, que todo se vendría a quedar en demonio y nada de Dios; como ha
acaecido a muchas almas incautas y de poco saber, las cuales de tal manera se aseguraron en recibir estas cosas, que muchas de
ellas tuvieron mucho que hacer en volver a Dios en la pureza de la fe, y muchas no pudieron volver, habiendo ya el demonio echado en
ellas muchas raíces. Por eso es bueno cerrarse en ellas y negarlas todas, porque en las malas se quitan los errores del demonio, y en
las buenas el impedimento de la fe, y coge el espíritu el fruto de ellas. Y así como cuando las admite las va Dios quitando, porque
en ellas tienen propiedad, no aprovechándose ordenadamente de ellas, y va el demonio ingiriendo y aumentando las suyas, porque
halla lugar y causa para ellas; así, cuando el alma está resignada y contraria a ellas, el demonio va cesando de que ve que no hace
daño, y Dios, por el contrario, va aumentando y aventajando las mercedes en aquel alma humilde y desapropiada, haciendola sobre lo
mucho, como al siervo que fue fiel en lo poco (Mt. 25, 21).

9. En las cuales mercedes, si todavía el alma fuere fiel y retirada, no parará el Señor hasta subirla de grado en grado hasta
la divina unión y transformación. Porque Nuestro Señor de tal manera va probando al alma y levantándola, que primero la da cosas
muy exteriores y bajas según el sentido, conforme a su poca capacidad, para que, habiendose ella como debe, tomando aquellos
primeros bocados con sobriedad para fuerza y sustancia, la lleve a más y mejor manjar. De manera que, si venciere al demonio en lo
primero, pasará a lo segundo; y si tambien en lo segundo, pasará a lo tercero; y de ahí adelante todas las siete mansiones, hasta
meterla el Esposo en la cela vinaria (Ct. 2, 47) de su perfecta caridad, que son los siete grados de amor.

10. ¡Dichosa el alma que supiere pelear contra aquella bestia del Apocalipsis (12, 3), que tiene siete cabezas, contrarias a estos
siete grados de amor, con las cuales contra cada uno hace guerra, y con cada una pelea con el alma en cada una de estas mansiones,
en que ella está ejercitando y ganando cada grado de amor de Dios! Que, sin duda, que si ella fielmente peleare en cada una y
venciere, merecerá pasar de grado en grado y de mansión en mansión hasta la última, dejando cortadas a la bestia sus siete cabezas,
con que le hacía la guerra furiosa, tanto que dice allí san Juan que le fue dado que pelease contra los santos y los pudiese vencer
en cada uno de estos grados de amor, poniendo contra cada uno armas y municiones bastantes (ib. 13, 1­7).

Y así, es mucho de doler que muchos, entrando en esta batalla espiritual contra la bestia, aún no sean para cortarle la primera
cabeza, negando las cosas sensuales del mundo. Y ya que algunos acaban consigo y se la cortan, no le cortan la segunda, que es las
visiones del sentido de que vamos hablando. Pero lo que más duele es que algunos, habiendo cortado no sólo segunda y primera, sino
aun la tercera (que es acerca de los sentidos sensitivos interiores, pasando de estado de meditación, y aun más adelante)
al tiempo de entrar en lo puro del espíritu, los vence esta espiritual bestia, y vuelve a levantar contra ellos y a resucitar
hasta la primera cabeza, y hácense las postrimerías de ellos peores que las primerías en su recaída, tomando otros siete
espíritus consigo peores que el (Lc. 11, 26).

11. Ha, pues, el espiritual de negar todas las aprehensiones con los deleites temporales que caen en los sentidos exteriores, si
quiere cortar la primera cabeza y segunda a esta bestia, entrando en el primer aposento de amor, y segundo de viva fe, no queriendo
hacer presa ni embarazarse con lo que se les da a los sentidos, por cuanto es lo que más deroga a la fe.

12. Luego claro está que estas visiones y aprehensiones sensitivas no pueden ser medio para la unión, pues que ninguna proporción
tienen con Dios. Y una de las causas por que no quería Cristo que le tocase la Magdalena (Jn. 20, 17) y santo Tomás (Jn. 20, 29) era
esta.

Y así el demonio gusta mucho cuando una alma quiere admitir revelaciones y la ve inclinada a ellas, porque tiene el entonces
mucha ocasión y mano para ingerir errores y derogar en lo que pudiere a la fe; porque, como he dicho grande rudeza se pone en el
alma que las quiere acerca de ella, y aun a veces hartas tentaciones e impertinencia.

13. Heme alargado algo en estas aprehensiones exteriores por dar y abrir alguna más luz para las demás de que luego habemos de
tratar. Pero había tanto que decir en esta parte, que fuera nunca acabar, y entiendo he abreviado demasiado. Sólo con decir que
tenga cuidado de nunca las admitir, si no fuese algo con algún muy raro parecer (y entonces, no con gana ninguna de ello) me parece
basta en esta parte lo dicho.


CAPÍTULO 12

En que se trata de las aprehensiones imaginarias naturales. Dice que cosa sean, y prueba cómo no pueden ser proporcionado medio
para llegar a la unión de Dios y el daño que hace no saber desasirse de ellas.

1. Antes que tratemos de las visiones imaginarias que sobrenaturalmente suelen ocurrir al sentido interior, que es la
imaginativa y fantasía, conviene aquí tratar, para que procedamos con orden, de las aprehensiones naturales de ese mismo interior
sentido corporal; para que vayamos procediendo de lo menos a lo más y de lo más exterior hasta lo más interior, hasta llegar al
íntimo recogimiento donde el alma se une con Dios. Y ese mismo orden habemos seguido hasta aquí; porque primero tratamos de
desnudar los sentidos exteriores de las aprehensiones naturales de los objetos -y, por el consiguiente, a las fuerzas naturales de
los apetitos, lo cual fue en el primer libro, donde hablamos de la noche del sentido- y luego comenzamos a desnudar a esos mismos
sentidos de las aprehensiones exteriores sobrenaturales, que acaecen a los sentidos exteriores, según en el pasado capítulo
acabamos de hacer, para encaminar al alma en la noche del espíritu.

2. En este segundo libro, lo que primero ocurre ahora es al sentido corporal interior, que es la imaginativa y fantasía, de la
cual tambien habemos de vaciar todas las formas y aprehensiones imaginarias que naturalmente en el pueden caer, y probar cómo es
imposible que el alma llegue a la unión de Dios hasta que cese su operación en ellas, por cuanto no pueden ser propio medio y
próximo de la tal unión.

3. Es, pues, de saber que los sentidos de que aquí particularmente hablamos son dos sentidos corporales (interiores), que se llaman
imaginativa y fantasía, los cuales ordenadamente se sirven el uno al otro; porque el uno discurre imaginando, y el otro forma la
imaginación o lo imaginado fantaseando; y para nuestro propósito lo mismo es tratar del uno que del otro. Por lo cual, cuando no
los nombraremos a entrambos, tengase por entendido según aquí habemos de ellos dicho.

De aquí, pues, es que todo lo que aquestos sentidos pueden recibir y fabricar se llaman imaginaciones y fantasías, que son formas que
con imagen y figura de cuerpo se representan a estos sentidos. Las cuales pueden ser en dos maneras: unas sobrenaturales, que sin
obra de estos sentidos se pueden representar, y representan a ellos pasivamente; las cuales llamamos visiones imaginarias por
vía sobrenatural, de que habemos de hablar despues. Otras son naturales, que son las que por su habilidad activamente puede
fabricar en sí por su operación, debajo de formas, figuras e imágenes.

Y así, a estas dos potencias pertenece la meditación, que es acto discursivo por medio de imágenes, formas y figuras, fabricadas e
imaginadas por los dichos sentidos; así como imaginar a Cristo crucificado, o en la columna, o en otro paso, o a Dios con grande
majestad en un trono; o considerar e imaginar la gloria como una hermosísima luz, etc., y, por el semejante, otras cualesquier
cosas, ahora divinas, ahora humanas, que pueden caer en la imaginativa. Todas las cuales imaginaciones se han de venir a
vaciar del alma, quedándose a oscuras según este sentido, para llegar a la divina unión, por cuanto no pueden tener alguna
proporción de próximo medio con Dios tampoco, como las corporales que sirven de objeto a los cinco sentidos exteriores.

4. La razón de esto es porque la imaginación no puede fabricar ni imaginar cosas algunas fuera de las que con los sentidos
exteriores ha experimentado, es a saber: visto con los ojos, oído con los oídos, etc.; o, cuando mucho, componer semejanzas de estas
cosas vistas u oídas y sentidas, que no suben a mayor entidad, ni a tanta, (como) aquellas que recibió por los sentidos dichos.
Porque, aunque imagine palacios de perlas y montes de oro, (porque ha visto oro y perlas en la verdad, menos es todo aquello que la
esencia de un poco de oro) o de una perla, aunque en la imaginación sea más en cantidad y compostura. Y por cuanto todas
las cosas criadas, como ya está dicho, no pueden tener alguna proporción con el ser de Dios, de ahí se sigue que todo lo que
imaginare a semejanza de ellas no puede servir de medio próximo para la unión con el, antes, como decimos, mucho menos.

5. De donde los que imaginan a Dios debajo de algunas figuras de estas, o como un gran fuego o resplandor, u otras cualesquier
formas, y piensan que algo de aquello será semejante a el, harto lejos van de el. Porque, aunque a los principiantes son necesarias
estas consideraciones y formas y modos de meditaciones para ir enamorado y cebando el alma por el sentido, como despues diremos,
y así le sirven de medios remotos para unirse con Dios (por los cuales ordinariamente han de pasar las almas para llegar al
termino y estancia del reposo espiritual) pero ha de ser de manera que pasen por ellos y no se esten siempre en ellos, porque de esa
manera nunca llegarían al termino, el cual no es como los medios remotos, ni tiene que ver con ellos, así como las gradas de la
escalera no tienen que ver con el termino y estancia de la subida, para lo cual son medios. Y, si el que sube no fuese dejando atrás
las gradas hasta que no dejase ninguna y se quisiese estar en alguna de ellas, nunca llegaría ni subiría a la llana y apacible
estancia del termino. Por lo cual, el alma que hubiere de llegar en esta vida a la unión de aquel sumo descanso y bien por todos
los grados de consideraciones, formas y noticias, ha de pasar y acabar con ellas, pues ninguna semejanza ni proporción tienen con
el termino a que encaminan, que es Dios. De donde en los Actos de los Apóstoles (17, 29) dice san Pablo: Non debemus aestimare auro
vel argento, aut lapidi sculturae artis, et cogitationis hominis divinum esse simile; que quiere decir: No debemos estimar ni tener
por semejante lo divino al oro ni a la plata, o a la piedra figurada por el arte, y a lo que el hombre puede fabricar con la
imaginación.

6. De donde yerran mucho muchos espirituales, los cuales, habiendo ellos ejercitádose en llegarse a Dios por imágenes y formas y
meditaciones, cual conviene a principiantes, queriendolos Dios recoger (a bienes) más espirituales interiores e invisibles,
quitándoles ya el gusto y jugo de la meditación discursiva, ellos no acaban, ni se atreven, ni saben desasirse de aquellos modos
palpables a que están acostumbrados; y así, todavía trabajan por tenerlos, queriendo ir por consideración y meditación de formas,
como antes, pensando que siempre había de ser así. En lo cual trabajan ya mucho y hallan poco jugo o nada; antes se les aumenta
y crece la sequedad y fatiga e inquietud del alma cuanto más trabajan por aquel jugo primero, el cual es ya excusado poder
hallar en aquella manera primera, porque ya no gusta el alma de aquel manjar, como habemos dicho, tan sensible, sino de otro más
delicado y más interior y menos sensible, que no consiste en trabajar con la imaginación, sino en reposar el alma y dejarla
estar en su quietud y reposo, lo cual es más espiritual. Porque, cuanto el alma se pone más en espíritu, más cesa en obra de las
potencias en actos particulares, porque se pone ella más en un acto general y puro; y así, cesan de obrar las potencias que
caminaban para aquello donde el alma llegó, así como cesan y paran los pies acabando su jornada, porque, si todo fuese andar, nunca
habría llegar, y si todos fuesen medios, ¿dónde o cuándo se gozarían los fines y termino?

7. Por lo cual es lástima ver que hay muchos que, queriendose su alma estar en esta paz y descanso de quietud interior, donde se
llena de paz y refección de Dios, ellos la desasosiegan y sacan afuera a lo más exterior, y la quieren hacer volver a que ande lo
andado sin propósito, y que deje el termino y fin en que ya reposa por los medios que encaminaban a el, que son las consideraciones.
Lo cual no acaece sin gran desgana y repugnancia del alma, que se quisiera estar en aquella paz, que no entiende, como en su propio
puesto. Bien así como el que llegó con trabajo donde descansa, si le hacen volver al trabajo, siente pena. Y como ellos no saben el
misterio de aquesta novedad, dales imaginación que es estarse ociosos y no haciendo nada, y así no se dejan quietas, procurando
considerar y discurrir, de donde se llenan de sequedad y trabajo por sacar el jugo que ya por allí no han de sacar. Antes les
podemos decir que, mientras (más) aprietan, menos les aprovecha, porque, cuanto más porfían de aquella manera, se hallan peor;
porque más sacan al alma de la paz espiritual, y es dejar lo más por lo menos y desandar lo andado (y querer hacer lo que está
hecho).

8. A estos tales se les ha de decir que aprendan a estarse con atención y advertencia amorosa en Dios en aquella quietud, y que
no se den nada por la imaginación ni por la obra de ella, pues aquí, como decimos, descansan las potencias y no obran
activamente, sino pasivamente, recibiendo lo que Dios obra en ellas. Y si algunas veces obran, no es con fuerza ni muy procurado
discurso, sino con suavidad de amor; más movidas de Dios que de la misma habilidad del alma, como adelante se declarará. Mas ahora
baste esto para dar a entender cómo conviene y es necesario a los que pretenden pasar adelante saberse desasir de todos esos modos y
maneras y obras de la imaginación, en el tiempo y sazón que lo pide y requiere el aprovechamiento del estado que llevan.

9. Y para que se entienda cuál y a que tiempo ha de ser, diremos en el capítulo siguiente algunas señales que ha de ver en sí el
espiritual, para entender por ellas la sazón y tiempo en que libremente pueda usar del termino dicho y dejar de caminar por el
discurso y obra de la imaginación.


CAPÍTULO 13

En que se ponen las señales que ha de haber en si el espiritual por las cuales se conozca en que tiempo le conviene dejar la
meditación y discurso y pasar al estado de contemplación.

1. Y porque esta doctrina no quede confusa, convendrá en este capítulo dar a entender a que tiempo y sazón convendrá que el
espiritual deje la obra del discursivo meditar por las dichas imaginaciones y formas y figuras, porque no se dejen antes o
despues que lo pide el espíritu. Porque, así como conviene dejarlas a su tiempo para ir a Dios, porque no impidan, así
tambien es necesario no dejar la dicha meditación imaginaria antes de tiempo para no volver atrás. Porque, aunque no sirven las
aprehensiones de estas potencias para medio próximo de unión a los aprovechados, todavía sirven de medio remoto a los principiantes
para disponer y habituar el espíritu a lo espiritual por el sentido y para de camino vaciar del sentido todas las otras formas
e imágenes bajas, temporales y seculares y naturales. Para lo cual diremos aquí algunas señales y muestras que ha de haber en sí el
espiritual, en que conozca si convendrá dejarlas o no en aquel tiempo.

2. La primera es ver en sí que ya no puede meditar ni discurrir con la imaginación, ni gustar de ello como de antes solía; antes
halla ya sequedad en lo que de antes solía fijar el sentido y sacar jugo. Pero en tanto que sacare jugo y pudiere discurrir en
la meditación, no la ha de dejar, si no fuere cuando su alma se pusiere en la paz y quietud que se dice en la tercera señal.

3. La segunda es cuando ve no le da ninguna gana de poner la imaginación ni el sentido en otras cosas particulares, exteriores
ni interiores. No digo que no vaya y venga, que esta aun en mucho recogimiento suele andar suelta, sino que no guste el alma de
ponerla de propósito en otras cosas.

4. La tercera y más cierta es si el alma gusta de estarse a solas con atención amorosa a Dios, sin particular consideración, en paz
interior y quietud y descanso y sin actos y ejercicios de las potencias, memoria, entendimiento y voluntad -a lo menos
discursivos, que es ir de uno en otro- sino sólo con la atención y noticia general amorosa que decimos, sin particular inteligencia y
sin entender sobre que.

5. Estas tres señales ha de ver en sí juntas, por lo menos, el espiritual para atreverse seguramente a dejar el estado de
meditación y del sentido y entrar en el de contemplación y del espíritu.

6. Y no basta tener la primera sola sin la segunda, porque podría ser que no poder ya imaginar y meditar en las cosas de Dios como
antes, fuese por su distracción y poca diligencia; para lo cual ha de ver tambien en sí la segunda, que es no tener gana ni apetito
de pensar en otras cosas extrañas. Porque, cuando procede de distracción o tibieza el no poder fijar la imaginación y sentido
en las cosas de Dios, luego tiene apetito y gana de ponerla en otras cosas diferentes y motivo de irse de allí.

Ni tampoco basta ver en sí la primera y segunda señal, si no viere juntamente la tercera; porque, aunque se vea que no puede
discurrir ni pensar en las cosas de Dios, y que tampoco le da gana pensar en las que son diferentes, podría proceder de melancolía o
de alguno otro jugo de humor puesto en el cerebro o en el corazón, que suelen causar en el sentido cierto empapamiento y suspensión
que le hacen no pensar en nada, ni querer ni tener gana de pensarlo, sino de estarse en aquel embelesamiento sabroso. Contra
lo cual ha de tener la tercera, que es noticia y atención amorosa en paz, etc., como habemos dicho.

7. Aunque verdad es que a los principios, cuando comienza este estado, casi no se echa de ver esta noticia amorosa. Y es por dos
causas: la una, porque a los principios suele ser esta noticia amorosa muy sutil y delicada y casi insensible; y la otra, porque,
habiendo estado habituada el alma al otro ejercicio de la meditación, que es totalmente sensible, no echa de ver ni casi
siente estotra novedad insensible, que es ya pura de espíritu, mayormente cuando, por no lo entender ella, no se deja sosegar en
ello, procurándole otro más sensible, con lo cual, aunque más abundante sea la paz interior amorosa, no se da lugar a sentirla y
gozarla. Pero, cuanto más se fuere habituando el alma en dejarse sosegar, irá siempre creciendo en ella y sintiendose más aquella
amorosa noticia general de Dios, de que gusta ella más que de todas las cosas, porque le causa paz, descanso, sabor y deleite
sin trabajo.

8. Y, porque lo dicho quede más claro, daremos las causas y razones en este capítulo siguiente, por donde parecerán necesarias
las dichas tres señales para caminar al espíritu.


CAPÍTULO 14

En el cual se prueba la conveniencia de estas señales, dando razón de la necesidad de lo dicho en ellas para ir adelante.

1. Acerca de la primera señal que decimos, es de saber, que haber el espiritual (para entrar en la vía del espíritu, que es la
contemplativa) de dejar la vía imaginaria y de meditación sensible cuando ya no gusta (de) ella ni puede discurrir, es por dos cosas
que casi se encierran en una:

La primera, porque en cierta manera se le ha dado al alma todo el bien espiritual que había de hallar en las cosas de Dios por vía
de la meditación y discurso; cuyo indicio es el no poder ya meditar ni discurrir como antes y no hallar en ello jugo ni gusto
de nuevo como antes hallaba, porque no había corrido hasta entonces hasta el espíritu que allí había para el. Porque,
ordinariamente, todas las veces que el alma recibe algún bien espiritual, lo recibe gustando, a lo menos con el espíritu, en
aquel medio por donde lo recibe y le hace provecho y, si no, por maravilla le aprovecha, ni halla en la causa de el aquel arrimo y
jugo que halla cuando le recibe. Porque es al modo que dicen los filósofos, que quod sapit, nutrit, esto es: lo que da sabor, cría
y engorda. Por lo cual dijo el santo Job (6, 6): Numquid poterit comedi insulsum, quod non est sale conditum? ¿Por ventura (se)
podrá comer lo desabrido, que no está guisado con sal? Esta es la causa de no poder considerar ni discurrir como antes: el poco
sabor que en ello halla el espíritu y el poco provecho.

2. La segunda es porque ya el alma en este tiempo tiene el espíritu de la meditación en sustancia y hábito. Porque es de
saber que el fin de la meditación y discurso en las cosas de Dios es sacar alguna noticia y amor de Dios, y cada vez que por la
meditación el alma la saca, es un acto. Y así como muchos actos en cualquiera cosa vienen a engendrar hábito en el alma, así muchos
actos de estas noticias amorosas, que el alma ha ido sacando en veces particularmente, vienen por el uso a continuarse tanto, que
se hace hábito en ella. Lo cual tambien Dios suele hacer en muchas almas sin medio de estos actos, a lo menos sin haber precedido
muchos, poniendolas luego en contemplación. Y así, lo que antes el alma iba sacando en veces por su trabajo de meditar en noticias
particulares, ya, como decimos, por el uso se ha hecho y vuelto en ella en hábito y sustancia de una noticia amorosa general, no
distinta ni particular como antes. Por lo cual, en poniendose en oración, ya, como quien tiene allegada el agua, bebe sin trabajo
en suavidad, sin ser necesario sacarla por los arcaduces de las pesadas consideraciones y formas y figuras. De manera que, luego
en poniendose delante de Dios, se pone en acto de noticia confusa, amorosa, pacífica y sosegada, en que está el alma bebiendo
sabiduría y amor y sabor.

3. Y esta es la causa por que el alma siente mucho trabajo y sinsabor cuando, estando en este sosiego, la quieren hacer meditar
y trabajar en particulares noticias. Porque le acaece como a niño que, estando recibiendo la leche, que ya tiene en el pecho
allegada y junta, le quitan el pecho y le hacen que con la diligencia de su estrujar y manosear la vuelva a querer sacar y
juntar; o como el que, habiendo quitado la corteza, está gustando la sustancia, si se la hiciesen dejar para que volviese a quitar
la dicha corteza que ya estaba quitada, que no hallaría corteza y dejaría de gustar de la sustancia que ya tenía entre las manos;
siendo en esto semejante al que deja la presa que tiene por la que no tiene.

4. Y así hacen muchos que comienzan a entrar en este estado, que, pensando que todo el negocio está en ir discurriendo y entendiendo
particularidades por imágenes y formas, que son la corteza del espíritu, como no las hallan en aquella quietud amorosa y
sustancial en que se quiere estar su alma, donde no entienden cosa clara, piensan que se van perdiendo y que pierden tiempo, y
vuelven a buscar la corteza de su imagen y discurso, la cual no hallan, porque está ya quitada; y así ni gozan la sustancia ni
hallan meditación y túrbanse a sí mismos, pensando que vuelven atrás y que se pierden. Y, a la verdad, se pierden, (aunque no
como ellos piensan, porque se pierden) a los propios sentidos y a la primera manera de sentir, lo cual es irse ganando al espíritu
que se les va dando; en el cual cuanto van ellos menos entendiendo, van entrando más en la noche del espíritu, de que en
este libro tratamos, por donde han de pasar para unirse con Dios sobre todo saber.

5. Acerca de la segunda señal poco hay que decir, porque ya se ve que de necesidad no ha de gustar el alma en este tiempo de otras
imágenes diferentes, que son del mundo; pues de las que son más conformes, que son las de Dios, según habemos dicho, no gusta, por
las causas ya dichas. Solamente, como arriba queda notado, suele en este recogimiento la imaginativa de suyo ir y venir y variar,
mas no con gusto y voluntad del alma, antes en ello siente pena, porque la inquieta la paz y sabor.

6. Y que la tercera señal sea conveniente y necesaria para poder dejar la dicha meditación, la cual es la noticia o advertencia
general en Dios y amorosa, tampoco entiendo era menester decir aquí nada, por cuanto ya en la primera queda dado a entender algo
y, despues, de ella habemos de tratar de propósito cuando hablemos de esta noticia general y confusa en su lugar, que será despues de
todas las aprehensiones particulares del entendimiento. Pero diremos sola una razón con que se vea claro cómo, en caso que el
contemplativo haya de dejar la vía de meditación y discurso, le es necesaria esta noticia o advertencia amorosa en general de Dios. Y
es porque, si el alma entonces no tuviese esta noticia o asistencia en Dios, seguirse hía que ni haría nada ni tendría nada
el alma; porque, dejando la meditación, mediante la cual obra el alma discurriendo con las potencias sensitivas y faltándole
tambien la contemplación, que es la noticia general que decimos, en la cual tiene el alma actuadas las potencias espirituales, que
son memoria, entendimiento y voluntad, unidas ya en esta noticia obrada ya y recibida en ellas, faltarle hía necesariamente al alma
todo ejercicio acerca de Dios, como quiera que el alma no pueda obrar ni recibir lo obrado, si no es por vía de estas dos maneras
de potencias sensitivas y espirituales. Porque, como habemos dicho, mediante las potencias sensitivas puede ella discurrir y
buscar y obrar las noticias de los objetos; y mediante las potencias espirituales puede gozar las noticias ya recibidas en
estas dichas potencias, sin que obren ya las potencias.

7. Y así, la diferencia que hay del ejercicio que el alma hace acerca de las unas y de las otras potencias, es la que hay entre
ir obrando y gozar ya de la obra hecha, o la que hay entre el trabajo de ir caminando y el descanso y quietud que hay en el
termino; que es tambien como estar guisando la comida, o estar comiendola y gustándola ya guisada y masticada, sin alguna manera
de ejercicio de obra; y la que hay entre ir recibiendo, y aprovechándose ya del recibo. Y así, (si) acerca del obrar con las
potencias sensitivas, que es la meditación y discurso, o acerca de lo ya recibido y obrado en las potencias espirituales, que es la
contemplación y noticia que habemos dicho, no estuviese el alma empleada estando ociosa de las unas y de las otras, no había de
dónde ni por dónde se pudiese decir que estaba el alma empleada. Es, pues, necesaria esta noticia para haber de dejar la vía de
meditación y discurso.

8. Pero conviene aquí saber que esta noticia general de que vamos hablando, es a veces tan sutil y delicada, mayormente cuando ella
es más pura y sencilla y perfecta y más espiritual e interior, que el alma, aunque está empleada en ella, no la echa de ver ni la
siente. Y aquesto acaece más cuando decimos que ella es en sí más clara y perfecta y sencilla. Y entonces lo es, cuando ella embiste
en alma más limpia y ajena de otras inteligencias y noticias particulares en que podría hacer presa el entendimiento o sentido;
la cual, por carecer de estas, que son acerca de las cuales el entendimiento y sentido tiene habilidad y costumbre de
ejercitarse, no la siente, por cuanto le faltan sus acostumbrados sensibles. Y esta es la causa por donde, estando ella más pura y
perfecta y sencilla, menos la siente el entendimiento y más oscura le parece. Y así, por el contrario, cuanto ella está en sí en el
entendimiento menos pura y simple, más clara y de más tomo le parece al entendimiento, por estar ella vestida o mezclada o
envuelta en algunas formas inteligibles, en que puede tropezar el entendimiento o sentido.

9. Lo cual se entenderá bien por esta comparación. Si consideramos en el rayo del sol que entra por la ventana, vemos que, cuanto el
dicho rayo está más poblado de átomos y motas, mucho más palpable y sensible y más claro le parece a la vista del sentido. Y está
claro, que entonces el rayo está menos puro y menos claro en sí y sencillo y perfecto, pues está lleno de tantas motas y átomos. Y
tambien vemos que cuando está más puro y limpio de aquellas motas y átomos, menos palpable y más oscuro le parece al ojo material; y
cuanto más limpio está, tanto más oscuro y menos aprehensible le parece. Y si del todo el rayo estuviese limpio y puro de todos los
átomos y motas, hasta los más sutiles polvitos, del todo parecería oscuro e incomprehensible el dicho rayo al ojo, por cuanto allí
faltan los visibles, que son objeto de la vista. Y así, el ojo no halla especies en que reparar, porque la luz no es propio objeto
de la vista, sino el medio con que ve lo visible; y así, si faltaren los visibles en que el rayo o la luz hagan reflexión,
nada se verá. De donde si entrase el rayo por una ventana y saliese por otra, sin topar en cosa alguna que tuviese tomo de
cuerpo, no se vería nada; y con todo eso, el rayo estaría en sí más puro y limpio que cuando, por estar lleno de cosas visibles,
se veía y sentía más claro.

10. De la misma manera acaece acerca de la luz espiritual en la vista del alma, que es el entendimiento, en el cual esta general
noticia y luz que vamos diciendo sobrenatural embiste tan pura y sencillamente y tan desnuda ella y ajena de todas las formas
inteligibles, que son objetos del entendimiento, que el no la siente ni echa de ver; antes, a veces, que es cuando ella es más
pura, le hace tiniebla, porque le enajena de sus acostumbradas luces, de formas y fantasías; y entonces sientese bien y echase
bien de ver la tiniebla. Mas, cuando esta luz divina no embiste con tanta fuerza en el alma, ni siente tiniebla, ni ve luz, ni
aprehende nada que ella sepa, de acá ni de allá; y, por tanto, se queda el alma a veces como en un olvido grande, que ni supo dónde
se estaba, ni que se había hecho, ni le parece haber pasado por ella tiempo. De donde puede acaecer, y así es, que se pasen muchas
horas en este olvido, y al alma, cuando vuelve en sí, no le parezca un momento o que no estuvo nada.

11. Y la causa de este olvido es la pureza y sencillez de esta noticia, la cual, ocupando al alma, así la pone sencilla y pura y
limpia de todas las aprehensiones y formas de los sentidos y de la memoria, por donde el alma obraba en tiempo, y así la deja en
olvido y sin tiempo. De donde al alma esta oración, aunque, como decimos, le dure mucho, le parece brevísima, porque ha estado
unida en inteligencia pura, que no está en tiempo. Y es la oración breve de que se dice (Ecli. 35, 21) que penetra los cielos, porque
es breve, porque no es en tiempo, y penetra los cielos, porque el alma está unida en inteligencia celestial. Y así, esta noticia
deja al alma, cuando recuerda, con los efectos que hizo en ella sin que ella los sintiese hacer, que son levantamiento de mente a
inteligencia celestial y enajenación y abstracción de todas las cosas, y formas, y figuras, y memorias de ellas. Lo cual dice
David (Sal. 101, 8) haberle a el acaecido, volviendo en sí del mismo olvido, diciendo: Vigilavi, et factus sum sicut passer
solitarius in tecto; que quiere decir: Recorde y halleme hecho como el pájaro solitario en el tejado. Solitario dice, es a saber,
de todas las cosas enajenado y abstraído; y en el tejado, es a saber, elevada la mente en lo alto. Y así, se queda el alma como
ignorante de todas las cosas, porque solamente sabe a Dios sin saber cómo. De donde la Esposa declara en los Cantares (6, 11),
entre los efectos que en ella hizo este su sueño olvido, este no saber, cuando dice que descendió a el, diciendo: Nescivi, esto es:
no supe.

De donde, aunque (como habemos dicho) al alma en esta noticia le parezca que no hace nada, ni está empleada en nada, porque no obra
nada con los sentidos ni con las potencias, crea que no se está perdiendo tiempo, porque, aunque cese la armonía de las potencias
del alma, la inteligencia de ella está de la manera que habemos dicho. Que por eso la Esposa, que era sabia, tambien en los
Cantares (5, 2) se respondió ella a sí misma en esta duda, diciendo: Ego dormio et cor meum vigilat. Como si dijera: aunque
duermo yo, según lo que yo soy naturalmente, cesando de obrar, mi corazón vela, sobrenaturalmente elevado en noticia sobrenatural.

12. Pero es de saber que no se ha de entender que esta noticia ha de causar por fuerza este olvido para ser como aquí decimos, que
eso sólo acaece cuando abstrae al alma del ejercicio de todas las potencias naturales y espirituales; lo cual acaece las menos
veces, porque no siempre ocupa toda el alma. Que, para que sea la que basta en el caso que vamos tratando, basta que el
entendimiento este abstraído de cualquiera noticia particular, ahora temporal, ahora espiritual, y que no tenga gana la voluntad
de pensar acerca de unas ni de otras, como habemos dicho, porque entonces es señal que está el alma empleada.

Y este indicio se ha de tener para entender que lo está, cuando esta noticia sólo se aplica y comunica al entendimiento, que es
cuando a veces el alma no lo echa de ver. Porque, cuando juntamente se comunica a la voluntad, que es casi siempre, poco o
mucho no deja el alma de entender, si quiere mirar en ello, que está empleada y ocupada en esta noticia, por cuanto se siente con
sabor de amor en ella, sin saber ni entender particularmente lo que ama. Y por eso la llama noticia amorosa general, porque, así
como lo es en el entendimiento, comunicándose a el oscuramente, así tambien lo es en la voluntad, comunicándola sabor y amor
confusamente, sin que sepa distintamente lo que ama.

13. Esto baste ahora para entender cómo le conviene al alma estar empleada en esta noticia para haber de dejar la vía del discurso
espiritual y para asegurarse que, aunque no le parezca que hace nada el alma, está bien empleada, si se ve con las dichas señales,
y para que tambien se entienda, por la comparación que habemos dicho, cómo, no porque esta luz se represente al entendimiento más
comprehensible y palpable, como hace el rayo del sol al ojo cuando está lleno de átomos, por eso la ha de tener el alma por más pura,
subida y clara; pues está claro que, según dice Aristóteles y los teólogos, cuanto más alta es la luz divina y más subida, más
oscura es para nuestro entendimiento.

14. De esta divina noticia hay mucho que decir, así de ella en sí como de los efectos que hace en los contemplativos. Todo lo
dejamos para su lugar, porque aun lo que habemos dicho en este no había para que alargarnos tanto, si no fuera por (no) dejar esta
doctrina algo más confusa de lo que queda, porque es cierto, yo confieso lo queda mucho. Porque, dejado que es materia que pocas
veces se trata por este estilo, ahora de palabra como de escritura, por ser ella en sí extraordinaria y oscura, añádese
tambien mi torpe estilo y poco saber. Y así, estando desconfiado de que lo sabre dar a entender, muchas veces entiendo me alargo
demasiado y salgo fuera de los límites que bastan al lugar y parte de la doctrina que voy tratando. En lo cual yo confieso hacerlo, a
veces, de advertencia; porque lo que no se da a entender por unas razones, quizá se entenderá mejor por aquellas y por otras, y
tambien porque entiendo que así se va dando más luz para lo que se ha de decir adelante. Por lo cual me parece tambien (para concluir
con esta parte) dejar respondido a una duda que puede haber acerca de la continuación de esta noticia, y será brevemente en el
siguiente capítulo.


CAPÍTULO 15

En que se declara cómo a los aprovechantes que comienzan a entrar en esta noticia general de contemplación les conviene a veces
aprovecharse del discurso natural y obra de las potencias naturales.

1. Podría acerca de lo dicho haber una duda, y es si los aprovechantes, que es a los que Dios comienza a poner en esta
noticia sobrenatural de contemplación de que habemos hablado, por el mismo caso que la comienzan a tener, no hayan ya para siempre
de aprovecharse de la vía de meditación y discurso y formas naturales.

A lo cual se responde que no se entiende que los que comienzan a tener esta noticia amorosa en general, nunca hayan ya de procurar
de tener meditación, porque a los principios que van aprovechando, ni está tan perfecto el hábito de ella que, luego que ellos
quieran, se puedan poner en el acto de ella, ni, por lo semejante, están tan remotos de la meditación, que no puedan meditar y
discurrir algunas veces naturalmente como solían, por las formas y pasos que solían, hallando allí alguna cosa de nuevo; antes a
estos principios, cuando por los indicios ya dichos echan de ver que no está el alma empleada en aquel sosiego y noticia, habrán
menester aprovecharse del discurso, hasta que vengan en ella a adquirir el hábito que habemos dicho en alguna manera perfecto,
que será cuando todas las veces que quieren meditar, luego se quedan en esta noticia y paz sin poder hacer ni tener gana de
hacerlo, como habemos dicho. Porque, hasta llegar a este tiempo, que es ya de aprovechados en esto, ya hay de lo uno, ya de lo
otro, en diferentes tiempos.

2. De manera que muchas veces se hallará el alma en esta amorosa pacífica asistencia sin obrar nada con las potencias, esto es,
acerca de actos particulares, no obrando activamente, sino sólo recibiendo; y muchas habrá menester ayudarse blanda y
moderadamente del discurso para ponerse en ella. Pero, puesta el alma en ella, ya habemos dicho que el alma no obra nada con las
potencias; que entonces antes es verdad decir que se obra en ella y que está obrada la inteligencia y sabor, que no que obre ella
alguna cosa, sino solamente tener advertencia el alma con amar a Dios, sin querer sentir ni ver nada. En lo cual pasivamente se le
comunica Dios, así como al que tiene los ojos abiertos, que pasivamente sin hacer el más que tenerlos abiertos, se le comunica
la luz. Y este recibir la luz que sobrenaturalmente se le infunde, es entender pasivamente, pero dícese que no obra, no porque no
entienda, sino porque entiende lo que no le cuesta su industria, sino sólo recibir lo que le dan, como acaece en las iluminaciones
e ilustraciones o inspiraciones de Dios.

3. Aunque aquí libremente recibe la voluntad esta noticia general y confusa de Dios, solamente es necesario, para recibir más
sencilla y abundantemente esta luz divina, que no se cure de entreponer otras luces más palpables de otras luces o formas o
noticias o figuras de discurso alguno, porque nada de aquello es semejante a aquella serena y limpia luz. De donde, si quisiere
entonces entender y considerar cosas particulares, aunque más espirituales fuesen, impediría la luz limpia y sencilla general
del espíritu, poniendo aquellas nubes en medio, así como al que delante de los ojos se le pusiese alguna cosa en que, tropezando
la vista, se le impidiese la luz y vista de adelante.

4. De donde se sigue claro que, como el alma se acabe de purificar y vaciar de todas las formas e imágenes aprehensibles, se quedará
en esta pura y sencilla luz, transformándose en ella en estado de perfección, porque esta luz nunca falta en el alma; pero, por las
formas y velos de criatura con que el alma está velada y embarazada, no se le infunde. Que, si quitase estos impedimentos y
velos del todo, como despues se dirá, quedándose en la pura desnudez y pobreza de espíritu, luego el alma, ya sencilla y pura,
se transforma en la sencilla y pura sabiduría, que es el Hijo de Dios; porque faltando lo natural al alma enamorada, luego se
infunde de lo divino, natural y sobrenaturalmente, porque no se de vacío en la naturaleza.

5. Aprenda el espiritual a estarse con advertencia amorosa en Dios, con sosiego de entendimiento, cuando no puede meditar,
aunque le parezca que no hace nada. Porque así, poco a poco, y muy presto, se infundirá en su alma el divino sosiego y paz con
admirables y subidas noticias de Dios, envueltas en divino amor. Y no se entremeta en formas, meditaciones e imaginaciones, o algún
discurso, porque no desasosiegue al alma y la saque de su contento y paz, en lo cual ella recibe desabrimiento y repugnancia. Y si,
como habemos dicho, le hiciere escrúpulo de que no hace nada, advierta que no hace poco en pacificar el alma y ponerla en
sosiego y paz, sin alguna obra y apetito, que es lo que Nuestro Señor nos pide por David (Sal. 45, 11), diciendo: Vacate, et
videte quoniam ego sum Deus; como si dijera: Aprended a estaros vacíos de todas las cosas, es a saber, interior y exteriormente, y
vereis cómo yo soy Dios.


CAPÍTULO 16

En que se trata de las aprehensiones imaginarias que sobrenaturalmente se representan en la fantasía. Dice cómo no
pueden servir al alma de medio próximo para la unión con Dios.

1. Ya que habemos tratado de las aprehensiones que naturalmente pueden en sí recibir y en ellas obrar con (su) discurso la
fantasía e imaginativa, conviene aquí tratar de las sobrenaturales, que se llaman visiones imaginarias, que tambien,
por estar ellas debajo de imagen y forma y figura, pertenecen a este sentido, ni más ni menos que las naturales.

2. Y es de saber que, debajo de este nombre de visiones imaginarias, queremos entender todas las cosas que debajo de
imagen, forma, y figura y especie sobrenaturalmente se pueden representar a la imaginación. Porque todas las aprehensiones y
especies que de todos los cinco sentidos corporales se representan a el y en el hacen asiento por vía natural, pueden por vía
sobrenatural tener lugar en el y representársele sin ministerio alguno de los sentidos exteriores. Porque este sentido de la
fantasía, junto con la memoria, es como un archivo y receptáculo del entendimiento, en que se reciben todas las formas e imágenes
inteligibles: y así, como si fuese un espejo, las tiene en sí, habiendolas recibido por vía de los cinco sentidos, o, como
decimos, sobrenaturalmente; y así las representa al entendimiento, y allí el entendimiento las considera y juzga de ellas. Y no sólo
puede eso, mas aún puede componer e imaginar otras a la semejanza de aquellas que allí conoce.

3. Es, pues, de saber que, así como los cinco sentidos exteriores representan las imágenes y especies de sus objetos a estos
interiores, así sobrenaturalmente, como decimos, sin los sentidos exteriores puede Dios y el demonio representar las mismas imágenes
y especies, y mucho más hermosas y acabadas. De donde, debajo de estas imágenes muchas veces representa Dios al alma muchas cosas,
y la enseña mucha sabiduría; como a cada paso se ve en la sagrada Escritura, como (vio) Isaías a Dios en su gloria debajo del humo
que cubría el templo y de los serafines que cubrían con las alas el rostro y los pies (6, 2­4); Jeremías la vara que velaba (1,
11), Daniel multitud de visiones (7, 10), etc.

Y tambien el demonio procura con las suyas, aparentemente buenas, engañar al alma, como es de ver en el de los Reyes (3 Re. 22, 11),
cuando engañó a todos los profetas de Acab, representándoles en la imaginación los cuernos con que dijo había de destruir a los
asirios, y fue mentira. Y las visiones que tuvo la mujer de Pilatos (Mt. 27, 19) sobre que no condenase a Cristo, y otros
muchos lugares. Donde se ve cómo, en este espejo de la fantasía e imaginativa, estas visiones imaginarias acaecen a los aprovechados
más frecuentemente que las corporales exteriores. Estas, como decimos, no se diferencian de las que entran por los sentidos
exteriores en cuanto imágenes y especies; pero, en cuanto al efecto que hacen y perfección de ellas, mucha diferencia hay,
porque son más sutiles y hacen más efecto en el alma, por cuanto son sobrenaturales y más interiores que las sobrenaturales
exteriores. Aunque no se quita por eso que algunas corporales de estas exteriores hagan más efecto; que, en fin, es como Dios
quiere que sea la comunicación. Pero hablamos en cuanto es de parte de ellas, por cuanto son más espirituales.

4. Este sentido de la imaginación y fantasía es donde ordinariamente acude el demonio con sus ardides, ahora naturales,
ahora sobrenaturales; porque esta es la puerta y entrada para el alma, y como habemos dicho, aquí viene el entendimiento a tomar y
dejar, como a puerta o plaza de su provisión. Y por eso siempre Dios y tambien el demonio acuden aquí con sus joyas de imágenes y
formas sobrenaturales para ofrecerlas al entendimiento; puesto que Dios no sólo se aprovecha de este medio para instruir al alma,
pues mora sustancialmente en ella, y puede por sí y por otros medios.

5. Y no hay para que yo aquí me detenga en dar doctrina de indicios para que se conozcan cuáles visiones serán de Dios y
cuáles no, y cuáles en una manera y cuáles en otra; pues mi intento aquí no es ese, sino sólo instruir al entendimiento en
ellas, para que no se embarace e impida para la unión con la divina Sabiduría con las buenas, ni se engañe en las falsas.

6. Por tanto, digo que, de todas estas aprehensiones y visiones imaginarias y otras cualesquiera formas o especies, como ellas se
ofrezcan debajo de forma o imagen o alguna inteligencia particular, ahora sean falsas de parte del demonio, ahora se
conozcan ser verdaderas de parte de Dios, el entendimiento no se ha de embarazar ni cebar en ellas, ni las ha el alma de querer
admitir ni tener, para poder estar desasida, desnuda, pura y sencilla, sin algún modo y manera, como se requiere para la unión.

7. Y de esto la razón es porque todas estas formas ya dichas siempre en su aprehensión se representan, según habemos dicho,
debajo de algunas maneras y modos limitados, y la Sabiduría de Dios, en que se ha de unir el entendimiento, ningún modo ni manera
tiene, ni cae debajo de algún límite ni inteligencia distinta y particularmente, porque totalmente es pura y sencilla. Y como
quiera que, para juntarse dos extremos, cual es el alma y la divina Sabiduría, será necesario que vengan a convenir en cierto
medio de semejanza entre sí, de aquí es que tambien el alma ha de
estar pura y sencilla, no limitada ni atenida a alguna
inteligencia particular, ni modificada con algún límite de forma, especie e imagen. Que, pues Dios no cae debajo de imagen ni forma,
ni cabe debajo de inteligencia particular, tampoco el alma, para caer en Dios, ha de caer debajo de forma e inteligencia distinta.

8. Y que en Dios no haya forma ni semejanza, bien lo da a entender el Espíritu Santo en el Deuteronomio (4, 12), diciendo: Vocem
verborum eius audistis, et formam penitus non vidistis; que quiere decir: Oísteis la voz de sus palabras, y totalmente no visteis en
Dios alguna forma. Pero dice que había allí tinieblas, y nube, y oscuridad, que es la noticia confusa y oscura que habemos dicho,
en que se une el alma con Dios. Y luego más adelante (4, 15) dice: Non vidistis aliquam similitudinem in die, qua locutus est vobis
Dominus in Horeb de medio ignis, esto es: No visteis vosotros semejanza alguna en Dios en el día que os habló de medio del
fuego, en el monte Horeb.

9. Y que el alma no pueda llegar a lo alto de Dios, cual en esta vida se puede, por medio de algunas formas y figuras, tambien lo
dice el mismo Espíritu Santo en los Números (12, 6­8), donde, reprehendiendo Dios a Aarón y María, hermanos de Moises, porque
murmuraban contra el, queriendo darles a entender el alto estado en que le había puesto de unión y amistad consigo, dijo: Si quis
inter vos fuerit propheta Domini in visione apparebo ei, vel per somnium loquar ad illum. At (non) talis servus meus Moyses, qui in
omni domo mea fidelissimus est: ore enim ad os loquor ei, palam, et non per aenigmata et figuras Dominum videt; que quiere decir:
Si entre vosotros hubiere algún profeta del Señor, aparecerle he en alguna visión o forma o hablare con el entre sueños. Pero no
hay tal como mi siervo Moises, que en toda mi casa es fidelísimo y hablo con el boca a boca, y no ve a Dios por comparaciones,
semejanzas y figuras. En lo cual se da a entender claro que en este alto estado de unión que vamos hablando, no se comunica Dios
al alma mediante algún disfraz de visión imaginaria, o semejanza, o figura, ni la ha de haber; sino que boca a boca, esto es,
esencia pura y desnuda de Dios, que es la boca de Dios en amor, con esencia pura y desnuda del alma, que es la boca del alma en
amor de Dios.

10. Por tanto, para venir a esta unión de amor de Dios esencial, ha de tener cuidado el alma de no se ir arrimando a visiones
imaginarias, ni formas, ni figuras, ni particulares inteligencias, pues no le pueden servir de medio proporcionado y próximo para tal
efecto; antes le harían estorbo, y por eso las ha de renunciar y procurar de no tenerlas. Porque, si por algún caso se hubiesen de
admitir y preciar, era por el provecho que las verdaderas hacen en el alma y buen efecto. Pero para esto no es necesario admitirlas,
antes conviene, para mejoría, siempre negarlas. Porque estas visiones imaginarias, el bien que pueden hacer al alma, tambien
como las corporales exteriores que habemos dicho, es comunicarle inteligencia, o amor, o suavidad; pero para que causen este efecto
en ella, no es menester que ella las quiera admitir, porque, como tambien queda dicho arriba, en ese mismo punto que en la
imaginación hacen presencia, la hacen en el alma e infunden a la inteligencia y amor, o suavidad, o lo que Dios quiere que causen.

Y no sólo juntamente, pero principalmente, aunque no en el mismo tiempo, hacen en el alma su efecto pasivamente, sin ser ella parte
para lo poder impedir aunque quisiese, como tampoco lo fue para lo saber adquirir, aunque lo haya sido antes para se saber disponer.
Porque, así como la vidriera no es parte para impedir el rayo del sol que da en ella, sino que pasivamente, estando ella dispuesta
con limpieza, la esclarece sin su diligencia u obra, así tambien el alma, aunque ella quiera, no puede dejar de recibir en sí las
influencias y comunicaciones de aquellas figuras, aunque más las
quisiere resistir; porque a las infusiones sobrenaturales no las
puede resistir la voluntad negativa con resignación humilde y amorosa, sino sola la impureza e imperfecciones del alma, como
tambien en la vidriera impiden la claridad las manchas.

11. Donde se ve claro que, cuanto más el alma se desnudare con la voluntad y afecto de las aprehensiones de las manchas de aquellas
formas, imágenes y figuras en que vienen envueltas las comunicaciones espirituales que habemos dicho, no sólo no se priva
de estas comunicaciones y bienes que causan, mas se dispone mucho más para recibirlas con más abundancia, claridad y libertad de
espíritu y sencillez, dejadas aparte todas aquellas aprehensiones, que son las cortinas y velos que encubren lo espiritual que allí
hay, y así ocupan el espíritu y sentido, si en ellas se quisiese cebar, de manera que sencilla y libremente no se pueda comunicar
el espíritu; porque, estando ocupada con aquella corteza, está claro que no tiene libertad el entendimiento para recibir
(aquellas formas). De donde, si el alma entonces las quiere admitir y hacer caso de ellas, sería embarazarse y contentarse con
lo menos que hay en ellas, que es todo lo que ella puede aprehender y conocer de ellas, lo cual es aquella forma e imagen y
particular inteligencia. Porque lo principal de ellas, que es lo espiritual que se le infunde, no sabe ella aprehender ni entender,
ni sabe cómo es, ni lo sabría decir, porque es puro espiritual. Solamente lo que de ellas sabe, como decimos, es lo menos que hay
en ellas a su modo de entender, que es las formas por el sentido. Y por eso digo que pasivamente, sin que ella ponga su obra de
entender y sin saberla poner, se le comunica de aquellas visiones lo que ella no supiera entender ni imaginar.

12. Por tanto, siempre se han de apartar los ojos del alma de todas estas aprehensiones que ella puede ver y entender
distintamente (lo cual comunica en sentido y no hace fundamento y seguro de fe), y ponerlos en lo que no ve ni pertenece al sentido,
sino al espíritu, que no cae en figura de sentido, que es lo que la lleva a la unión en fe, la cual es el propio medio, como está
dicho. Y así, le aprovecharán al alma estas visiones en sustancia para fe, cuando bien supiere negar lo sensible e inteligible de
ellas y usara bien del fin que Dios tiene en darlas al alma, desechándolas. Porque, como dijimos de las corporales, no las da
Dios para que el alma las quiera tomar y poner su asimiento en ellas.

13. Pero nace aquí una duda, y es: si es verdad que Dios da al alma las visiones sobrenaturales, no para que ella las quiera
tomar, ni arrimarse a ellas, ni hacer caso de ellas, ¿para que se las da, pues en ellas puede el alma caer en muchos yerros y
peligros, o por lo menos en los inconvenientes que aquí se escriben para ir adelante, mayormente pudiendo Dios dar al alma y
comunicarle espiritualmente y en sustancia lo que le comunica por el sentido mediante las dichas visiones y formas sensibles?

14. Responderemos a esta duda en el siguiente capítulo, y es de harta doctrina y bien necesaria, a mi ver, así para los
espirituales como para los que los enseñan, porque se enseña el estilo y fin que Dios en ellas lleva; el cual por no lo saber
muchos, ni se saben gobernar, ni encaminar a sí ni a otros en ellas a la unión. Que piensan que, por el mismo caso que conocen
ser verdaderas y de Dios, es bueno admitirlas, y asegúranse en ellas, no mirando que tambien en estas hallará el alma su
propiedad, y asimiento y embarazo, como en las cosas del mundo, si no las sabe renunciar como a ellas. Y así les parece que es bueno
admitir las unas y reprobar las otras, metiendose a sí mismos y a las almas en gran trabajo y peligro acerca del discernir entre la
verdad y falsedad de ellas. Que ni Dios les manda poner en ese trabajo, ni que a las almas sencillas y simples las metan en ese
peligro y contienda; pues tienen doctrina sana y segura, que es la fe, en que han de caminar adelante.

15. La cual no puede ser sin cerrar los ojos a todo lo que es de sentido e inteligencia clara y particular. Porque, aun con estar
san Pedro tan cierto de la visión de gloria que vio en Cristo en la transfiguración, despues de haberlo contado en su Epístola 2ª
canónica (1, 17­18), no quiso que lo tomasen por principal testimonio de firmeza, sino, encaminándolos a la fe, dijo (1, 19):
Et habemus firmiorem propheticum sermonem: cui benefacitis attendentes, quasi lucernae lucenti in caliginoso loco, donec dies
elucescat, etc.; quiere decir: Y tenemos más firme testimonio que esta visión del Tabor, que son los dichos y palabras de los
profetas que dan testimonio de Cristo, a las cuales haceis bien de arrimaros, como a la candela que da luz en el lugar oscuro. En la
cual comparación, si quisieremos mirar, hallaremos la doctrina que vamos enseñando. Porque, en decir que miremos a la fe que hablaron
los profetas, como "a candela que luce en lugar oscuro", es decir que nos quedemos a oscuras, cerrados los ojos a todas esotras
luces, y que en esta tiniebla sola la fe, que tambien es oscura, sea luz a que nos arrimemos. Porque si nos queremos arrimar a
esotras luces claras de inteligencias distintas, ya nos dejamos de arrimar a la oscura, que es la fe, y nos deja de dar la luz en el
lugar oscuro que dice san Pedro; el cual lugar, que aquí significa el entendimiento que es el candelero donde se asienta esta candela
de la fe, ha de estar oscuro "hasta que le amanezca" en la otra vida "el día" de la clara visión de Dios, y en esta el de la
transformación y unión.

 

CAPÍTULO 17
 
 En que se declara el fin y estilo que Dios tiene en comunicar al  alma los bienes espirituales por medio de los sentidos, en lo cual  se responde a la duda que se ha tocado.
 
 1. Mucho hay que decir acerca del fin y estilo que Dios tiene en  dar estas visiones, para levantar a una alma de su bajeza a su  divina unión, de lo cual todos los libros espirituales tratan, y  en este nuestro tratado también el estilo que llevamos es darlo a  entender. Y por eso, en este capítulo, solamente dire lo que basta  para satisfacer a nuestra duda, la cual era: que, pues, en estas  visiones sobrenaturales hay tanto peligro y embarazo para ir  adelante, como habemos dicho, ¿por que Dios, que es sapientísimo y
 amigo de apartar de las almas tropiezos y lazos, se las ofrece y  comunica?
 
 2. Para responder a esto, conviene primero poner tres fundamentos.
 
 El primero es de san Pablo ad Romanos (13, 1), donde dice: Quae  autem sunt, a Deo ordinata sunt, que quiere decir: Las obras que  son hechas, de Dios son ordenadas.
 
 El segundo es del Espíritu Santo en el libro de la Sabiduría (8,  1), diciendo: Disponit omnia suaviter. Y es como si dijera: La  Sabiduría de Dios, aunque toca desde un fin hasta otro fin, es a  saber, desde un extremo hasta otro extremo, dispone todas las  cosas con suavidad.
 
 El tercero es de los teólogos, que dicen que omnia movet secundum  modum eorum, esto es: Dios mueve todas las cosas al modo de ellas.
 
 3. Según, pues, estos fundamentos, está claro que para mover Dios  al alma y levantarla del fin y extremo de su bajeza al otro fin y  extremo de su alteza en su divina unión, halo de hacer  ordenadamente y suavemente y al modo de la misma alma. Pues, como  quiera que el orden que tiene el alma de conocer, sea por las  formas e imágenes de las cosas criadas, y el modo de su conocer y  saber sea por los sentidos, de aquí es que, para levantar Dios al  alma al sumo conocimiento, para hacerlo suavemente ha de comenzar  y tocar desde el bajo fin y extremo de los sentidos del alma, para  así irla llevando al modo de ella hasta el otro fin de su  sabiduría espiritual, que no cae en sentido. Por lo cual, la lleva  primero instruyendo por formas e imágenes y vías sensibles a su  modo de entender, ahora naturales, ahora sobrenaturales, y por  discursos, a ese sumo espíritu de Dios.
 
 4. Y esta es la causa por que Dios le da las visiones y formas,  imágenes y las demás noticias sensitivas e inteligibles  espirituales; no porque no quisiera Dios darle luego en el primer  acto la sabiduría del espíritu, si los dos extremos, cuales son  humano y divino, sentido y espíritu, de vía ordinaria pudieran  convenir y juntarse con un solo acto, sin que intervengan primero  otros muchos actos de disposiciones que ordenada y suavemente  convengan entre sí, siendo unas fundamento y disposición para las  otras, así como en los agentes naturales; y así, las primeras  sirven a las segundas, y las segundas a las terceras, y de ahí  adelante, ni más ni menos. Y así va Dios perfeccionando al hombre  al modo del hombre, por lo más bajo y exterior, hasta lo más alto
 e interior.
 
 De donde primero le perfecciona el sentido corporal, moviendole a  que use de buenos objetos naturales perfectos exteriores, como oír  sermones, misas, ver cosas santas, mortificar el gusto en la  comida, macerar con penitencia y santo rigor el tacto.
 
 Y cuando ya están estos sentidos algo dispuestos, los suele  perfeccionar más, haciéndoles algunas mercedes sobrenaturales y  regalos para confirmarlos más en el bien, ofreciéndoles algunas  comunicaciones sobrenaturales, así como visiones de santos o cosas  santas corporalmente, olores suavísimos y locuciones, y en el  tacto grandísimo deleite; con que se confirma mucho el sentido en  la virtud y se enajena del apetito de los malos objetos.
 
 Y allende de eso, los sentidos corporales interiores, de que aquí  vamos tratando, como son imaginativa y fantasía, juntamente se los  va perfeccionando y habituando al bien con consideraciones,  meditaciones y discursos santos, y en todo esto instruyendo al  espíritu.
 
 Y ya estos dispuestos con este ejercicio natural, suele Dios  ilustrarlos y espiritualizarlos más con algunas visiones  sobrenaturales, que son las que aquí vamos llamando imaginaria, en  las cuales juntamente, como habemos dicho, se aprovecha mucho el  espíritu, el cual, así en las unas como en las otras, se va  desenrudeciendo y reformando poco a poco. Y de esta manera va Dios  llevando al alma de grado en grado hasta lo más interior. No  porque sea siempre necesario guardar este orden de primero y  postrero tan puntual como eso, porque a veces hace Dios uno sin  otro, y por lo más interior lo menos interior, y todo junto, que  eso es como Dios ve que conviene al alma o como le quiere hacer  las mercedes. Pero la vía ordinaria es conforme a lo dicho.
 
 5. De esta manera, pues, la va Dios instruyendo y haciéndola  espiritual, comenzándole a comunicar lo espiritual desde las cosas  exteriores, palpables y acomodadas al sentido, según la pequeñez y  poca capacidad del alma, para que mediante la corteza de aquellas  cosas sensibles, que de suyo son buenas, vaya el espíritu haciendo  actos particulares y recibiendo tantos bocados de comunicación  espiritual, que venga a hacer hábito en lo espiritual y llegue a  actual sustancia de espíritu, que es ajena de todo sentido; al  cual, como habemos dicho, no puede llegar el alma sino muy poco a  poco, a su modo, por el sentido, a que siempre ha estado asida.
 
 Y así, a la medida que va llegando más al espíritu acerca del  trato con Dios, se va más desnudando y vaciando de las vías del  sentido, que son las del discurso y meditación imaginaria. De  donde, cuando llegare perfectamente al trato con Dios de espíritu,  necesariamente ha de haber evacuado todo lo que acerca de Dios  podía caer en sentido (cf. 1 Cor. 13, 10), así como cuanto más una  cosa se va arrimando más a un extremo, más se va alejando y  enajenando del otro, y cuando perfectamente se arrimare,  perfectamente se habrá tambien apartado del otro extremo. Por lo  cual, comúnmente se dice un adagio espiritual, y es: Gustato  spiritu, desipit omnis caro, que quiere decir: Acabado de recibir  el gusto y sabor del espíritu, toda carne es insipiente. Esto es:  no aprovechan ni entran en gusto todas las vías de la carne; en lo  cual se entiende de todo trato de sentido acerca de lo espiritual.  Y está claro, porque si es espíritu, ya no cae en sentido, y si es  que puede comprehenderlo el sentido, ya no es puro espíritu.
 Porque cuanto más de ello puede saber el sentido y aprehensión  natural, tanto menos tiene de espíritu y (de) sobrenatural, como  arriba queda dado a entender.
 
 6. Por tanto, el espíritu ya perfecto no hace caso del sentido, ni  recibe por el, ni principalmente se sirve ni ha menester servirse  de el para con Dios, como hacía antes cuando no había crecido en espíritu. Y esto es lo que quiere decir aquella autoridad de san  Pablo a los Corintios (1 Cor. 13, 11), diciendo: Cum essem  parvulus, loquebar ut parvulus, sapiebam ut parvulus, cogitabam ut  parvulus. Quando autem factus sum vir, evacuavi quae erant  parvuli; quiere decir: Cuando era yo pequeñuelo, sabía como  pequeñuelo, hablaba como pequeñuelo, pensaba como pequeñuelo; pero  cuando fui hecho varón, vacie las cosas que eran de pequeñuelo.
 
 Ya habemos dado a entender cómo las cosas del sentido y el  conocimiento que el espíritu puede sacar por ellas son ejercicio  de pequeñuelo. Y así, si el alma se quisiese siempre asir a ellas  y no desarrimarse de ellas, nunca dejaría de ser pequeñuelo niño,  y siempre hablaría de Dios como pequeñuelo, y sabría de Dios como  pequeñuelo, y pensaría de Dios como pequeñuelo; porque, asiendose  a la corteza del sentido, que es el pequeñuelo, nunca vendría a la  sustancia del espíritu, que es el varón perfecto. Y así, no ha de
 querer el alma admitir las dichas revelaciones, para ir creciendo,  aunque Dios se las ofrezca; así como el niño ha menester dejar el  pecho, para hacer su paladar a manjar más sustancial y fuerte.
 
 7. Pues luego direis: ¿será menester que el alma, cuando es  pequeñuelo, las quiera tomar, y las deje cuando es mayor: así como  el niño es menester que quiera tomar el pecho para sustentarse,  hasta que sea mayor para poderle dejar?
 
 Respondo que, acerca de la meditación y discurso natural en que  comienza el alma a buscar a Dios, es verdad que no ha de dejar el  pecho del sentido para ir(se) sustentando, hasta que llegue a  sazón y tiempo que pueda dejarle, que es cuando Dios pone al alma  en trato más espiritual, que es la contemplación, de lo cual dimos  ya doctrina en el capítulo 13 de este libro. Pero cuando son  visiones imaginarias u otras aprehensiones sobrenaturales que  pueden caer en el sentido sin el albedrío del hombre, digo que en  cualquier tiempo y sazón, ahora sea en estado perfecto, ahora en  menos perfecto, aunque sean de parte de Dios, no las ha el alma de  querer admitir, por dos cosas:
 
 La una porque el, como habemos dicho, hace en el alma su efecto,  sin que ella sea parte para impedirlo, aunque impida y pueda  impedir la visión, lo cual acaece muchas veces. Y, por  consiguiente, aquel efecto que había de causar en el alma mucho  más se le comunica en sustancia, aunque no sea en aquella manera.  Porque, como tambien dijimos, el alma no puede impedir los bienes  que Dios le quiere comunicar, ni es parte para ello, si no es con  alguna imperfección y propiedad. Y en renunciar estas cosas con  humildad y recelo, ninguna imperfección ni propiedad hay.
 
 La segunda es por librarse del peligro y trabajo que hay en  discernir las malas de las buenas, y conocer si es ángel de luz o  de tinieblas (2 Cor. 11, 14); en que no hay provecho ninguno, sino  gastar tiempo y embarazar el alma con aquello y ponerse en  ocasiones de muchas imperfecciones y de no ir adelante, no  poniendo el alma en lo que hace al caso, desembarazándola de  menudencias de aprehensiones e inteligencias particulares según
 queda dicho de las visiones corporales y de estas se dirá más  adelante.
 
 8. Y esto se crea: que si Nuestro Señor no hubiese de llevar el  alma al modo de la misma alma, como aquí diremos, nunca le  comunicaría la abundancia de su espíritu por esos arcaduces tan  angostos de formas y figuras y particulares inteligencias, por  medio de las cuales da el sustento al alma por meajas. Que por eso  dijo David (Sal. 147, 17): Mitit crystallum suam sicut buccellas;  que es tanto como decir: Envía su sabiduría a las almas como a  bocados. Lo cual es harto de doler que, teniendo el alma capacidad
 infinita, la anden dando a comer por bocados del sentido, por su  poco espíritu e inhabilidad sensual. Y por eso tambien a san Pablo  le daba pena esta poca disposición y pequeñez para recibir el  espíritu, cuando, escribiendo a los de Corinto (1 Cor. 3, 1­2),  dijo: Yo, hermanos, como viniese a vosotros, no os pude hablar  como a espirituales, sino como a carnales; porque no pudisteis  recibirlo, ni tampoco ahora podeis. Tamquam parvulis in Christo  lac potum vobis dedi, non escam, esto es: Como a pequeñuelos en
 Cristo os di a beber leche y no a comer manjar sólido.
 
 9. Resta, pues, ahora saber que el alma no ha de poner los ojos en  aquella corteza de figuras y objeto que se le pone de delante  sobrenaturalmente, ahora sea acerca del sentido exterior, como son  locuciones y palabras al oído y visiones de santos a los ojos, y  resplandores hermosos, y olores a las narices, y gustos y  suavidades en el paladar, y otros deleites en el tacto, que suelen  proceder del espíritu, lo cual es más ordinario a los  espirituales; ni tampoco los ha de poner en cualesquier visiones
 del sentido interior, cuales son las imaginarias; antes  renunciarlas todas. Sólo ha de poner los ojos en aquel buen  espíritu que causan, procurando conservarle en obrar y poner por  ejercicio lo que es de servicio de Dios ordenadamente, sin  advertencia de aquellas representaciones ni de querer algún gusto
 sensible. Y así, se toma de estas cosas sólo lo que Dios pretende  y quiere, que es el espíritu de devoción, pues que no las da para  otro fin principal; y se deja lo que el dejaría de dar, si se  pudiese recibir en el espíritu sin ello (como habemos dicho, que  es el ejercicio y aprehensión del sentido).
 



CAPÍTULO 18

Que trata del daño que algunos maestros espirituales pueden hacer a las almas por no las llevar con buen estilo acerca de las dichas
visiones. Y dice tambien cómo, aunque sean de Dios, se pueden en ellas engañar.

1. No podemos en esta materia de visiones ser tan breves como querríamos, por lo mucho que acerca de ellas hay que decir. Aunque
en sustancia queda dicho lo que hace al caso para dar a entender al espiritual cómo se ha de haber acerca de las dichas visiones, y
al maestro que le gobierna el modo que ha de tener con el discípulo, no será demasiado particularizar más un poco esta doctrina y dar más luz del daño que se puede seguir, así a las almas espirituales como a los maestros que las gobiernan, si son
muy credulos a ellas, aunque sean de parte de Dios.

2. Y la razón que me ha movido a alargarme ahora en esto un poco es la poca discreción que he echado de ver, a lo que yo entiendo,
en algunos maestros espirituales, los cuales, asegurándose acerca de las dichas aprehensiones sobrenaturales, por entender que son
buenas y de parte de Dios, vinieron los unos y los otros a errar mucho y a hallarse muy cortos, cumpliendose en ellos la sentencia
de Nuestro Salvador (Mt. 15, 14), que dice: Si caecus caeco ducatum praestet, ambo in foveam cadunt; que quiere decir: Si un
ciego guiare a otro ciego, entrambos caen en la hoya. Y no dice que "caerán", sino que "caen", porque no es menester esperar que
haya caída de error para que caigan, porque sólo el atreverse a gobernarse el uno por el otro ya es yerro, y así ya sólo en eso
caen cuanto a lo menos y primero, porque hay algunos que llevan tal modo y estilo con las almas que tienen las tales cosas, que
las hacen errar, o las embarazan con ellas, o no las llevan por camino de humildad, y las dan mano a que pongan los ojos en alguna
manera en ellas: que es causa de quedar sin verdadero espíritu de fe, y no las edifican en la fe, poniendose a hacer mucho lenguaje
de aquellas cosas. En lo cual las dan a sentir que hacen ellos alguna presa o caso de aquello, y, por el consiguiente le hacen
ellas; y quedanseles las almas puestas en aquellas aprehensiones, y no edificadas en fe, y vacías y desnudas y desasidas de aquellas
cosas, para volar en alteza de oscura fe. Y todo esto nace del termino y lenguaje que el alma ve en su maestro acerca de esto,
que no se cómo, facilísimamente (se le pega un lleno y estimación de aquello) sin ser en su mano, y quita los ojos del abismo de fe.

3. Y debe de ser la causa de esta facilidad de quedar el alma tan ocupada con ello, que, como son cosas de sentido a que el
naturalmente es inclinado, y como tambien está ya saboreado y dispuesto con la aprehensión de aquellas cosas distintas y
sensibles, basta ver en su confesor o en otra persona alguna estima y precio de ella para que (no) solamente el alma la haga,
sino que tambien se le engolosine más el apetito en ellas sin sentir, y se cebe más de ellas, y quede más inclinado a ellas, y
haga en ellas alguna presa. Y de aquí salen muchas imperfecciones; por lo menos, porque el alma ya no queda tan humilde, pensando que
aquello es algo y que tiene algo bueno, y que Dios hace caso de ella, y anda contenta y algo satisfecha de sí, lo cual es contra
humildad. Y luego el demonio le va aumentando esto secretamente, sin entenderlo ella, y le comienza a poner un concepto acerca de
los otros, en si tienen o no tienen las tales cosas, o son o no son; lo cual es contra la santa simplicidad y soledad espiritual.

4. Mas, de estos daños, y de cómo no crecen en fe si no se apartan, y cómo tambien, aunque no sean los daños tan palpables y
conocibles como estos, hay otros en el dicho termino: más sutiles y más odiosos a los divinos ojos por no ir en desnudez de todo,
dejemoslo ahora, hasta que lleguemos a tratar en el vicio de gula espiritual y de los otros seis, donde, mediante Dios, se tratarán
muchas cosas de estas sutiles y delicadas mancillas que se pegan al espíritu por no le saber guiar en desnudez.

5. Ahora digamos algo de cómo es este estilo que llevan algunos confesores con las almas, en que no las instruyen bien. Y, cierto,
querría saberlo decir, porque entiendo es cosa dificultosa dar a entender el cómo se engendra el espíritu del discípulo conforme al
de su padre espiritual oculta y secretamente. Y cánsame esta materia tan prolija, porque parece no (se) puede declarar lo uno
sin dar a entender lo otro tambien, como son cosas de espíritu, que unas tienen a otras correspondencia.

6. Mas, para lo que aquí basta, pareceme a mí, y así es, que, si el padre espiritual es inclinado a espíritu de revelaciones, de
manera que le hagan algún caso, o lleno o gusto en el alma, no podrá dejar, aunque el no lo entienda, de imprimir en el espíritu
del discípulo aquel jugo y termino si el discípulo no está más adelante que el. Y, aunque lo este, le podrá hacer harto daño si
con el persevera, porque, de aquella inclinación que el padre espiritual tiene y gusto en las tales visiones, le nace manera de
estimativa, que, si no es con gran cuidado de el, no puede dejar de dar muestras o sentimiento de ello a la otra persona. Y, si la
otra persona tiene el mismo espíritu de la tal inclinación, a lo que yo entiendo, no podrá dejar de comunicarse mucha aprehensión y
estimación de estas cosas de una parte a otra.

7. Pero no hilemos ahora tan delgado, sino hablemos de cuando el confesor, ahora sea inclinado a eso, ahora no, no tiene el recato
que ha de tener en desembarazar el alma y desnudar el apetito de su discípulo en estas cosas, antes se pone a platicar de ello con
el, y lo principal del lenguaje espiritual, como habemos dicho, pone en esas visiones, dándoles indicios para conocer las visiones
buenas y malas. Que, aunque es bueno saberlo, no hay para que meter al alma en ese trabajo, cuidado y peligro; pues, con no
hacer caso de ellas, negándolas, se excusa todo eso y se hace lo que se debe. Y no sólo eso, sino que ellos mismos, como ven que
las dichas almas tienen tales cosas de Dios, les piden que pidan a Dios les revele o les diga tales o tales cosas tocantes a ellos o
a otros, y las almas bobas lo hacen, pensando es lícito quererlo saber por aquella vía. Que piensan que, porque Dios quiere revelar
o decir algo sobrenaturalmente como el quiere o para lo que el se quiere, que es lícito querer que nos lo revele y aun pedírselo.

8. Y si acaece que a su petición lo revela Dios, asegúranse más, pensando que Dios gusta de ello y lo quiere, pues que responde; y,
a la verdad, ni Dios gusta ni lo quiere. Y ellos muchas veces obran o creen según aquello que se les reveló o se les respondió,
porque, como ellos están aficionados a aquella manera de trato con Dios, asientaseles mucho y allánaseles la voluntad. Naturalmente
gustan y naturalmente se allanan a su modo de entender; y yerran mucho muchas veces, y ven ellos que no les sale como habían
entendido, y maravíllanse; y luego salen las dudas en si era de Dios (o no era de Dios) pues no acaece ni lo ven de aquella
manera. Pensaban ellos primero dos cosas: la una, que era de Dios, pues tanto se les asentaba primero, y puede ser el natural
inclinado a ello que causa aquel asiento, como habemos dicho; y que, la segunda, siendo de Dios, había de salir así como en ellas
entendían o pensaban.

9. Y aquí está un grande engaño, porque las revelaciones o locuciones de Dios no siempre salen como los hombres las entienden
o como ellas suenan en sí. Y así no se han de asegurar en ellas ni creerlas a carga cerrada aunque sepan que son revelaciones o
respuestas o dichos de Dios. Porque, aunque ellas sean ciertas y verdaderas en sí, no lo son siempre en sus causas y en nuestra
manera de entender. Lo cual probaremos en el capítulo siguiente. Y tambien diremos y probaremos despues cómo aunque Dios responde a
veces a lo que se le pide sobrenaturalmente, no gusta de ello, y cómo a veces se enoja, aunque responde.


CAPÍTULO 19

En que se declara y prueba cómo, aunque las visiones y locuciones
que son de parte de Dios son verdaderas, nos podemos engañar
acerca de ellas. Pruebase con autoridades de la Escritura divina.

1. Por dos cosas dijimos que, aunque las visiones y locuciones de
Dios son verdaderas y siempre en sí ciertas, no lo son siempre
para con nosotros. La una es por nuestra defectuosa manera de
entenderlas, y la otra, porque las causas de ellas a veces son
variables. Las cuales dos cosas probaremos con algunas autoridades
divinas.

Cuanto a lo primero, está claro que no son siempre ni acaecen como
suenan a nuestra manera de entender. La causa de esto es porque,
como Dios es inmenso y profundo, suele llevar en sus profecías,
locuciones y revelaciones, otras vías, conceptos e inteligencias
muy diferentes de aquel propósito y modo a que comúnmente se
pueden entender de nosotros, siendo ellas tanto más verdaderas y
ciertas cuanto a nosotros nos parece que no. Lo cual (a) cada paso
vemos en la Sagrada Escritura; donde a muchos de los antiguos no
les salían muchas profecías y locuciones de Dios como ellos
esperaban, por entenderlas ellos a su modo, de otra manera, muy a
la letra. Lo cual se verá claro por estas autoridades.

2. En el Genesis (15, 7) dijo Dios a Abraham, habiendole traído a
la tierra de los cananeos: Tibi dabo terram hanc; que quiere
decir: Esta tierra te dare a ti. Y como se lo dijese muchas veces
y Abraham fuese ya muy viejo y nunca se la daba, diciendoselo Dios
otra vez, respondió Abraham y dijo (Gn. 15, 8): Domine, unde scire
possum quod possesurus sum eam?, esto es: Señor, ¿de dónde o por
que señal tengo de saber que la tengo de poseer? Entonces le
reveló Dios que no el en persona, sino sus hijos, despues de
cuatrocientos años, la habían de poseer. De donde acabó Abraham de
entender la promesa, la cual era en sí verdaderísima, porque,
dándola Dios a sus hijos por amor de el, era dársela a el. Y así,
Abraham estaba engañado en la manera de entender. Y si entonces
obrara según el entendía la profecía, pudiera errar mucho, pues no
era de aquel tiempo (y) los que le vieran morir sin dársela,
habiendole oído decir que Dios se la había de dar, quedaran
confusos y creyendo haber sido falso.

3. Tambien a su nieto Jacob, al tiempo que Jose, su hijo, le llevó
a Egipto por la hambre de Canaán, estando en el camino, le
apareció Dios y le dijo (Gn. 46, 3­4): Jacob, Jacob, noli timere,
descende in Aegyptum, quia in gentem magnam faciam te ibi. Ego
descendam tecum illuc, et inde adducam te revertentem; que quiere
decir: Jacob, no temas, desciende a Egipto, que yo descendere allí
contigo, y cuando de ahí volvieres a salir, yo te sacare,
guiándote. Lo cual no fue como a nuestra manera de entender suena;
porque sabemos que el santo viejo Jacob murió en Egipto, y no
volvió a salir vivo. Y era que se había de cumplir en sus hijos, a
los cuales sacó de allí despues de muchos años, siendoles el mismo
la guía del camino. Donde se ve claro que cualquiera que supiera
esta promesa de Dios a Jacob pudiera tener por cierto que Jacob,
así como había entrado vivo y en persona en Egipto por el orden y
favor de Dios, así sin falta, vivo y en persona había de volver a
salir de la misma forma y manera, pues le había Dios prometido la
salida y el favor en ella; y engañárase y maravillárase viendole
morir en Egipto y que no se cumplía como se esperaba. Y así,
siendo el dicho de Dios verdaderísimo en sí, acerca de el se
pudieran mucho engañar.

4. En los Jueces (20, 11 ss.) tambien leemos que, habiendose
juntado todas las tribus de Israel para pelear contra la tribu de
Benjamín, para castigar cierta maldad que entre ellos se había
consentido, por razón de haberles Dios señalado capitán para la
guerra, fueron ellos tan asegurados de la victoria, que, saliendo
vencidos y muertos de los suyos veintidós mil, quedaron muy
maravillados y puestos delante de Dios llorando todo aquel día, no
sabiendo la causa de la caída, habiendo ellos entendido la
victoria por suya. Y como preguntasen a Dios si volverían a pelear
o no, les respondió que fuesen y peleasen contra ellos. Los
cuales, teniendo ya esta vez por suya la victoria, salieron con
grande atrevimiento, y salieron vencidos tambien la segunda vez y
con perdida de diez y ocho mil de su parte. De donde quedaron
confusísimos, no sabiendo que se hacer, viendo que, mandándoles
Dios pelear, siempre salían vencidos, mayormente excediendo ellos
a los contrarios en número y fortaleza, porque los de Benjamín no
eran más de veinticinco mil y setecientos, y ellos eran
cuatrocientos mil. Y de esta manera se engañaban ellos en su
manera de entender, porque el dicho de Dios no era engañoso,
porque el no les había dicho que vencerían, sino que peleasen;
porque en estas caídas les quiso Dios castigar cierto descuido y
presunción que tuvieron, y humillarlos así. Mas cuando a la postre
les respondió que vencerían, así fue, aunque vencieron con harto
ardid y trabajo.

5. De esta manera y de otras muchas acaece engañarse las almas
acerca de las locuciones y revelaciones de parte de Dios, por
tomar la inteligencia de ellas a la letra y corteza. Porque, como
ya queda dado a entender, el principal intento de Dios en aquellas
cosas es decir y dar el espíritu que está allí encerrado, el cual
es dificultoso de entender. Y este es muy más abundante que la
letra y muy extraordinario y fuera de los límites de ella. Y así,
el que se atare a la letra, o locución, o forma, o figura
aprehensible de la visión, no podrá dejar de errar mucho y
hallarse despues muy corto y confuso, por haber guiádose según el
sentido en ellas y no dado lugar al espíritu en desnudez del
sentido. Littera, enim, occidit, spiritus autem vivificat, como
dice san Pablo (2 Cor. 3, 6), esto es: La letra mata y el espíritu
da vida. Por lo cual se ha de renunciar la letra, en este caso,
del sentido y quedarse a oscuras en fe, que es el espíritu, al
cual no puede comprehender el sentido.

6. Por lo cual, muchos de los hijos de Israel, porque entendían
muy a la letra los dichos y profecías de los profetas, no les
salían como ellos esperaban, y así las venían a tener en poco y no
las creían; tanto, que vino a haber entre ellos un dicho público,
casi ya como proverbio, escarneciendo de los profetas. De lo cual
se queja Isaías (28, 9­11), diciendo y refiriendo en esta manera:
Quem docebit Dominus scientiam? et quem intelligere faciet
auditum? ablactatos a lacte, avulsos ab uberibus. Quia manda,
remanda, manda, remanda; exspecta, reexpecta, exspecta,
reexspecta; modicum ibi, modicum ibi. In loquela enim labii et
lingua altera loquetur ad populum istum; quiere decir: ¿A quien
enseñará Dios ciencia? ¿Y a quien hará entender la profecía y
palabra suya? Solamente a aquellos que están ya apartados de la
leche y desarraigados de los pechos. Porque todos dicen -es a
saber, sobre las profecías-: promete y vuelve y vuelve luego a
prometer, espera y vuelve a esperar, espera y vuelve a esperar; un
poco allí; porque en la palabra de su labio y en otra lengua
hablará a este pueblo. Donde claramente da a entender Isaías que
hacían estos burla de las profecías y decían por escarnio este
proverbio de espera y vuelve luego a esperar, dando a entender que
nunca se les cumplía, porque estaban ellos asidos a la letra, que
es la leche de niños, y al sentido, que son los pechos que
contradicen la grandeza de la ciencia del espíritu. Por lo cual
dice: ¿A quien enseñará la sabiduría de sus profecías? ¿Y a quien
hará entender su doctrina, sino a los que ya están apartados de la
leche de la letra y de los pechos de sus sentidos? Que por eso
estos no la entienden sino según esa leche la corteza y letra y
esos pechos de sus sentidos, pues dicen: Promete y vuelve luego a
prometer, promete y vuelve a prometer, espera y vuelve a esperar,
etc. Porque en la doctrina de la boca de Dios y no en la suya, y
en otra lengua que en esta suya, los ha Dios de hablar.

7. Y así, no se ha de mirar en ello nuestro sentido y lengua
sabiendo que es otra la de Dios, según el espíritu de aquello muy
diferente de nuestro entender y dificultoso. Y eslo tanto, que aun
el mismo Jeremías, con ser profeta de Dios, viendo los conceptos
de las palabras de Dios tan diferentes del común sentido de los
hombres, parece que tambien alucina el en ellos y que vuelve por
el pueblo diciendo (4, 10): Heu, heu, heu, Domine Deus, ergone
decepisti populum istum et Ierusalem, dicens: Pax erit vobis, et
ecce pervenit gladius usque ad animam?; que quiere decir: ¡Ay, ay,
ay, Señor Dios!, ¿por ventura has engañado a este pueblo y a
Jerusalen, diciendo: Paz vendrá sobre vosotros, y ves aquí ha
venido cuchillo hasta el ánima? Y era que la paz que les prometía
Dios era la que había de haber entre Dios y el hombre por medio
del Mesías que les había de enviar, y ellos entendían de la paz
temporal. Y, por eso, cuando tenían guerras y trabajos, les
parecía engañarles Dios, acaeciendoles al contrario de lo que
ellos esperaban. Y así decían, como tambien dice Jeremías (8, 15):
Exspectavimus pacem, et non est bonum; esto es: Esperando habemos
paz, y no hay quien de paz. Y así, era imposible dejarse ellos de
engañar, gobernándose sólo por el sentido literal.

Porque ¿quien dejará de confundirse y errar si se atara a la letra
en aquella profecía que dijo David de Cristo (salmo 71, y en todo
lo que dice en el) donde dice: Et dominabitur a mari usque ad
mare, et a flumine usque ad terminos orbis terrarum (v. 8), esto
es: Enseñorearse ha desde un mar hasta otro mar y desde el río
hasta los terminos de la tierra; y en lo que allí tambien dice:
Liberabit pauperem a potente, et pauperem cui non erat adiutor (v.
12); que quiere decir: Liberará al pobre del poder del poderoso, y
al pobre que no tenía ayudador; viendole despues nacer en bajo
estado, y vivir en pobreza, y morir en miseria, y que no sólo
temporalmente no se enseñoreó de la tierra mientras vivió, sino
que se sujetó a gente baja, hasta que murió debajo del poder de
Poncio Pilato, y que no sólo a sus discípulos pobres no los libró
de las manos de los poderosos temporalmente, mas los dejó matar y
perseguir por su nombre.

8. Y era que estas profecías se habían de entender espiritualmente
de Cristo; según el cual sentido eran verdaderísimas; porque
Cristo no sólo era señor de la tierra sola, sino del Cielo, pues
era Dios. Y a los pobres que le habían de seguir, no sólo los
había de redimir y librar del poder del demonio, que era el
potente contra el cual ningún ayudador tenían, sino que los había
de hacer herederos del reino de los cielos. Y así hablaba Dios,
según lo principal, de Cristo y sus secuaces, que eran reino
eterno y libertad eterna; y ellos entendíanlo a su modo, de lo
menos principal, de que Dios hace poco caso, que era señorío
temporal y libertad temporal, lo cual delante de Dios ni es reino
ni libertad.

De donde, cegándose ellos de la bajeza de la letra y no
entendiendo el espíritu y verdad de ella, quitaron la vida a su
Dios y Señor, según San Pablo (Act. 13, 27) dijo en esta manera:
Qui enim habitabant Ierusalem et principes eius hunc ignorantes,
et voces prophetarum, quae per omne sabbatum leguntur, iudicantes
impleverunt; que quiere decir: los que moraban en Jerusalen y los
príncipes de ella no sabiendo quien era ni entendiendo los dichos
de los profetas, que cada sábado se recitan, juzgando, le
acabaron.

9. Y a tanto llegaba esta dificultad de entender los dichos de
Dios como convenía, que hasta sus mismos discípulos que con el
habían andado, estaban engañados; cual eran aquellos dos que
despues de su muerte iban al castillo de Emaús, tristes,
desconfiados y diciendo (Lc. 24, 21): Nos autem sperabamus quod
ipse esset redempturus Israel, esto es: Nosotros esperábamos que
había de redimir a Israel, y entendiendo ellos tambien que había
de ser la redención y señorío temporal. A los cuales, apareciendo
Cristo nuestro Redentor, reprendió de insipientes y pesados y
rudos de corazón para creer las cosas que habían dicho los
profetas (Lc. 24, 25). Y aún al tiempo que se iba al cielo,
todavía estaban algunos en aquella rudeza, y le preguntaron (Act.
1, 6), diciendo: Domine, si in tempore hoc restitues regnum
Israel?, esto es: Señor, haznos saber si has de restituir en este
tiempo al Reino de Israel.

Hace decir el Espíritu Santo muchas cosas en que el lleva sentido
[del] que entienden los hombres, como se echa de ver en lo que
hizo de decir a Caifás de Cristo: Que convenía que un hombre
muriese porque no pereciese toda la gente (Jn. 11, 50). Lo cual no
lo dijo de suyo; y el lo dijo y entendió a un fin, y el Espíritu
Santo a otro.

10. De donde se ve que, aunque los dichos y revelaciones sean de
Dios, no nos podemos asegurar en ellos, pues nos podemos mucho y
muy fácilmente engañar en nuestra manera de entenderlos; porque
ellos todos son abismo y profundidad de espíritu, y quererlos
limitar a lo que de ellos entendemos y puede aprehender el sentido
nuestro no es más que querer palpar el aire y palpar alguna mota
que encuentra la mano en el; y el aire se va y no queda nada.

11. Por eso, el maestro espiritual ha de procurar que el espíritu
de su discípulo no se abrevie en querer hacer caso de todas las
aprehensiones sobrenaturales, que no son más que unas motas de
espíritu, con las cuales solamente se vendrá a quedar y sin
espíritu ninguno; sino, apartándole de todas visiones y
locuciones, impóngale en que se sepa estar en libertad y tiniebla
de fe, en que se recibe la libertad de espíritu y abundancia, y,
por consiguiente, la sabiduría e inteligencia propia de los dichos
de Dios.

Porque es imposible que el hombre, si no es espiritual, pueda
juzgar de las cosas de Dios ni entenderlas razonablemente, y
entonces no es espiritual cuando las juzga según el sentido. Y
así, aunque ellas vienen debajo de aquel sentido, no las entiende.
Lo cual dice bien san Pablo (1 Cor. 2, 14­15), diciendo: Animalis
autem homo non percipit ea quae sunt Spiritus Dei; stultitia enim
est illi, et non potest intelligere, quia de spiritualibus
examinatur. Spiritualis autem iudicat omnia; que quiere decir: El
hombre animal no percibe las cosas que son del espíritu de Dios,
porque son locura para el, y no puede entenderlas porque son ellas
espirituales; pero el espiritual todas las cosas juzga. "Animal
hombre" entiende aquí el que usa sólo del sentido; "espiritual",
el que no se ata ni guía por el sentido. De donde es temeridad
atreverse a tratar con Dios y dar licencia para ello por vía de
aprehensión sobrenatural en el sentido.

12. Y para que mejor se vea, pongamos aquí algunos ejemplos. Demos
caso que está un santo muy afligido porque le persiguen sus
enemigos, y que le responde Dios, diciendo: Yo te librare de todos
tus enemigos. Esta profecía puede ser verdaderísima y, con todo
eso, venir a prevalecer sus enemigos y morir a sus manos. Y así,
el que la entendiera temporalmente, quedara engañado, porque Dios
pudo hablar de la verdadera y principal libertad y victoria, que
es la salvación donde el alma está libre y victoriosa de todos sus
enemigos, mucho más verdaderamente y altamente que si acá se
librara de ellos. Y así, esta profecía era mucho más verdadera y
más copiosa que el hombre pudiera entender, (si la entendiera
cuanto a esta vida. Porque Dios siempre habla en sus palabras el
sentido más principal y provechoso), y el hombre puede entender a
su modo y a su propósito el menos principal, y así, quedar
engañado; como lo vemos en aquella profecía que de Cristo dice
David en el segundo salmo (v. 9), diciendo: Reges eos in virga
ferrea, et tamquam vas figuli confringes eos, esto es: Regirás
todas las gentes con vara de hierro, y desmenuzarlas has como a un
vaso de barro. En la cual habla Dios según el principal y perfecto
señorío, que es el eterno, el cual se cumplió; y no según el menos
principal, que era el temporal, el cual en Cristo no se cumplió en
toda su vida temporal.

13. Pongamos otro ejemplo. Está una alma con grandes deseos de ser
mártir. Acaecerá que Dios le responda diciendo: Tú serás mártir, y
le de interiormente gran consuelo y confianza de que lo ha de ser.
Y, con todo, acaecerá que no muera mártir, y será la promesa
verdadera. Pues ¿cómo no se cumplió así? Porque se cumplirá y
podrá cumplir según lo principal y esencial de ella, que será
dándole el amor y premio de mártir esencialmente; y así le da
verdaderamente al alma lo que ella formalmente deseaba y lo que el
la prometió. Porque el deseo formal del alma era, no aquella
manera de muerte, sino hacer a Dios aquel servicio de mártir y
ejercitar el amor por el como mártir. Porque aquella manera de
morir, por si no vale nada sin este amor, el cual (amor) y
ejercicio y premio de mártir le da por otros medios muy
perfectamente; de manera que, aunque no muera como mártir, queda
el alma muy satisfecha en que le dio lo que ella deseaba.

Porque tales deseos, cuando nacen de vivo amor, y otros
semejantes, aunque no se les cumpla de aquella manera que ellos
los pintan y los entienden, cúmpleseles de otra y muy mejor y más
a honra de Dios que ellos sabían pedir. De donde dice David (Sal.
9, 17): Desiderium pauperum exaudivit Dominus, esto es: El Señor
cumplió a los pobres su deseo. En los Proverbios (10, 24) dice la
Sabiduría divina: Desiderium suum iustis dabitur: A los justos
dárseles ha su deseo. De donde, pues vemos que muchos santos
desearon muchas cosas en particular por Dios y no se les cumplió
en esta vida su deseo, es de fe que, siendo justo y verdadero su
deseo, se les cumplió en la otra perfectamente. Lo cual, siendo
así verdad, tambien lo sería prometersele Dios en esta vida,
diciendoles: "Vuestro deseo se cumplirá"; y no ser en la manera
que ellos pensaban.

14. De esta y de otras maneras pueden ser las palabras y visiones
de Dios verdaderas y ciertas, y nosotros engañarnos en ellas, por
no las saber entender alta y principalmente y a los propósitos y
sentidos que Dios en ellas lleva. Y así, es lo más acertado y
seguro hacer que las almas huyan con prudencia de las tales cosas
sobrenaturales, acostumbrándolas, como habemos dicho, a la pureza
de espíritu en fe oscura, que es el medio de la unión.
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CAPÍTULO 20

En que se prueba con autoridades de la Sagrada Escritura cómo los
dichos y palabras de Dios, aunque siempre son verdaderas, no son
siempre ciertas en sus propias causas.

1. Ahora nos conviene probar la segunda causa porque las visiones
y palabras de parte de Dios, aunque son siempre verdaderas en sí,
no son siempre ciertas cuanto a nosotros; y es por razón de sus
causas, en que ellas se fundan. Porque muchas veces dice Dios
cosas que van fundadas sobre criaturas y efectos de ellas, que son
variables y pueden faltar, y así, las palabras que sobre esto se
fundan tambien pueden ser variables y pueden faltar. Porque,
cuando una cosa depende de otra, faltando la una, falta tambien la
otra. Como si Dios dijese: "De aquí a un año tengo de enviar tal
plaga a este reino"; y la causa y fundamento de esta amenaza es
cierta ofensa que se hace a Dios en el reino: si cesase o variase
la ofensa, podrá cesar el castigo y era verdadera la amenaza,
porque iba fundada sobre la actual culpa, la cual, si durara, se
ejecutara.

2. Esto vemos haber acaecido en la ciudad de Nínive de parte de
Dios, diciendo (Jon. 3, 4): Adhuc quadraginta diebus, et Ninive
subvertetur; que quiere decir: De aquí a cuarenta días ha de ser
asolada Nínive. Lo cual no se cumplió porque cesó la causa de esta
amenaza, que eran sus pecados, haciendo penitencia de ellos; la
cual si no hicieran, se cumpliera. Tambien leemos en el libro 3º
de los Reyes (21, 21) que, habiendo hecho al rey Acab un pecado
muy grande, le envió Dios a prometer un grande castigo, siendo
nuestro padre Elías el mensajero, sobre su persona, sobre su casa
y sobre su reino. Y, porque Acab rompió las vestiduras de dolor, y
se vistió de cilicio y ayunó y durmió en saco y anduvo triste y
humillado, le envió luego a decir con el mismo profeta estas
palabras: Quia igitur humiliatus est mei causa, non inducam malum
in diebus eius, sed in diebus filii sui; que quiere decir: Por
cuanto Acab se ha humillado por amor de mí, no enviare el mal que
dije en sus días, sino en los de su hijo (21, 29). Donde vemos
que, porque mudó Acab el ánimo y afecto con que estaba, mudó
tambien Dios su sentencia.

3. De donde podemos colegir para nuestro propósito que, aunque
Dios haya revelado o dicho a un alma afirmativamente cualquiera
cosa, en bien o en mal, tocante a la misma alma o a otras, se
podrá mudar en más o en menos, o variar o quitar del todo, según
la mudanza o variación del afecto de la tal alma o causa sobre que
Dios se fundaba; y así, no cumplirse como se esperaba, y sin saber
por que muchas veces, sino sólo Dios. Porque aun muchas cosas
suele Dios decir y enseñar y prometer, no para que entonces se
entiendan ni se posean, sino para que despues se entiendan cuando
convenga tener la luz de ellas o cuando se consiga el efecto de
ellas; como vemos que hizo con sus discípulos, a los cuales decía
muchas parábolas y sentencias, cuya sabiduría no entendieron hasta
el tiempo que habían de predicarla, que fue cuando vino sobre
ellos el Espíritu Santo, del cual les había dicho Cristo (Jn. 14,
26) que les declararía todas las cosas que el les había dicho en
su vida. Y hablando san Juan (12, 16) sobre aquella entrada de
Cristo en Jerusalen, dice: Haec non cognoverunt discipuli eius
primum: sed quando glorificatus est Jesus, tunc recordati sunt
quia haec erant scripta de eo. Y así, muchas cosas de Dios pueden
pasar por el alma muy particulares que ni ella ni quien la
gobierna las entiendan hasta su tiempo.

4. En el libro primero de los Reyes (2, 30) tambien leemos que,
enojado Dios contra Helí, sacerdote de Israel, por los pecados que
no castigaba a sus hijos, le envió a decir con Samuel, entre otras
palabras, estas que se siguen: Loquens locutus sum, ut domus tua,
et domus patris tui, ministraret in conspectu meo, usque in
sempiternum. Verumtamen absit hoc a me. Y es como si dijera: Muy
de veras dije antes de ahora que tu casa y la casa de tu padre
había siempre de servirme de sacerdocio en mi presencia para
siempre. Pero este propósito muy lejos está de mí. No hare tal.
Que, por cuanto este oficio de sacerdocio se fundaba en dar honra
y gloria a Dios, y por este fin había Dios prometido darlo a su
padre para siempre, en faltando el celo a Helí de la honra de Dios
porque, como el mismo Dios se le envió a quejar, honraba más a sus
hijos que a Dios, disimulándoles los pecados por no los afrentar,
faltó tambien la promesa, la cual era para siempre si para siempre
en ellos durara el buen servicio y celo.

Y así, no hay que pensar que, porque sean los dichos y
revelaciones de parte de Dios, han infaliblemente de acaecer como
suenan, mayormente cuando están asidos a causas humanas, que
pueden variar, o mudarse o alterarse.

5. Y cuándo ellos están pendientes de estas causas Dios solo sabe,
que no siempre lo declara, sino dice el dicho o hace la revelación
y calla la condición algunas veces, como hizo a los ninivitas, que
determinadamente les dijo que habían de ser destruidos pasados
cuarenta días (Jon. 3, 4). Otras veces la declara, como hizo a
Roboán, diciendole (3 Re. 11, 38): Si tú guardares mis
mandamientos como mi siervo David, yo tambien sere contigo como
con el, y te edificare casa como a mi siervo David. Pero, ahora lo
declare, ahora no, no hay que asegurarse en la inteligencia,
porque no hay poder comprehender las verdades ocultas de Dios que
hay en sus dichos y multitud de sentidos. El está sobre el cielo y
habla en camino de eternidad; nosotros, ciegos, sobre la tierra, y
no entendemos sino vías de carne y tiempo. Que por eso entiendo
que dijo el Sabio (Ecli. 5, 1): Dios está sobre el cielo, y tú
sobre la tierra; por tanto, no te alargues ni arrojes en hablar.

6. Y dirásme, por ventura: Pues si no lo habemos de entender ni
entremeternos en ello, ¿por que nos comunica Dios esas cosas? Ya
he dicho que cada cosa se entenderá en su tiempo por orden del que
lo habló, y entenderlo ha quien el quisiere, y se verá que convino
así, porque no hace Dios cosa sin causa y verdad. Pero esto se
crea: que no hay acabar de comprehender sentido en los dichos y
cosas de Dios, ni que determinarse a lo que parece, sin errar
mucho y venir a hallarse muy confuso.

Esto sabían muy bien los profetas, en cuyas manos andaba la
palabra de Dios, a los cuales era grande trabajo la profecía
acerca del pueblo; porque, como (habemos) dicho, mucho de ello no
lo veían acaecer como a la letra se les decía. Y era causa de que
hiciesen mucha risa y mofa de los profetas; tanto, que vino a
decir Jeremías (20, 7): Búrlanse de mi todo el día, todos me mofan
y desprecian, porque ya ha mucho que doy voces contra la maldad y
les prometo destrucción, y hase hecho la palabra del Señor para mi
afrenta y burla todo el tiempo. Y dije: No me tengo de acordar de
el ni tengo más de hablar en su nombre. En lo cual, aunque el
santo profeta decía con resignación y en figura del hombre flaco
que no puede sufrir las vías y vueltas de Dios, da bien a entender
en esto la diferencia del cumplimiento de los dichos divinos, del
común sentido que suenan, pues a los divinos profetas tenían por
burladores, y ellos sobre la profecía padecían tanto, que el mismo
Jeremías en otra parte (Lm. 3, 47) dijo: Formido et laqueus facta
est nobis vaticinatio et contritio; que quiere decir: Temor y lazo
se nos ha hecho la profecía, y contradicción de espíritu.

7. Y la causa por que Jonás huyó cuando le enviaba Dios a predicar
la destrucción de Nínive fue esta, conviene a saber: el conocer la
variedad de los dichos de Dios acerca del entender de los hombres
y de las causas de los dichos. Y así, porque no hiciesen burla de
el cuando no viesen cumplida su profecía, se iba huyendo por no
profetizar; y así estuvo esperando todos los cuarenta días fuera
de la ciudad, a ver si se cumplía su profecía; y, como no se
cumplió, se afligió grandemente, tanto que dijo a Dios (Jon. 4,
2): Obsecro, Domine, numquid non hoc est verbum meum, cum adhuc
essem in terra mea? propter hoc praeoccupavi, ut fugerem in
Tharsis; esto es: Ruegote, Señor, ¿por ventura no es esto lo que
yo decía, estando en mi tierra? Por eso contradije, y me fui
huyendo a Tarsis. Y enojóse el santo, y rogó a Dios que le quitase
la vida.

8. ¿Que hay, pues, de que maravillarnos de que algunas cosas que
Dios hable y revele a las almas no salgan así como ellas las
entienden? Porque, dado caso que Dios afirme al alma o la
represente tal o tal cosa de bien o de mal para sí o para otra, si
aquello va fundado en cierto afecto o servicio u ofensa que
aquella alma o la otra entonces hacen a Dios, y de manera que, si
perseveran en aquello, se cumplirá, no por eso es cierto; pues no
es cierto el perseverar. Por tanto, no hay que asegurarse en su
inteligencia, sino en fe.
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CAPÍTULO 21

En que declara cómo, aunque Dios responde a lo que se le pide
algunas veces, no gusta de que usen de tal termino. Y prueba cómo,
aunque condesciende y responde, muchas veces se enoja.

1. Asegúranse, como habemos dicho, algunos espirituales en tener
por buena la curiosidad que algunas veces usan en procurar saber
algunas cosas por vía sobrenatural, pensando que, pues Dios
algunas veces responde a instancia de ello, que es aquel buen
termino y que Dios gusta de el; como quiera que sea verdad que,
aunque les responde, ni es buen termino ni Dios gusta de el, antes
disgusta; y no sólo eso, mas muchas veces se enoja y ofende mucho.

La razón de esto es, porque a ninguna criatura le es lícito salir
fuera de los terminos que Dios la tiene naturalmente ordenados
para su gobierno. Al hombre le puso terminos naturales y
racionales para su gobierno; luego querer salir de ellos no es
lícito, y querer averiguar y alcanzar cosas por vía sobrenatural
es salir de los terminos naturales; luego es cosa no lícita; luego
Dios no gusta de ellos, pues de todo lo ilícito se ofende. Bien
sabía esto el rey Acab, pues que, aunque de parte de Dios le dijo
Isaías que pidiese una señal, no quiso hacerlo, diciendo (Is. 7,
12): Non petam, et non tentabo Dominum, esto es: No pedire tal
cosa y no tentare a Dios. Porque tentar a Dios es querer tratarle
por vías extraordinarias, cuales son las sobrenaturales.

2. Direis: Pues, si así es, que Dios no gusta, ¿por que algunas
veces responde Dios? Digo que (algunas veces responde el demonio;
pero las que responde Dios digo que es): por la flaqueza del alma
que quiere ir por aquel camino, porque no se desconsuele y vuelva
atrás, o por que no piense está Dios mal con ella y se sienta
demasiado, o por otros fines que Dios sabe, fundados en la
flaqueza de aquel alma, por donde ve que conviene, responde y
condesciende por aquella vía. Como tambien lo hace con muchas
almas flacas y tiernas en darles gustos y suavidad en el trato con
Dios muy sensible, según está dicho arriba; mas no porque el
quiera ni guste que con el se trate con ese termino ni por esa
vía. Mas a cada uno da, como habemos dicho, según su modo; porque
Dios es como la fuente, de la cual cada uno coge como lleva el
vaso, y a veces las deja coger por esos caños extraordinarios; mas
no se sigue por eso que es lícito (querer) coger el agua por
ellos, si no es al mismo Dios, que la puede dar cuándo, cómo y a
quien el quiere, y por lo que el quiere, sin pretensión de la
parte. Y así, como decimos, algunas veces condesciende con el
apetito y ruego de algunas almas, que porque son buenas y
sencillas, no quiere dejar de acudir por no entristecerlas, mas no
porque guste del tal termino.

3. Lo cual se entenderá mejor por esta comparación. Tiene un padre
de familia en su mesa muchos y diferentes manjares y unos mejores
que otros. Está un niño pidiendole de un plato, no del mejor, sino
del primero que encuentra; y pide de aquel porque el sabe comer de
aquel mejor que de otro. Y, como el padre ve que aunque le de del
mejor manjar no lo ha de tomar, sino aquel que pide, y que no
tiene gusto sino en aquel, porque no se quede sin su comida y
desconsolado, dale de aquel con tristeza. Como vemos que hizo Dios
con los hijos de Israel cuando le pidieron rey: se lo dio de mala
gana, porque no les estaba bien. Y así, dijo a Samuel (1 Sm. 8,
7): Audi vocem populi in omnibus quae loquuntur tibi: non enim te
abiecerunt, sed me; que quiere decir: Oye la voz de este tu pueblo
y concedeles el rey que te piden, porque no te han desechado a ti,
sino a mí, porque no reine yo sobre ellos. A la misma manera
condesciende Dios con algunas almas, concediendoles lo que no les
está mejor, porque ellas no quieren o no saben ir sino por allí. Y
así, tambien algunas alcanzan ternuras y suavidad de espíritu o
sentido, y dáselo Dios porque no son para comer el manjar más
fuerte y sólido de los trabajos de la cruz de su Hijo, a que el
querría echasen mano más que a otra alguna cosa.

4. Aunque querer saber cosas por vía sobrenatural, por muy peor lo
tengo que querer otros gustos espirituales en el sentido. Porque
yo no veo por dónde el alma que las pretende deje de pecar por lo
menos venialmente, aunque más buenos fines tenga y más puesta este
en perfección, y quien se lo mandase y consintiese tambien. Porque
no hay necesidad de nada de eso, pues hay razón natural y ley y
doctrina evangelica, por donde muy bastantemente se pueden regir,
y no hay dificultad ni necesidad que no se pueda desatar y
remediar por estos medios muy a gusto de Dios y provecho de las
almas.

Y tanto nos habemos de aprovechar de la razón y doctrina
evangelica, que, aunque ahora queriendo nosotros, ahora no
queriendo, se nos dijesen algunas cosas sobrenaturales, sólo
habemos de recibir aquello que cae en mucha razón y ley
evangelica. Y entonces recibirlo, no porque es revelación, sino
porque es razón, dejando aparte todo sentido de revelación; y aun
entonces conviene mirar y examinar aquella razón mucho más que si
no hubiese revelación sobre ella, por cuanto el demonio dice
muchas cosas verdaderas y por venir, y conformes a razón, para
engañar.

5. De donde no nos queda en todas nuestras necesidades, trabajos y
dificultades, otro medio mejor y más seguro que la oración y
esperanza que el proveerá por los medios que el quisiere. Y este
consejo se nos da en la sagrada Escritura (2 Par. 20, 12), donde
leemos que, estando el rey Josafat afligidísimo cercado de
enemigos, poniendose en oración, dijo el santo rey a Dios: Cum
ignoramus quod facere debeamus, hoc solum habemus residui, ut
oculos nostros dirigamus ad te. Y es como si dijera: Cuando faltan
los medios y no llega la razón a proveer en las necesidades, sólo
nos queda levantar los ojos a ti, para que tú proveas como mejor
te agradare.

6. Y que tambien Dios, aunque responda a las tales pretensiones
algunas veces, se enoje, aunque tambien queda dado a entender,
todavía será bueno probarlo con algunas autoridades de la sagrada
Escritura.

En el primer libro de los Reyes (28, 6­15) se dice que, pidiendo
el rey Saúl que le hablase el profeta Samuel que era ya muerto, le
apareció el dicho profeta; y con todo eso, se enojó Dios, porque
luego le reprehendió Samuel por haberse puesto en tal cosa,
diciendo: Quare inquietasti me, ut suscitarer?; esto es: ¿Por que
me has inquietado en hacerme resucitar?

Tambien sabemos que, no porque respondió Dios a los hijos de
Israel dándoles las carnes que pedían, se dejase de enojar mucho
contra ellos, porque luego les envió fuego del cielo en castigo,
según se lee en el Pentateuco (Núm. 11, 32­33) y lo cuenta David
(Sal. 77, 30­31) diciendo: Adhuc escae eorum erant in ore ipsorum,
et ira Dei descendit super eos; que quiere decir: Aún teniendo
ellos los bocados en sus bocas, descendió la ira de Dios sobre
ellos.

Y tambien leemos en los Números (22, 32) que se enojó Dios mucho
contra Balam profeta porque fue a los madianitas llamado por
Balac, rey de ellos, aunque dijo Dios que fuese porque tenía el
gana de ir y lo había pedido a Dios; porque, estando ya en el
camino, le apareció el ángel con la espada y le quería matar, y le
dijo: Perversa est via tua mihique contraria: Tu camino es
perverso y a mí contrario. Y por eso le quería matar.

7. De esta manera y de otras muchas condesciende Dios enojado con
los apetitos de las almas. De lo cual tenemos muchos testimonios
en la sagrada Escritura, y sin eso muchos ejemplos. Pero no son
menester en cosa tan clara. Sólo digo que es cosa peligrosísima,
más que sabre decir, querer tratar con Dios por tales vías y que
no dejará de errar mucho y hallarse muchas veces confuso el que
fuere aficionado a tales modos. Y esto, el que hubiere hecho caso
de ellos me entenderá por la experiencia. Porque allende de la
dificultad que hay en saber no errar en las locuciones y visiones
que son de Dios, hay ordinariamente entre ellas muchas que son del
demonio; porque comúnmente anda en el alma en aquel traje que anda
Dios con ella, poniendole cosa tan verosímil a las que Dios le
comunica, por injerirse el a vueltas, como el lobo entre el ganado
con pellejo de oveja (Mt. 7, 15), que apenas se puede entender.
Porque como dice muchas cosas verdaderas y conformes a razón y
cosas que salen verdaderas, puedense engañar fácilmente pensando
que, pues sale verdad y cierta en lo que está por venir, que no
será sino Dios. Porque no saben que es cosa facilísima, a quien
tiene clara la luz natural, conocer las cosas, o muchas de ellas,
que fueron o que serán, en sus causas. Y como quiera que el
demonio tenga esta lumbre tan viva, puede facilísimamente colegir
tal efecto de tal causa, aunque no siempre sale así, pues todas
las causas dependen de la voluntad de Dios.

8. Pongamos ejemplo: conoce el demonio que la disposición de la
tierra y aires y termino que lleva el sol, van de manera y en tal
grado de disposición, que necesariamente, llegado tal tiempo,
habrá llegado la disposición de estos elementos, según el termino
que llevan, a inficionarse, y así a inficionar la gente con
pestilencia, y en las partes que será más y en las que será menos.
Ve aquí conocida la pestilencia en su causa. ¿Que mucho es que,
revelando el demonio esto a una alma, diciendo: "De aquí a un año
o medio habrá pestilencia", que salga verdadero? Y es profecía del
demonio. Por la misma manera puede conocer los temblores de la
tierra, viendo que se van hinchiendo los senos de ella de aire, y
decir: "En tal tiempo temblará la tierra"; lo cual es conocimiento
natural; para el cual basta tener el ánimo libre de las pasiones
del alma, según lo dice Boecio por estas palabras: Si vis claro
lumine cernere verum, gaudia pelle, timorem spemque fugato, nec
dolor adsit, esto es: Si quieres con claridad natural conocer las
verdades, echa de ti el gozo y el temor, y la esperanza y el
dolor.

9. Y tambien se pueden conocer eventos y casos sobrenaturales en
sus causas acerca de la Providencia divina, que justísima y
certísimamente acude a lo que piden las causas buenas o malas de
los hijos de los hombres. Porque se puede conocer naturalmente que
tal o tal persona, o tal o tal ciudad, u otra cosa, llega a tal o
tal necesidad, o tal o tal punto, que Dios, según su providencia y
justicia, ha de acudir con lo que compete a la causa y conforme a
ella, en castigo o en premio o como fuere la causa; y entonces
decir: "En tal tiempo os dará Dios esto, o hará esto, acaecerá
esotro ciertamente". Lo cual dio a entender la santa Judit (11,
12) a Holofernes, la cual, para persuadirle que los hijos de
Israel habían de ser destruidos sin falta, le contó muchos pecados
de ellos primero y miserias que hacían, y luego dijo: Et, quoniam
hoc faciunt, certum est quod in perditionem dabuntur; que quiere
decir: Pues hacen estas cosas, está cierto que serán destruidos.
Lo cual es conocer el castigo en la causa, que es tanto como
decir: cierto está que tales pecados han de causar tales castigos
de Dios, que es justísimo. Y, como dice la Sabiduría divina (Sab.
11, 17): Per quae quis peccat, per haec et torquetur: En aquello o
por aquello que cada uno peca, es castigado.

10. Puede el demonio conocer esto, no sólo naturalmente, sino aun
de experiencia que tiene de haber visto a Dios hacer cosas
semejantes, y decirlo antes y acertar. Tambien el santo Tobías
conoció por la causa el castigo de la ciudad de Nínive; y así,
amonestó a su hijo, diciendo (14, 12­13): Mira, hijo, en la hora
que yo y tu madre murieremos, sal de esta tierra, porque ya no
permanecerá. Video enim quod iniquitas eius finem dabit: Yo veo
claro que su misma maldad ha de ser causa de su castigo, el cual
será que se acabe y destruya. Todo lo cual tambien el demonio y
Tobías podían saber, no sólo en la maldad de la ciudad, sino por
experiencia, viendo que tenían los pecados del mundo por que Dios
le destruyó en el diluvio, y los de los sodomitas, que tambien
perecieron por fuego; aunque tambien Tobías lo conoció por
espíritu divino.

11. Y puede conocer el demonio que Pedro naturalmente (no) puede
vivir más de tantos años y decirlo antes. Y así otras muchas cosas
y de muchas maneras que no se pueden acabar de decir, ni aun
comenzar muchas, por ser intrincadísimas y sutilísimo el en
ingerir mentiras. Del cual no se pueden librar si no es huyendo de
todas revelaciones y visiones y locuciones sobrenaturales.

Por lo cual justamente se enoja Dios con quien las admite, porque
ve es temeridad del tal meterse en tanto peligro, y presunción y
curiosidad, y ramo de soberbia y raíz y fundamento de vanagloria,
y desprecio de las cosas de Dios, y principio de muchos males en
que vinieron muchos. Los cuales tanto vinieron a enojar a Dios,
que de propósito los dejó errar y engañar, y oscurecer el
espíritu, y dejar las vías ordenadas de la vida, dando lugar a sus
vanidades y fantasías, según lo dice Isaías (19, 14), diciendo:
Dominus miscuit in medio eius spiritum vertiginis: que es tanto
como decir: El Señor mezcló en medio espíritu de revuelta y
confusión, que en buen romance quiere decir espíritu de entender
al reves. Lo cual va allí diciendo Isaías llanamente a nuestro
propósito, porque lo dice por aquellos que andaban a saber las
cosas que habían de suceder por vía sobrenatural. Y, por eso, dice
que les mezcló Dios en medio espíritu de entender al reves. No
porque Dios les quisiese ni les diese efectivamente el espíritu de
errar, sino porque ellos se quisieron meter en lo que naturalmente
no podían alcanzar. Enojado de esto, los dejó desatinar, no
dándoles luz en lo que Dios no quería que se entremetiesen. Y así,
dice que les mezcló aquel espíritu Dios privativamente. Y de esta
manera es Dios causa de aquel daño, es a saber, causa privativa,
que consiste en quitar el su luz y favor; tan quitado, que
necesariamente vengan en error.

12. Y de esta manera da Dios licencia al demonio para que ciegue y
engañe a muchos, mereciendolo sus pecados y atrevimientos. Y puede
y se sale con ello el demonio, creyendole ellos y teniendole por
buen espíritu. Tanto, que, aunque sean muy persuadidos que no lo
es, no hay remedio de desengañarse, por cuanto tienen ya por
permisión de Dios, ingerido el espíritu de entender al reves; cual
leemos (3 Re. 22, 22) haber acaecido a los profetas del rey Acab,
dejándoles Dios engañar con el espíritu de mentira, dando licencia
al demonio para ello, diciendo: Decipies, et praevalebis;
egredere, et fac ita; que quiere decir: Prevalecerás con tu
mentira y engañarlos has; sal y (hazlo) así. Y pudo tanto con los
profetas y con el rey para engañarlos, que no quisieron creer al
profeta Miqueas, que les profetizó la verdad muy al reves de lo
que los otros habían profetizado. Y esto fue porque les dejó Dios
cegar, por estar ellos con afecto de propiedad en lo que querían
que les sucediese y respondiese Dios según sus apetitos y deseos;
lo cual era medio y disposición certísima para dejarlos Dios de
propósito cegar y engañar.

13. Porque así lo profetizó Ezequiel (14, 7­9) en nombre de Dios;
el cual, hablando contra el que se pone a querer saber por vía de
Dios curiosamente, según la variedad de su espíritu, dice: Cuando
el tal hombre viniere al profeta para preguntarme a mí por el, yo,
el Señor, le respondere por mí mismo, y pondre mi rostro enojado
sobre aquel hombre; y el profeta cuando hubiere errado en lo que
fue preguntado, ego, Dominus, decepi prophetam illum, esto es: Yo,
el Señor, engañe aquel profeta. Lo cual se ha de entender, no
concurriendo con su favor para que deje de ser engañado; porque
eso quiere decir cuando dice: Yo, el Señor, le respondere por mí
mismo, enojado; lo cual es apartar el su gracia y favor de aquel
hombre. De donde necesariamente se sigue el ser engañado por causa
del desamparo de Dios. Y entonces acude el demonio a responder
según el gusto y apetito de aquel hombre, el cual, como gusta de
ello, y las respuestas y comunicaciones son de su voluntad, mucho
se deja engañar.

14. Parece que nos habemos salido algo del propósito que
prometimos en el título del capítulo, que era probar cómo, aunque
Dios responde, se queja algunas veces. Pero, si bien se mira, todo
lo dicho hace para probar nuestro intento, pues en todo se ve no
gustar Dios de que quieran las tales visiones, pues da lugar a que
de tantas maneras sean engañados en ellas.
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CAPÍTULO 22

En que se desata una duda, cómo no será lícito ahora en la ley de
gracia preguntar a Dios por vía sobrenatural, como lo era en la
Ley Vieja. Pruebase con una autoridad de san Pablo.

1. De entre las manos nos van saliendo las dudas, y así no podemos
correr, con la prisa que querríamos adelante. Porque, así como las
levantamos, estamos obligados a allanarlas necesariamente, para
que la verdad de la doctrina siempre quede llana y en su fuerza.
Pero este bien hay en estas dudas siempre, que, aunque nos impiden
el paso un poco, todavía sirven para más doctrina y claridad de
nuestro intento, como será la duda presente.

2. En el capítulo precedente habemos dicho cómo no es voluntad de
Dios que las almas quieran recibir por vía sobrenatural cosas
distintas de visiones o locuciones, etc. Por otra parte habemos
visto en el mismo capítulo y colegido de los testimonios que allí
se han alegado de la sagrada Escritura que se usaba el dicho trato
con Dios en la Ley Vieja y era lícito; y no sólo lícito, sino que
Dios se lo mandaba. Y, cuando no lo hacían, los reprehendía Dios,
como es de ver en Isaías (30, 2), donde reprehende Dios a los
hijos de Israel porque, sin preguntárselo a el primero, querían
descender en Egipto, diciendo: Et os meum non interrogastis, esto
es: No preguntasteis primero a mi misma boca lo que convenía. Y
tambien leemos en Josue (9, 14) que, siendo engañados los mismos
hijos de Israel por los gabaonitas, les nota allí el Espíritu
Santo esta falta, diciendo: Susceperunt ergo de cibariis eorum, et
os Domini non interrogaverunt, que quiere decir: Recibieron de sus
manjares, y no lo preguntaron a la boca de Dios. Y así vemos en la
divina sagrada Escritura que Moises siempre preguntaba a Dios, y
el rey David y todos los reyes de Israel, para sus guerras y
necesidades, y los sacerdotes y profetas antiguos, y Dios
respondía y hablaba con ellos y no se enojaba, y era bien hecho; y
si no lo hicieran, fuera mal hecho, y así es la verdad. ¿Por que,
pues, ahora en la Ley Nueva y de gracia no lo será como antes lo
era?

3. A lo cual se ha de responder que la principal causa por que en
la Ley de escritura eran lícitas las preguntas que se hacían a
Dios, y convenía que los profetas y sacerdotes quisiesen
revelaciones y visiones de Dios, era porque aún entonces no estaba
bien fundamentada la fe ni establecida la Ley evangelica, y así
era menester que preguntasen a Dios y que el hablase, ahora por
palabras, ahora por visiones y revelaciones, ahora en figuras y
semejanzas, ahora entre otras muchas maneras de significaciones,
porque todo lo que respondía, y hablaba, (y obraba), y revelaba,
eran misterios de nuestra fe y cosas tocantes a ella o enderezadas
a ella; que, por cuanto las cosas de fe no son del hombre sino de
boca del mismo Dios (las cuales por su misma boca habla, por eso
era menester que, como habemos dicho, preguntasen a la misma boca
de Dios); y por eso los reprehendía el mismo Dios, porque en sus
cosas no preguntaban a su boca para que el respondiese,
encaminando sus casos y cosas a la fe, que aún ellos no tenían
sabida, por no estar aún fundada. Pero ya que está fundada la fe
en Cristo y manifiesta la Ley evangelica en esta era de gracia, no
hay para que preguntarle de aquella manera, ni para que el hable
ya ni responda como entonces. Porque en darnos, como nos dio a su
Hijo, que es una Palabra suya, que no tiene otra, todo nos lo
habló junto y de una vez en esta sola Palabra, y no tiene más que
hablar.

4. Y este es el sentido de aquella autoridad con que comienza san
Pablo (Heb. 1, 1­2) a querer inducir a los hebreos a que se
aparten de aquellos modos primeros y tratos con Dios de la Ley de
Moises, y pongan los ojos en Cristo solamente, diciendo:
Multifariam multisque modis olim Deus loquens patribus in
prophetis: novissime autem diebus istis locutus est nobis in
Filio. Y es como si dijera: Lo que antiguamente habló Dios en los
profetas a nuestros padres de muchos modos y de muchas maneras,
ahora a la postre, en estos días nos lo ha hablado en el Hijo todo
de una vez. En lo cual da a entender el Apóstol que Dios ha
quedado como mudo y no tiene más que hablar, porque lo que hablaba
antes en partes a los profetas ya lo ha hablado en el todo,
dándonos al Todo, que es su Hijo.

5. Por lo cual, el que ahora quisiese preguntar a Dios, o querer
alguna visión o revelación, no sólo haría una necedad, sino haría
agravio a Dios, no poniendo los ojos totalmente en Cristo, sin
querer otra alguna cosa o novedad.

Porque le podría responder Dios de esta manera, diciendo: "Si te
tengo ya habladas todas las cosas en mi Palabra, que es mi Hijo, y
no tengo otra, ¿que te puedo yo ahora responder o revelar que sea
más que eso? Pon los ojos sólo en el, porque en el te lo tengo
todo dicho y revelado, y hallarás en el aún más de lo que pides y
deseas. Porque tú pides locuciones y revelaciones en parte, y si
pones en el los ojos, lo hallarás en todo; porque el es toda mi
locución y respuesta y es toda mi visión y toda mi revelación. Lo
cual os he ya hablado, respondido, manifestado y revelado,
dándoosle por hermano, compañero y maestro, precio y premio.
Porque desde aquel día que baje con mi Espíritu sobre el en el
monte Tabor, diciendo (Mt. 17, 5): Hic est Filius meus dilectus,
in quo mihi bene complacui, ipsum audite, es a saber: Este es mi
amado Hijo, en que me he complacido, a el oíd; ya alce yo la mano
de todas esas maneras de enseñanzas y respuestas y se la di a el.
Oídle a el, porque yo no tengo más fe que revelar, ni más cosas
que manifestar. Que, si antes hablaba, era prometiendo a Cristo; y
si me preguntaban, eran las (preguntas) encaminadas a la petición
y esperanza de Cristo, en que habían de hallar todo bien, como
ahora lo da a entender toda la doctrina de los evangelistas y
apóstoles. Mas ahora, el que me preguntase de aquella manera y
quisiese que yo le hablase o algo le revelase, era en alguna
manera pedirme otra vez a Cristo, y pedirme más fe, y ser falto en
ella, que ya está dada en Cristo. Y así, haría mucho agravio a mi
amado Hijo, porque no sólo en aquello le faltaría en la fe, mas le
obligaba otra vez a encarnar y pasar por la vida y muerte primera.
No hallarás que pedirme ni que desear de revelaciones o visiones
de mi parte. Míralo tú bien, que ahí lo hallarás ya hecho y dado
todo eso, y mucho más, en el.

6. Si quisieres que te respondiese yo alguna palabra de consuelo,
mira a mi Hijo, sujeto a mí y sujetado por mi amor, y afligido, y
verás cuántas te responde. Si quisieres que te declare yo algunas
cosas ocultas o casos, pon solos los ojos en el, y hallarás
ocultísimos misterios y sabiduría, y maravillas de Dios, que están
encerradas en el, según mi Apóstol (Col. 2, 3) dice: In quo sunt
omnes thesauri sapentiae et scientiae Dei absconditi, esto es: En
el cual Hijo de Dios están escondidos todos los tesoros de
sabiduría y ciencia de Dios. Los cuales tesoros de sabiduría serán
para ti muy más altos y sabrosos y provechosos que las cosas que
tú querías saber. Que por eso se gloriaba el mismo Apóstol (1 Cor.
2, 2), diciendo: Que no había el dado a entender que sabía otra
cosa, sino a Jesucristo, y a este crucificado. Y si tambien
quisieses otras visiones y revelaciones divinas o corporales,
mírale a el tambien humanado, y hallarás en eso más que piensas;
porque tambien dice el Apóstol (Col. 2, 9): In ipso habitat omnis
plenitudo divinitatis corporaliter; que quiere decir: En Cristo
mora corporalmente toda plenitud de divinidad".

7. No conviene, pues, ya preguntar a Dios de aquella manera, ni es
necesario que ya hable, pues, acabando de hablar toda la fe en
Cristo, no hay más fe que revelar ni la habrá jamás. Y quien
quisiere ahora recibir cosas algunas por vía sobrenatural, como
habemos dicho, era notar falta en Dios de que no había dado todo
lo bastante en su Hijo. Porque, aunque lo haga suponiendo la fe y
creyendola, todavía es curiosidad de menos fe. De donde no hay que
esperar doctrina ni otra cosa alguna por vía sobrenatural.
Porque la hora que Cristo dijo en la cruz: Consummatum est (Jn.
19, 30), cuando expiró, que quiere decir: Acabado es, no sólo se
acabaron esos modos, sino todas esotras ceremonias y ritos de la
Ley Vieja. Y así, en todo nos habemos de guiar por la ley de
Cristo hombre (y de su Iglesia y ministros, humana y visiblemente,
y por esa vía remediar nuestras ignorancias y flaquezas
espirituales; que para todo hallaremos abundante medicina por esta
vía. Y lo que de este camino saliere no sólo es curiosidad, sino
mucho atrevimiento. Y no se ha de creer cosa por vía sobrenatural,
sino sólo lo que es enseñanza de Cristo hombre) como digo, y de
sus ministros, hombres. Tanto, que dice san Pablo (Gl. 1, 8) estas
palabras: Quod si angelus decaelo evangelizaverit, praeterquam
quod evangelizavimus vobis, anathema sit, es a saber: Si algún
ángel del cielo os evangelizare fuera de lo que nosotros hombres
os evangelizáremos, sea maldito y descomulgado.

8. De donde, pues es verdad que siempre se ha de estar en lo que
Cristo nos enseñó, y todo lo demás no es nada ni se ha de creer si
no conforma con ello, en vano anda el que quiere ahora tratar con
Dios a modo de la Ley Vieja. Cuánto más que no le era lícito a
cualquiera de aquel tiempo preguntar a Dios, ni Dios respondía a
todos, sino sólo a los sacerdotes y profetas, que eran de cuya
boca el vulgo había de saber la ley y la doctrina. Y así, si
alguno quería saber alguna cosa de Dios, por el profeta o por el
sacerdote lo preguntaba, y no por sí mismo. Y si David por sí
mismo algunas veces preguntó a Dios, es porque era profeta, y aun,
con todo eso, no lo hacía sin la vestidura sacerdotal, como se ve
haberlo hecho en el primero de los Reyes (23, 9), donde dijo a
Abimelec sacerdote: Applica ad me ephod, que era una vestidura de
las más autorizadas del sacerdote, y con ella consultó con Dios.
Mas otras veces, por el profeta Natán y por otros profetas
consultaba a Dios. Y por la boca de estos y de los sacerdotes se
había de creer ser (de) Dios lo que se les decía, y no por su
parecer propio.

9. Y así, lo que Dios decía entonces, ninguna autoridad ni fuerza
les hacía para darle entero credito, si por la boca de los
sacerdotes y profetas no se aprobaba. Porque es Dios tan amigo que
el gobierno y trato del hombre sea tambien por otro hombre
semejante a el y que por razón natural sea el hombre regido y
gobernado, que totalmente quiere que las cosas que
sobrenaturalmente nos comunica no las demos entero credito ni
hagan en nosotros confirmada fuerza y segura, hasta que pasen por
este arcaduz humano de la boca del hombre. Y así siempre que algo
dice o revela al alma, lo dice con una manera de inclinación
puesta en la misma alma, a que se diga a quien conviene decirse; y
hasta esto, no suele dar entera satisfacción, porque no la tomó el
hombre de otro hombre semejante a el.

De donde en los Jueces (7, 9­11) vemos haberle acaecido lo mismo
al capitán Gedeón; que, con haberle Dios dicho muchas veces que
vencería a los madianitas, todavía estaba dudoso y cobarde,
habiendole dejado Dios aquella flaqueza, hasta que por la boca de
los hombres oyó lo que Dios le había dicho. Y fue, que, como Dios
le vio flaco, le dijo: Levántate y desciende del real; et cum
sudieris quod loquantur, tunc confortabuntur manus tuae, et
securior ad hostium castra descendes, esto es: Cuando oyeres allí
lo que hablan los hombres, entonces recibirás fuerzas en lo que te
he dicho y bajarás con más seguridad a los ejercitos de los
enemigos. Y así fue que, oyendo contar un sueño de un madianita a
otro, en que había soñado que Gedeón los había de vencer, fue muy
esforzado y comenzó a poner con grande alegría por obra la
batalla. Donde se ve que no quiso Dios que ese se asegurase, pues
no le dio la seguridad, sólo por vía sobrenatural, hasta que se
confirmó naturalmente.

10. Y mucho más es de admirar lo que pasó acerca de esto en
Moises, que, con haberle Dios mandado con muchas (razones) y
confirmándoselo con señales de la vara en serpiente y de la mano
leprosa, que fuese a libertar los hijos de Israel, estuvo tan
flaco y oscuro en esta ida, que, aunque se enojó Dios, nunca tuvo
ánimo para acabar de tener (fuerte) fe, en el caso para ir hasta
que le animó Dios con su hermano Aarón, diciendo (Ex. 4, 14­15):
Aaron frater tuus levites scio quod eloquens sit: ecce ipse
egredietur in occursum tuum, vidensque te, laetabitur corde.
Loquere ad eum, et pone verba mea in ore eius, et ego ero in ore
tuo, et in ore illius, etcetera; lo cual es como si dijera: Yo se
que tu hermano Aarón es hombre elocuente; cata que el te saldrá al
encuentro y, viendote, se alegrará de corazón; habla con el, y
dile todas mis palabras, y yo sere en tu boca y en la suya, para
que cada uno reciba credito de la boca del otro.

11. Oídas estas palabras, Moises animóse luego con la esperanza
del consuelo del consejo que de su hermano había de tener. Porque
esto tiene el alma humilde, que no se atreve a tratar a solas con
Dios, ni se puede acabar de satisfacer sin gobierno y consejo
humano. Y así lo quiere Dios, porque en aquellos que se juntan a
tratar la verdad, se junta el allí para declararla y confirmarla
en ellos, fundada sobre razón natural, como dijo que lo había de
hacer con Moises y Aarón juntos, siendo en la boca del uno y en la
boca del otro.

Que por eso tambien dijo en el Evangelio (Mt. 18, 20) que: Ubi
fuerint duo vel tres congregati in nomine meo, ibi sum ego in
medio eorum; esto es: Donde estuvieren dos o tres juntos para
mirar lo que es más honra y gloria de mi nombre, yo estoy allí en
medio de ellos, es a saber: aclarando y confirmando en sus
corazones las verdades de Dios. Y es de notar que no dijo: Donde
estuviere uno solo, yo estoy allí, sino, por lo menos, dos: para
dar a entender que no quiere Dios que ninguno a solas se crea para
sí las cosas que tiene por de Dios, ni se confirme ni afirme en
ellas sin la Iglesia o sus ministros, porque con este solo no
estará el aclarándole y confirmándole la verdad en el corazón, y
así quedará en ella flaco y frío.

12. Porque de aquí es lo que encarece el Eclesiastes (4, 10­12),
diciendo: Vae soli, quia cum ceciderit, non habet sublevantem se.
Si dormierint duo, fovebuntur mutuo: unus quomodo calefiet? et si
quispiam praevaluerit contra unum, duo resistent ei; que quiere
decir: ¡Ay del solo que cuando cayere no tiene quien le levante!
Si dos durmieren juntos, calentarse ha el uno al otro, es a saber,
con el calor de Dios, que está en medio; uno solo, ¿cómo
calentará?; es a saber: ¿cómo dejará de estar frío en las cosas de
Dios? Y, si alguno pudiere más y prevaleciere contra uno, esto es,
el demonio, que puede y prevalece contra los que a solas se
quieren haber en las cosas de Dios, dos juntos le resistirán, que
son el discípulo y el maestro, que se juntan a saber y a hacer la
verdad. Y hasta esto, ordinariamente se siente el solo tibio y
flaco en ella, aunque más la hayan oído de Dios; tanto, que con
haber mucho que san Pablo predicaba el Evangelio que dice el había
oído, no de hombre, sino de Dios, no pudo acabar consigo de dejar
de ir a conferirlo con san Pedro y los Apóstoles, diciendo (Gl. 2,
2): Ne forte in vanum currerem, aut cucurrissem, que quiere decir:
No por ventura corriese en vano o hubiese corrido; no teniendose
por seguro hasta que le dio seguridad el hombre. Cosa, pues,
notable parece, Pablo, pues el que os reveló ese Evangelio, ¿no
pudiera tambien revelaros la seguridad de la falta que podíades
hacer en la predicación de la verdad de el?

13. Aquí se da a entender claro cómo no hay de que asegurarse en
las cosas que Dios revela, sino es por el orden que vamos
diciendo; porque, dado caso que la persona tenga certeza, como san
Pablo tenía de su Evangelio, pues le había comenzado ya a
predicar, que aunque la revelación sea de Dios, todavía el hombre
puede errar acerca de ella (o) en lo tocante a ella. Porque Dios
no siempre, aunque dice lo uno, dice lo otro; y muchas veces dice
la cosa, y no dice el modo de hacerla, porque, ordinariamente,
todo lo que se puede hacer por industria y consejo humano no lo
hace el ni lo dice, aunque trate muy afablemente mucho tiempo con
el alma. Lo cual conocía muy bien san Pablo; pues, aunque sabía le
era revelado por Dios el Evangelio, le fue a conferir.

Y vemos esto claro en el Exodo (18, 21­22), donde, tratando Dios
tan familiarmente con Moises, nunca le había dado aquel consejo
tan saludable que le dio su suegro Jetró, es a saber: que eligiese
otros jueces para que le ayudasen y no estuviese esperando el
pueblo desde la mañana hasta la noche. El cual consejo Dios
aprobó, y no se lo había dicho, porque aquello era cosa que podía
caber en razón y juicio humano. Acerca de las visiones y
revelaciones y locuciones que Dios, no las suele revelar Dios
porque siempre quiere que se aprovechen de este en cuanto se
pudiere, y todas ellas han de ser reguladas por este, salvo las
que son de fe, que exceden todo juicio y razón, aunque no son
contra ella.

14. De donde no piense alguno que, porque sea cierto que Dios y
los Santos traten con el familiarmente muchas cosas, por el mismo
caso le han de declarar las faltas que tiene acerca de cualquier
cosa, pudiendo el saberlo por otra vía. Y así, no hay que
asegurarse, porque, como leemos haber acaecido en los Actos de los
Apóstoles que, con ser san Pedro príncipe de la Iglesia y que
inmediatamente era enseñado de Dios, acerca de cierta ceremonia
que usaba entre las gentes erraba, y callaba Dios; tanto, que le
reprendió san Pablo, según el allí afirma diciendo: Cum vidissem,
quod non recte ad veritatem Evangeli ambularent, dixi coram
omnibus: Si tu iudaeus cum sis, gentiliter vivis, quomodo gentes
cogis iudaizare?; que quiere decir: Como yo viese, dice san Pablo,
que no andaban rectamente los discípulos según la verdad del
Evangelio, dije a Pedro delante de todos: Si siendo tú judío, como
lo eres, vives gentílicamente, ¿cómo haces tal ficción que fuerzas
a los gentiles a judaizar? (Gl. 2, 14). Y Dios no advertía esta
falta a san Pedro por sí mismo, porque era cosa que caía en razón
aquella simulación, y la podía saber por vía razonal.

15. De donde muchas faltas y pecados castigará Dios en muchos el
día del juicio, con los cuales habrá tenido acá muy ordinario
trato y dado mucha luz y virtud, porque, en lo demás que ellos
sabían que debían hacer, se descuidaron, confiando en aquel trato
y virtud que tenían con Dios. Y así, como dice Cristo en el
Evangelio (Mt. 7, 22), se maravillarán ellos entonces, diciendo:
Domine, Domine nonne in nomine tuo prophetavimus, et in nomine tuo
daemonia eiecimus, et in nomine tuo virtutes multas fecimus?, esto
es; Señor, Señor, ¿por ventura las profecías que tú nos hablabas
no las profetizamos en tu nombre (y en tu nombre echamos los
demonios), y en tu nombre no hicimos muchos milagros y virtudes? Y
dice el Señor que les responderá diciendo (Mt. 7, 23): Et tunc
confitebor illis, quia numquam novi vos: discedite a me omnes qui
operamini iniquitatem, es a saber: Apartaos de mí los obreros de
maldad, porque nunca os conocí. De estos era el profeta Balam y
otros semejantes, a los cuales aunque hablaba Dios con ellos y les
daba gracias, eran pecadores (Núm. 22­24). Pero en su tanto
reprenderá tambien el Señor a los escogidos y amigos suyos, con
quien acá se comunicó familiarmente, en las faltas y descuidos que
ellos hayan tenido; de los cuales no era menester les advirtiese
Dios por sí mismo, pues ya por ley y razón natural que les había
dado se lo advertía.

16. Concluyendo, pues, en esta parte, digo y saco de lo dicho: que
cualquiera cosa que el alma reciba, de cualquier manera que sea,
por vía sobrenatural, clara y rasa, entera y sencillamente, ha de
comunicarla luego con el maestro espiritual. Porque, aunque parece
que no había para que dar cuenta ni para que gastar en eso tiempo,
pues con desecharlo y no hacer caso de ello ni quererlo, como
habemos dicho, queda el alma segura (mayormente cuando son cosas
de visiones o revelaciones u otras comunicaciones sobrenaturales,
que o son claras o va poco en que sean o no sean) todavía es muy
necesario, aunque al alma le parezca que no hay para que, decirlo
todo. Y esto por tres causas:

La primera, porque, como habemos dicho, muchas cosas comunica
Dios, cuyo efecto y fuerza y luz y seguridad, no la confirma del
todo en el alma hasta que, como habemos dicho, se trate con quien
Dios tiene puesto por juez espiritual de aquel alma, que es el que
tiene poder de atarla o desatarla y aprobar y reprobar en ella;
según lo habemos probado por las autoridades arriba alegadas y lo
probamos cada día por experiencia, viendo en las almas humildes
por quien pasan estas cosas, que, despues que las han tratado con
quien deben, quedan con nueva satisfacción, fuerza y luz y
seguridad. Tanto, que a algunas les parece que, hasta que lo
traten, ni se les asienta, ni es suyo aquello, y que entonces se
lo dan de nuevo.

17. La segunda causa es porque ordinariamente ha menester el alma
doctrina sobre las cosas que le acaecen, para encaminarla por
aquella vía a la desnudez y pobreza espiritual que es la noche
oscura. Porque si esta doctrina le va faltando, dado que el alma
no quiera las tales cosas, sin entenderse se iría endureciendo en
la vía espiritual y haciendose a la del sentido, acerca del cual,
en parte, pasan las tales cosas distintas.

18. La tercera causa es porque para la humildad y sujeción y
mortificación del alma conviene dar parte de todo, aunque de todo
ello no haga caso ni lo tenga en nada. Porque hay algunas almas
que sienten mucho en decir las tales cosas, por parecerles que no
son nada, y no saben cómo las tomará la persona con quien las han
de tratar; lo cual es poca humildad, y, por el mismo caso, es
menester sujetarse a decirlo. (Y hay otras) que sienten mucha
vergüenza en decirlo, porque no vean que tienen ellas aquellas
cosas que parecen de santos, y otras cosas que en decirlo sienten,
y, por eso, que no hay para que lo decir, pues no hacen ellas caso
de ello; y, por el mismo caso, conviene que se mortifiquen y lo
digan, hasta que esten humildes, llanas y blandas y prontas en
decirlo, y despues siempre lo dirán con facilidad.

19. Pero hase de advertir acerca de lo dicho que no, porque
habemos puesto tanto en que las tales cosas se desechen y que no
pongan los confesores a las almas en el lenguaje de ellas,
convendrá que las muestren desabrimiento los padres espirituales
acerca de ellas, ni de tal manera les hagan desvíos y desprecio en
ellas, que les den ocasión a que se encojan y no se atrevan a
manifestarlas, que será ocasión de dar en muchos inconvenientes si
les cerrasen la puerta para decirlas. Porque, pues, (como habemos
dicho), es medio y modo por donde Dios lleva las tales almas, no
hay para que estar mal con el ni por que espantarse ni
escandalizarse de el, sino antes con mucha benignidad y sosiego;
poniendoles ánimo y dándoles salida para que lo digan y, si fuere
menester, poniendoles precepto, porque, a veces, en la dificultad
que algunas almas sienten en tratarlo, todo es menester.

Encamínenlas en la fe, enseñándolas buenamente a desviar los ojos
de todas aquellas cosas, y dándoles doctrina en cómo han de
desnudar el apetito y espíritu de ellas para ir adelante, y
dándoles a entender cómo es más preciosa delante de Dios una obra
o acto de voluntad hecho en caridad, que cuantas visiones (y
revelaciones) y comunicaciones pueden tener del cielo, pues estas
ni son merito ni demerito; y cómo muchas almas, no teniendo cosas
de esas, están sin comparación mucho más adelante que otras que
tienen muchas.
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CAPÍTULO 23

En que se comienza a tratar de las aprehensiones del entendimiento
que son puramente por vía espiritual. Dice que cosa sean.

1. Aunque la doctrina que habemos dado acerca de las aprehensiones
del entendimiento que son por vía del sentido, según lo que de
ellas había de tratar, queda algo corta, no he querido alargarme
más en ella; pues, aun para cumplir con el intento que yo aquí
llevo, que es desembarazar el entendimiento de ellas y encaminarle
a la noche de la fe, antes entiendo me he alargado demasiado.

Por tanto, comenzaremos ahora a tratar de aquellas otras cuatro
aprehensiones del entendimiento, que en el capítulo 10 dijimos ser
puramente espirituales, que son visiones, revelaciones, locuciones
y sentimientos espirituales. A las cuales llamamos puramente
espirituales, porque no, como las corporales imaginarias, se
comunican al entendimiento por vía de los sentidos corporales,
sino, sin algún medio de algún sentido corporal exterior o
interior, se ofrecen al entendimiento clara y distintamente por
vía sobrenatural pasivamente, que es sin poner el alma algún acto
u obra de su parte, a lo menos activo.

2. Es, pues, de saber que, hablando anchamente y en general, todas
estas cuatro aprehensiones se pueden llamar visiones del alma,
porque al entender del alma llamamos tambien ver del alma. Y, por
cuanto todas estas aprehensiones son inteligibles al
entendimiento, son llamadas visibles espiritualmente. Y así, las
inteligencias que de ellas se forman en el entendimiento se pueden
llamar visiones intelectuales. Que, por cuanto todos los objetos
de los demás sentidos, como son todo lo que se puede ver, y todo
lo que se puede oír, y todo lo que se puede oler y gustar y tocar,
son objeto del entendimiento en cuanto caen debajo de verdad o
falsedad; de aquí es que, así como (a) los ojos corporales todo lo
que es visible corporalmente les causa visión corporal, así a los
ojos del alma espirituales, que es el entendimiento, todo lo que
es inteligible le causa visión espiritual; pues, como habemos
dicho, el entenderlo es verlo. Y así, estas cuatro aprehensiones,
hablando generalmente, las podemos llamar visiones; lo cual no
tienen los otros sentidos, porque el uno no es capaz del objeto
del otro en cuanto tal.

3. Pero, porque estas aprehensiones se representan al alma al modo
que a los demás sentidos, de aquí es que, hablando propia y
específicamente, a lo que recibe el entendimiento a modo de ver
(porque puede ver las cosas espiritualmente así como los ojos
corporalmente) llamamos "visión"; y a lo que recibe como
aprehendiendo y entendiendo cosas nuevas, así como el oído oyendo
cosas no oídas, llamamos "revelación"; y a lo que recibe a manera
de oír, llamamos "locución"; y a lo que recibe a modo de los demás
sentidos, como es la inteligencia de suave olor espiritual, y de
sabor espiritual, y deleite espiritual que el alma puede gustar
sobrenaturalmente, llamamos "sentimientos espirituales". De todo
lo cual el saca inteligencia o visión espiritual, sin aprehensión
alguna de forma, imagen o figura de imaginación o fantasía
natural, sino que inmediatamente estas cosas se comunican al alma
por obra sobrenatural y por medio sobrenatural.

4. De estas, pues, tambien, como de las demás aprehensiones
corporales imaginarias hicimos, nos conviene desembarazar aquí el
entendimiento, encaminándole y enderezándole por ellas en la noche
espiritual de fe a la divina y sustancial unión de Dios; porque,
no embarazándose y enmudeciendose con ellas, se le impida el
camino de la soledad y desnudez, que para esto se requiere, de
todas las cosas. Porque, dado caso que estas son más nobles
aprehensiones y más provechosas y mucho más seguras que las
corporales imaginarias (por cuanto son ya interiores, puramente
espirituales y a que menos puede llegar el demonio, porque se
comunican ellas al alma más pura y sutilmente sin obra alguna de
ella ni de la imaginación, a lo menos activa) todavía no sólo se
podría el entendimiento embarazar para el dicho camino, mas podría
ser muy engañado por su poco recato.

5. Y aunque, en alguna manera, podríamos juntamente concluir con
estas cuatro maneras de aprehensiones, dando el común consejo en
ellas que en todas las demás vamos dando, de que ni se pretendan
ni se quieran, todavía, porque a vueltas se dará más luz para
hacerlo y se dirán algunas cosas acerca de ellas, es bueno tratar
de cada una de ellas en particular. Y así, diremos de las primeras
que son visiones espirituales o intelectuales.
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CAPÍTULO 24

En que se trata de dos maneras que hay de visiones espirituales
por vía sobrenatural.

1. Hablando ahora propiamente de las que son visiones espirituales
sin medio de algún sentido corporal, digo que dos maneras de
visiones pueden caer en el entendimiento: unas son de sustancias
corpóreas, otras, de sustancias separadas o incorpóreas.

Las de las corpóreas son acerca de todas las cosas materiales que
hay en el cielo y en la tierra, las cuales puede ver el alma aun
estando en el cuerpo, mediante cierta lumbre sobrenatural derivada
de Dios, en la cual puede ver todas las cosas ausentes, del cielo
y de la tierra, según leemos haber visto san Juan en el capítulo
21 del Apocalipsis, donde cuenta la descripción y excelencia de la
celestial Jerusalen, que vio en el cielo; y cual tambien se lee de
san Benito, que en una visión espiritual vio todo el mundo. La
cual visión dice santo Tomás en el primero de sus Quodlibetos que
fue en la lumbre derivada de arriba, que habemos dicho.

2. Las otras visiones, que son de sustancias incorpóreas, no se
pueden ver mediante esta lumbre derivada que aquí decimos, sino
con otra lumbre más alta que se llama lumbre de gloria. Y así,
estas visiones de sustancias incorpóreas, como son ángeles y
almas, no son de esta vida ni se pueden ver en cuerpo mortal;
porque, si Dios las quisiese comunicar al alma esencialmente, como
ellas son, luego saldría de las carnes y se desataría de la vida
mortal. Que, por eso, dijo Dios a Moises (Ex. 33, 20) cuando le
rogó le mostrase su esencia: Non videbit me homo, et vivet, esto
es: No me verá hombre que pueda quedar vivo. Por lo cual, cuando
los hijos de Israel pensaban que habían de ver a Dios, o que le
habían visto, o algún ángel, temían el morir, según se lee en el
Exodo (20, 19), donde, temiendo los dichos, dijeron: Non loquatur
nobis Dominus, ne forte moriamur, como si dijeran: No se nos
comunique Dios manifiestamente, por que no muramos. Y tambien en
los Jueces (13, 22), pensando Manue, padre de Sansón, que había
visto esencialmente, el ángel que hablaba con el y con su mujer,
el cual les había aparecido en forma de varón muy hermoso, dijo a
su mujer: Morte moriemur, quia vidimus Dominum, que quiere decir:
Moriremos, porque habemos visto al Señor.

3. Y así, estas visiones no son de esta vida, si no fuese alguna
vez por vía de paso, y esto, dispensando Dios o salvando la
condición y vida natural, abstrayendo totalmente al espíritu de
ella, y que con su favor se suplan las veces naturales del alma
acerca del cuerpo. Que, por eso, cuando se piensa que las vio san
Pablo (es a saber: las sustancias separadas en el tercer cielo,
dice el mismo Santo): Sive in corpore, sive extra corpus nescio;
Dominus scit (2 Cor. 12, 2); esto es, que fue arrebatado a ellas,
y lo que vio dice que no sabe si era en el cuerpo o fuera del
cuerpo; que Dios lo sabe. En lo cual se ve claro que se traspuso
de la vía natural, haciendo Dios el cómo. De donde tambien, cuando
se cree haberle mostrado Dios su esencia a Moises, se lee (Ex. 33,
22) que le dijo Dios que el le pondría en el horado de la piedra y
ampararía cubriendole con la diestra, y amparándole porque no
muriese cuando pasase su gloria, la cual pasada era mostrarse por
vía de paso, amparando el con su diestra la vida natural de
Moises.

Mas estas visiones tan sustanciales, como la de san Pablo y Moises
y nuestro Padre Elías cuando cubrió su rostro al silbo suave de
Dios (3 Re. 19, 11­13), aunque son por vía de paso, rarísimas
veces acaecen y casi nunca y a muy pocos, porque lo hace Dios en
aquellos que son muy fuertes del espíritu de la Iglesia y ley de
Dios, como fueron los tres arriba nombrados.

4. Pero, aunque estas visiones de sustancias espirituales no se
pueden desnudar y claramente ver en esta vida con el
entendimiento, puedense, empero, sentir en la sustancia del alma
con suavísimos toques y juntas, lo cual pertenece a los
sentimientos espirituales, de que con el divino favor trataremos
despues. Porque a estos se endereza y encamina nuestra pluma, que
es a la divina junta y unión del alma con la Sustancia divina, lo
cual ha de ser cuando tratemos de la inteligencia mística y
confusa u oscura que queda por decir, donde habemos de tratar
cómo, mediante esta noticia amorosa y oscura, se junta Dios con el
alma en alto grado y divino. Porque, en alguna manera, esta
noticia oscura amorosa, que es la fe, sirve en esta vida para la
divina unión, como la lumbre de gloria sirve en la otra de medio
para la clara visión de Dios.

5. Por tanto, tratemos ahora de las visiones de corpóreas
sustancias que espiritualmente se reciben en el alma, las cuales
son a modo de las visiones corporales. Porque, así como ven los
ojos las cosas corporales mediante la luz natural, así el alma con
el entendimiento, mediante la lumbre derivada sobrenaturalmente,
que habemos dicho, ve interiormente esas mismas cosas naturales y
otras, cuales Dios quiere, sino que hay diferencia en el modo y en
la manera. Porque las espirituales e intelectuales mucho más clara
y sutilmente acaecen que las corporales, porque, cuando Dios
quiere hacer esa merced al alma, comunícala aquella luz
sobrenatural que decimos, en que fácilmente y clarísimamente ve
las cosas que Dios quiere, ahora del cielo, ahora de la tierra, no
haciendo impedimento, ni al caso ausencia ni presencia de ellas. Y
es, a veces, como si se le abriese una clarísima puerta y por ella
viese (una luz) a manera de un relámpago, cuando en una noche
oscura, súbitamente esclarece las cosas y las hace ver clara y
distintamente, y luego las deja a oscuras, aunque las formas y
figuras de ellas se quedan en la fantasía. Lo cual en el alma
acaece muy más perfectamente, porque de tal manera se quedan en
ella impresas aquellas cosas que con el espíritu vio en aquella
luz, que, cada vez que advierte, las ve en sí como las vio antes,
bien así como en el espejo se ven las formas que están en el cada
vez que en el miren. Y es de manera que ya aquellas formas de las
cosas que vio, nunca jamás se le quitan del todo del alma, aunque
por tiempo se van haciendo algo remotas.

6. El efecto que hacen en el alma estas visiones es quietud,
iluminación y alegría a manera de gloria, suavidad, limpieza y
amor, humildad e inclinación o elevación del espíritu en Dios;
unas veces más, otras menos; unas más en lo uno; otras en lo otro,
según el espíritu en que se reciben y Dios quiere.

7. Puede tambien el demonio causar estas visiones en el alma
mediante alguna lumbre natural, en que por sugestión espiritual
aclara al espíritu las cosas, ahora sean presentes, ahora
ausentes. De donde, sobre aquel lugar de san Mateo (4, 8) donde
dice que el demonio a Cristo ostendit omnia regna mundi et gloriam
eorum, es a saber: Le mostró todos los reinos del mundo y la
gloria de ellos, dicen algunos doctores que lo hizo por sugestión
espiritual, porque con los ojos corporales no era posible hacerle
ver tanto, que viese todos los reinos del mundo y su gloria.

Pero de estas visiones que causa el demonio a las que son de parte
de Dios hay mucha diferencia. Porque los efectos que estas hacen
en el alma no son como los que hacen las buenas, antes hacen
sequedad de espíritu acerca del trato con Dios e inclinación a
estimarse, y a admitir y tener en algo las dichas visiones, y en
ninguna manera causan blandura de humildad y amor de Dios. Ni las
formas de estas se quedan impresas en el alma con aquella claridad
suave que las otras, ni duran, antes se raen luego del alma, salvo
si el alma las estima mucho, que, entonces, la propia estimación
hace que se acuerde de ellas naturalmente; mas es muy secamente y
sin hacer aquel efecto de amor y humildad que las buenas causan
cuando se acuerdan de ellas.

8. Estas visiones, por cuanto son de criaturas, con quien Dios
ninguna proporción ni conveniencia esencial tiene, no pueden
servir al entendimiento de medio próximo para la unión de Dios. Y
así, conviene al alma haberse puramente negativa en ellas, como en
las demás que habemos dicho, para ir adelante por el medio
próximo, que es la fe. De donde, de aquellas formas de las tales
visiones que se quedan en el alma impresas, no ha de hacer archivo
ni tesoro el alma, ni ha de querer arrimarse a ellas, porque sería
estarse con aquellas formas, imágenes y personajes, que acerca del
interior reciben, embarazada, y no iría por negación de todas las
cosas a Dios. Porque, dado caso que aquellas formas siempre se
representen allí, no la impedirán mucho si el alma no quisiere
hacer caso de ellas. Porque, aunque es verdad que la memoria de
ellas incita al alma a algún amor de Dios y contemplación, pero
mucho más incita y levanta la pura fe y desnudez a oscuras de todo
eso, sin saber el alma cómo ni de dónde le viene.

Y así, acaecerá que ande el alma inflamada con ansias de amor de
Dios muy puro, sin saber de dónde le vienen ni que fundamento
tuvieron. Y fue que, así como la fe se arraigó e infundió más en
el alma mediante aquel vacío y tiniebla y desnudez de todas las
cosas, pobreza espiritual (que todo lo podemos llamar una misma
cosa), tambien juntamente se arraiga e infunde más en el alma la
caridad de Dios. De donde, cuanto más el alma se quiere oscurecer
y aniquilar acerca de todas las cosas exteriores e interiores que
puede recibir, tanto más se infunde de fe, y por consiguiente, de
amor y esperanza en ella, por cuanto estas tres virtudes
teologales andan en uno.

9. Pero este amor algunas veces no lo comprende la persona ni lo
siente, porque no tiene este amor su asiento en el sentido con
ternura, sino en el alma con fortaleza y más ánimo y osadía que
antes, aunque algunas veces redunde en el sentido y se muestre
tierno y blando. De donde (para llegar a) aquel amor, alegría y
gozo que le hacen y causan las tales visiones al alma, convienele
que tenga fortaleza y mortificación y amor para querer quedarse en
vacío y a oscuras de todo ello, y fundar aquel amor y gozo en lo
que no ve ni siente ni puede ver ni sentir en esta vida, que es
Dios, el cual es incomprehensible y sobre todo. Y, por eso, nos
conviene ir a el por negación de todo, porque si no, dado caso que
el alma sea tan sagaz, humilde y fuerte, que el demonio no la
pueda engañar en ellas ni hacerla caer en alguna presunción, como
lo suele hacer, no dejarán ir al alma adelante, por cuanto pone
obstáculo a la desnudez espiritual y pobreza de espíritu, y vacío
en fe, que es lo que se requiere para la unión del alma con Dios.

10. Y, porque acerca de estas visiones sirve tambien la misma
doctrina que en el capítulo 19 y 20 dimos para las visiones y
aprehensiones sobrenaturales del sentido, no gastaremos aquí más
tiempo en decirlas.
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CAPÍTULO 25

 

En que se trata de las revelaciones. Dice que cosa sean y pone una
distinción.

1. Por el orden que aquí llevamos, se sigue ahora tratar de la
segunda manera de aprehensiones espirituales, que arriba llamamos
revelaciones, las cuales propiamente pertenecen al espíritu de
profecía. Acerca de lo cual, es primero de saber que revelación no
es otra cosa que descubrimiento de alguna verdad oculta o
manifestación de algún secreto o misterio: así como (si Dios diese
al alma a entender alguna cosa, como) es declarando al
entendimiento la verdad de ella, o descubriese al alma algunas
cosas que el hizo, hace o piensa hacer.

2. Y, según esto, podemos decir que hay dos maneras de
revelaciones: unas, que son descubrimiento de verdades al
entendimiento, que propiamente se llaman noticias intelectuales o
inteligencias; otras, que son manifestación de secretos, y estas
se llaman propiamente, y más que estotras, revelaciones. Porque
las primeras no se pueden llamar en rigor revelaciones, porque
aquellas consisten en hacer Dios al alma verdades desnudas, no
sólo acerca de las cosas temporales, sino tambien de las
espirituales, mostrándoselas clara y manifiestamente. De las
cuales he querido tratar debajo de nombre de revelaciones; lo uno,
por tener mucha vecindad y alianza con ellas; lo otro, por no
multiplicar muchos nombres de distinciones.

3. Pues, según esto, bien podremos distinguir ahora las
revelaciones en dos generos de aprehensiones. Al uno llamaremos
noticias intelectuales, y al otro, manifestación de secretos y
misterios ocultos de Dios; y concluiremos con ellos en dos
capítulos lo más brevemente que pudieremos, y en este del primero.
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CAPÍTULO 26

En que se trata de las inteligencias de verdades desnudas en el
entendimiento; y dice cómo son en dos maneras y cómo se ha de
haber el alma acerca de ellas.

1. Para hablar propiamente de esta inteligencia de verdades
desnudas que se da al entendimiento, era necesario que Dios tomase
la mano y moviese la pluma; porque sepas, amado lector, que excede
toda palabra lo que ellas son para el alma en sí mismas. Mas, pues
yo no hablo aquí de ellas de propósito, sino sólo para industriar
y encaminar el alma en ellas a la divina unión, sufrirse ha hablar
de ellas aquí corta y modificadamente cuanto baste para el dicho
intento.

2. Esta manera de visiones, o, por mejor decir, de noticias de
verdades desnudas, es muy diferente de la que acabamos de decir en
el capítulo 24, porque no es como ver las cosas corporales con el
entendimiento, pero consiste en entender y ver verdades de Dios o
de las cosas que son, fueron y serán, lo cual es muy conforme al
espíritu de profecía, como por ventura se declarará despues.

3. De donde es de notar que este genero de noticias se distingue
en dos maneras de ellas; porque unas acaecen al alma acerca del
Criador, otras acerca de las criaturas, como habemos dicho. Y
aunque las unas y las otras son muy sabrosas para el alma, pero el
deleite que causan en ella estas que son de Dios no hay cosa a que
le poder comparar, ni vocablos ni terminos con que le poder decir,
porque son noticias del mismo Dios y deleite del mismo Dios; que,
como dice David (Sal. 39, 6), no hay como el cosa alguna. Porque
acaecen estas noticias derechamente acerca de Dios, sintiendo
altísimamente de algún atributo de Dios, ahora de su omnipotencia,
ahora de su fortaleza, ahora de su bondad y dulzura, etc.; y todas
las veces que se siente, se pega en el alma aquello que se siente.
Que, por cuanto es pura contemplación, ve claro el alma que no hay
cómo poder decir algo de ello, si no fuese decir algunos terminos
generales que la abundancia del deleite y bien que allí sintieron
les hace decir a las almas por quien pasa; mas no para que en
ellos se pueda acabar de entender lo que allí el alma gustó y
sintió.

4. Y así David (Sal. 18, 10­11), habiendo por el pasado algo de
esto, sólo dijo (de ello) con palabras comunes y generales,
diciendo: Iudicia Domini vera, iustificata in semetipsa.
Desiderabilia super aurum et lapidem pretiosum multum, et dulciora
super mel et favum; que quiere decir: Los juicios de Dios, esto
es, las virtudes y atributos que sentimos en Dios, son verdaderos,
en sí mismos justificados, más deseables que el oro y que la
piedra preciosa muy mucho, y más dulces sobre el panal y la miel.
Y de Moises leemos (Ex. 34, 6­7) que en una altísima noticia que
Dios le dio de sí, una vez que pasó delante de el, sólo dijo lo
que se puede decir por los dichos terminos comunes, y fue que,
pasando el Señor por el en aquella noticia, se postró Moises muy
aprisa en la tierra, diciendo: Dominator Domine Deus, misericors
et clemens, patiens et multae miserationis ac verax. Qui custodis
misericordias in millia, etc.; que quiere decir: Emperador, Señor,
Dios, misericordioso y clemente, paciente y de mucha miseración y
verdadero, que guardas la misericordia que prometes en millares.
Donde se ve que, no pudiendo Moises declarar lo que en Dios
conoció en una sola noticia, lo dijo y rebosó por todas aquellas
palabras.

Y aunque, a veces en las tales noticias, palabras se dicen, bien
ve el alma que no ha dicho nada de lo que sintió, porque ve que no
hay nombre acomodado para poder nombrar aquello. Y así san Pablo
(2 Cor. 12, 4), cuando tuvo aquella alta noticia de Dios, no curó
de decir nada, sino decir que no era lícito al hombre tratar de
ello.

5. Estas noticias divinas que son acerca de Dios, nunca son de
cosas particulares, por cuanto son acerca del Sumo Principio; y,
por eso, no se pueden decir en particular, si no fuese en alguna
manera alguna verdad de cosa menos que Dios, que juntamente se
echase de ver allí; mas aquellas no, en ninguna manera. Y estas
altas noticias no las puede tener sino el alma que llega a unión
de Dios, porque ellas mismas son la misma unión; porque consiste
el tenerlas en cierto toque que se hace del alma en la Divinidad,
y así el mismo Dios es el que allí es sentido y gustado. Y, aunque
no manifiesta y claramente como en la gloria, pero es tan subido y
alto toque de noticia y sabor que penetra la sustancia del alma,
que el demonio no se puede entrometer ni hacer otro semejante,
porque no le hay, ni cosa que se compare, ni infundir sabor ni
deleite semejante. Porque aquellas noticias saben a esencia divina
y vida eterna, y el demonio no puede fingir cosa tan alta.

6. Podría el, empero, hacer alguna apariencia de simia,
representando al alma algunas grandezas y henchimientos muy
sensibles, procurando persuadir al alma que aquello es Dios; mas
no de manera que entrasen en la sustancia del alma y la renovasen
y enamorasen súbitamente, como hacen las de Dios. Porque hay
algunas noticias y toques de estos que hace Dios en la sustancia
del alma que de tal manera la enriquecen, que no sólo basta una de
ellas para quitar al alma de una vez todas las imperfecciones que
ella no había podido quitar en toda la vida, mas la deja llena de
virtudes y bienes de Dios.

7. Y le son al alma tan sabrosos y de tan íntimo deleite estos
toques, que con uno de ellos se daría por bien pagada de todos los
trabajos que en su vida hubiese padecido, aunque fuesen
innumerables, y queda tan animada y con tanto brío para padecer
muchas cosas por Dios, que le es particular pasión ver que no
padece mucho.

8. Y a estas altas noticias no puede el alma llegar por alguna
comparación ni imaginación suya, porque son sobre todo eso; y así,
sin la habilidad del alma las obra Dios en ella. De donde, a
veces, cuando ella menos piensa y menos lo pretende suele Dios dar
al alma estos divinos toques, en que le causa ciertos recuerdos de
Dios. Y estos a veces se causan súbitamente en ella sólo en
acordarse de algunas cosas, y a veces harto mínimas. Y son tan
sensibles, que algunas veces no sólo al alma, sino tambien al
cuerpo hacen estremecer. Pero otras veces acaecen en el espíritu
muy sosegado sin estremecimiento alguno, con súbito sentimiento
del deleite y refrigerio en el espíritu.

9. Otras veces acaecen en alguna palabra que dicen u oyen decir,
ahora de la sagrada Escritura, ahora de otra cosa. Mas no siempre
son de una misma eficacia y sentimiento, porque muchas veces son
harto remisos; pero, por mucho que sean, vale más uno de estos
recuerdos y toques de Dios al alma que otras muchas noticias y
consideraciones de las criaturas y obras de Dios. Y por cuanto
estas noticias se dan al alma de repente y sin albedrío de ella,
no tiene el alma que hacer en ellas en quererlas o no quererlas,
sino háyase humilde y resignadamente acerca de ellas, que Dios
hará su obra cómo y cuándo el quisiese.

10. Y en estas no digo que se haya negativamente, como en las
demás aprehensiones, porque ellas son parte de la unión, como
habemos dicho, en que vamos encaminando al alma; por la cual la
enseñamos a desnudarse y desasirse de todas las otras. Y el medio
para que Dios la haga, ha de ser humildad y padecer por amor de
Dios con resignación de toda retribución; porque estas mercedes no
se hacen al alma propietaria, por cuanto son hechas con muy
particular amor de Dios que tiene con la tal alma, porque el alma
tambien se le tiene a el muy desapropiado. Que esto es lo que
quiso decir el Hijo de Dios por san Juan (14, 21), cuando dijo:
Qui autem diligit me, diligetur a Patre meo, et ego diligam eum,
et manifestabo ei meipsum, que quiere decir: El que me ama, será
amado de mi Padre, y yo le amare y me manifestare a mí mismo a el.
En lo cual se incluyen las noticias y toques que vamos diciendo
que manifiesta Dios al alma (que se llega a el y) de veras le ama.

11. La segunda manera de noticias o visiones de verdades
interiores es muy diferente de esta que habemos dicho, porque es
de cosas más bajas que Dios y en estas se encierra el conocimiento
de la verdad de las cosas en sí y el de los hechos y casos que
acaecen entre los hombres. Y es de manera este conocimiento, que,
cuando se le dan al alma a conocer estas verdades, de tal manera
se le asientan en el interior sin que nadie la diga nada, que,
aunque la digan otra cosa, no puede dar el consentimiento interior
a ella, aunque se quiera hacer fuerza para asentir, porque está el
espíritu conociendo otra cosa en la cosa con el espíritu que le
tiene presente a aquella cosa; lo cual es como verlo claro. Lo
cual pertenece al espíritu de profecía y a la gracia que llama san
Pablo (1 Cor. 12, 10) don de discreción de espíritus. Y aunque el
alma tiene aquello que entiende por tan cierto y verdadero como
habemos dicho, y no puede dejar de tener aquel consentimiento
interior pasivo, no por eso ha de dejar de creer y dar el
consentimiento de la razón a lo que le dijere y mandare su maestro
espiritual, aunque sea muy contrario a aquello que siente, para
enderezar de esta manera el alma en fe a la divina unión, a la
cual ha de caminar el alma más creyendo que entendiendo.

12. De lo uno y de lo otro tenemos testimonios claros en la
sagrada Escritura. Porque, acerca del conocimiento espiritual que
se puede tener en las cosas, dice el Sabio (Sab. 7, 17­21) estas
palabras: Ipse dedit mihi horum quae sunt scientiam veram, ut
sciam dispositionem orbis terrarum, et virtutes elementorum,
initium et consummationem temporum, vicissitudinum permutationes,
et consummationes temporum et morum mutationes, divisiones
temporum, et anni cursus, et stellarum dispositiones, naturas
animalium et iras bestiarum, vim ventorum, et cogitationes
hominum, differentias virgultorum, et virtutes radicum, et
quaecumque sunt abscondita, et improvisa didici: omnium enim
artifex docuit me sapientia; que quiere decir: Diome Dios ciencia
verdadera de las cosas que son: que sepa la disposición de la
redondez de las tierras y las virtudes de los elementos; el
principio y fin y mediación de los tiempos; los mudamientos de las
mudanzas y las consumaciones de los tiempos, y las mudanzas de las
costumbres, las divisiones de los tiempos, los cursos del año y
las disposiciones de las estrellas; las naturalezas de los
animales y las iras de las bestias, la fuerza y virtud de los
vientos, y los pensamientos de los hombres; las diferencias de las
plantas y árboles y las virtudes de las raíces, y todas las cosas
que están escondidas aprendí, y las improvisas. Porque la
Sabiduría, que es artífice de todas las cosas, me enseñó.

Y, aunque esta noticia que dice aquí el Sabio que le dio Dios de
todas las cosas fue infusa y general, por esta autoridad se
prueban suficientemente todas las noticias que particularmente
infunde Dios en las almas por vía sobrenatural cuando el quiere.
No porque les de hábito general de ciencia, como se dio a Salomón
en las cosas dichas, sino descubriendoles a veces algunas verdades
acerca de cualesquiera de todas estas cosas que aquí cuenta el
Sabio.

Aunque verdad es que Nuestro Señor acerca de muchas cosas infunde
hábitos a muchas almas, aunque nunca tan generales como el de
Salomón, tal como aquellas diferencias de dones que cuenta san
Pablo (1 Cor. 12, 8­10) que reparte Dios, entre los cuales pone
sabiduría, ciencia, fe, profecía, discreción o conocimiento de
espíritus, inteligencia de lenguas, declaración de las palabras,
etc. Todas las cuales noticias son hábitos infusos, que gratis los
da (Dios) a quien quiere, ahora natural, ahora sobrenaturalmente;
naturalmente, así como a Balam y otros profetas idólatras y muchas
sibilas a quien dio espíritu de profecía; y sobrenaturalmente,
como a los santos Profetas y Apóstoles y otros santos.

13. Pero, allende de estos hábitos o gracias "gratis data", lo que
decimos es que las personas perfectas o las que ya van
aprovechando en perfección, muy ordinariamente suelen tener
ilustración y noticia de las cosas presentes o ausentes; lo cual
conocen por el espíritu que tienen ya ilustrado y purgado. Acerca
de lo cual podemos entender aquella autoridad de los Proverbios
(27, 19), es a saber: Quomodo in aquis resplendent vultus
prospicientium, sic corda hominum manifesta sunt prudentibus: De
la manera que en las aguas parecen los rostros de los que en ellas
se miran, así los corazones de los hombres son manifiestos a los
prudentes; que se entiende de aquellos que tienen ya sabiduría de
santos, de lo cual dice la sagrada Escritura que es prudencia (Pv.
9, 10). Y a este modo, tambien estos espíritus conocen a veces en
las demás cosas, aunque no siempre que ellos quieren, que eso es
sólo de los que tienen el hábito, y aun esos no tampoco siempre en
todo, porque es como Dios quiere acudirles.

14. Pero es de saber que estos que tienen el espíritu purgado con
mucha facilidad naturalmente pueden conocer, y unos más que otros,
lo que hay en el corazón o espíritu interior, y las inclinaciones
y talentos de las personas; y esto por indicios exteriores, aunque
sean muy pequeños, como por palabras, movimientos y otras
muestras. Porque, así como el demonio puede esto, porque es
espíritu, así tambien lo puede el espiritual, según el dicho del
Apóstol (1 Cor. 2, 15) que dice: Spiritualis autem iudicat omnia:
El espiritual todas las cosas juzga. Y otra vez (1 Cor. 2, 10)
dice: Spiritus enim omnia scrutatur, etiam profunda Dei: El
espíritu todas las cosas penetra, hasta las cosas profundas de
Dios. De donde, aunque naturalmente no pueden los espirituales
conocer los pensamientos o lo que hay en el interior, por
ilustración sobrenatural o por indicios bien lo pueden entender. Y
aunque en el conocimiento por indicios muchas veces se pueden
engañar, las más veces aciertan. Mas ni de lo uno ni de lo otro
hay que fiarse, porque el demonio se entremete aquí grandemente y
con mucha sutileza, como luego diremos; y así siempre se han de
renunciar las tales inteligencias (y noticias).

15. Y de que tambien de los hechos y casos de los hombres puedan
tener los espirituales noticia aunque esten ausentes, tenemos
testimonio y ejemplo en el cuarto de los Reyes (5, 26), donde,
queriendo Giezi, siervo de nuestro Padre Eliseo, encubrirle el
dinero que había recibido de Naamán Siro, dijo Eliseo: Nonne cor
meum in praesenti erat, quando reversus est homo de curru suo in
ocursum tui?: ¿Por ventura mi corazón no estaba presente cuando
Naamán revolvió de su carro y te salió al encuentro? Lo cual
acaeció espiritualmente, viendolo con (el) espíritu como si pasase
en presencia. Y lo mismo se prueba en el mismo libro (4 Re. 6,
11­12), donde se lee tambien del mismo Eliseo que, sabiendo todo
lo que el rey de Siria trataba con sus príncipes en su secreto, lo
decía al rey de Israel, y así no tenían efecto sus consejos,
tanto, que viendo el rey de Siria que todo se sabía, dijo a su
gente: ¿Por que no me decís quien de vosotros me es traidor acerca
del rey de Israel? Y entonces díjole uno de sus siervos:
Nequaquam, domine mi rex, sed Eliseus propheta, qui est in Israel
indicat regi Israel omnia verba quaecumque locutus fueris in
conclavi tuo: No es así, señor mío, rey, sino que Eliseo profeta,
que está en Israel, manifiesta al rey (de Israel) todas las
palabras que en tu secreto hablas.

16. La una y la otra manera de estas noticias de cosas, tambien
como de las otras, acaecen al alma pasivamente, sin hacer ella
nada de su parte. Porque acaecerá que, estando la persona
descuidada y remota, se le pondrá en el espíritu la inteligencia
viva de lo que oye o lee, mucho más claro que la palabra suena; y,
a veces, aunque no entienda las palabras si son de latín y no le
sabe, se le representa la noticia de ellas aunque no las entienda.

17. Acerca de los engaños que el demonio puede hacer y hace en
esta manera de noticias e inteligencias había mucho que decir,
porque son grandes los engaños y muy encubiertos que en esta
manera hace, por cuanto por sugestión puede representar al alma
muchas noticias intelectuales y ponerlas con tanto asiento, que
parezca que no hay otra cosa y, si el alma no es humilde y
recelosa, sin duda la hará creer mil mentiras. Porque la sugestión
hace a veces mucha fuerza en el alma, mayormente cuando participa
algo en la flaqueza del sentido, en que hace pegar la noticia con
tanta fuerza, persuasión y asiento, que ha menester el alma
entonces harta oración y fuerza para echarla de sí. Porque a veces
suele representar pecados ajenos, y conciencias malas, y malas
almas, falsamente y con mucha luz, todo por infamar y con gana de
que se descubra aquello, porque se hagan pecados, poniendo celo en
el alma de que es para que los encomiende a Dios. Que, aunque es
verdad que Dios algunas veces representa a las almas santas
necesidad, es de sus prójimos, para que las encomienden a Dios o
las remedien, así como leemos que descubrió a Jeremías la flaqueza
del profeta Baruc (Jr. 45, 3) para que le diese acerca de ella
doctrina, muy muchas veces lo hace el demonio, y esto falsamente,
para inducir en infamias, y pecados, y desconsuelos, de que
tenemos muy mucha experiencia. Y otras veces pone con grande
asiento otras noticias y las hace creer.

18. Todas estas noticias, ahora sean de Dios, ahora no, muy poco
pueden servir al provecho del alma para ir a Dios si el alma se
quisiese asir a ellas; antes, si no tuviese cuidado de negarlas en
sí, no sólo la estorbarían, sino aun la dañarían harto y harían
errar mucho; porque todos los peligros e inconvenientes que
habemos dicho que puede haber en las aprehensiones sobrenaturales
que habemos tratado hasta aquí y más puede haber en estas. Por
tanto, no me alargare más aquí en esto, pues en las pasadas
habemos dado doctrina bastante, sino sólo dire que haya gran
cuidado en negarlas siempre, queriendo caminar a Dios por el no
saber; y siempre de cuenta a su confesor (o maestro) espiritual,
estando siempre a lo que dijere. El cual muy de paso haga pasar al
alma por ello, no haciendole cuerpo de nada para su camino de
unión; pues de estas cosas que pasivamente se dan al alma siempre
se queda en ella el efecto que Dios quiere, sin que el alma ponga
su diligencia en ello. Y así, no me parece hay para que decir aquí
el efecto que hacen las verdaderas ni el que hacen las falsas,
porque sería cansar y no acabar; porque los efectos de estas no se
pueden comprehender debajo de corta doctrina; por cuanto, como
estas noticias son muchas y muy varias, tambien lo son los
efectos, pues que las buenas los hacen buenos, y las malas, malos,
etc. (En decir que todas se nieguen, queda dicho lo que basta para
no errar).
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CAPÍTULO 27

 

En que se trata del segundo genero de revelaciones, que es
descubrimiento de secretos (y misterios) ocultos. Dice la manera
en que pueden servir para la unión de Dios y en que estorbar, y
cómo el demonio puede engañar mucho en esta parte.

1. El segundo genero de revelaciones decíamos que eran
manifestación de secretos y misterios ocultos. Este puede ser en
dos maneras:

La primera, acerca de lo que es Dios en sí, y en esta se incluye
la revelación del misterio de la Santísima Trinidad y unidad de
Dios.

La segunda es acerca de lo que es Dios en sus obras, y en esta se
incluyen los demás artículos de nuestra fe católica y las
proposiciones que explícitamente acerca de ellas puede haber de
verdades. En las cuales se incluyen y encierran mucho número de
las revelaciones de los profetas, de promesas y amenazas de Dios,
y otras cosas que habían y han de acaecer acerca de este negocio
de fe.

Podemos tambien en esta segunda manera incluir otras muchas cosas
particulares que Dios ordinariamente revela, así acerca del
universo en general, como tambien en particular acerca de reinos,
provincias y estados y familias y personas particulares.

De lo cual tenemos en las Divinas Letras ejemplos en abundancia,
así de lo uno como de lo otro, mayormente en todos los Profetas en
los cuales se hallan revelaciones de todas estas maneras. Que, por
ser cosa clara y llana, no quiero gastar tiempo en alegarlos aquí,
sino decir que estas revelaciones no sólo acaecen de palabra,
porque las hace Dios de muchos modos y maneras: a veces con
palabras solas, a veces por señales solas y figuras e imágenes y
semejanzas solas, a veces juntamente con lo uno y con lo otro,
como tambien es de ver en los Profetas, particularmente en todo el
Apocalipsis, donde no solamente se hallan todos los generos de
revelaciones que habemos dicho, mas tambien los modos y maneras
que aquí decimos.

2. De estas revelaciones que se incluyen en la segunda manera,
todavía las hace Dios en este tiempo a quien quiere. Porque suele
revelar a algunas personas los días que han de vivir, o los
trabajos que han de tener, o lo que ha de pasar por tal o tal
persona, o por tal o tal reino, etc. Y aun acerca de los misterios
de nuestra fe, descubrir y declarar al espíritu las verdades de
ellos; aunque esto no se llama propiamente revelación, por cuanto
ya está revelado, antes es manifestación o declaración de lo ya
revelado.

3. Acerca de este genero de revelaciones, puede el demonio mucho
meter la mano, porque, como las revelaciones de este genero
ordinariamente son por palabras, figuras y semejanzas, etc., puede
el demonio muy bien fingir otro tanto, mucho más que cuando las
revelaciones (no) son en espíritu sólo. Y, por tanto, si acerca de
la primera manera y la segunda que aquí decimos, en cuanto (a) lo
que toca a nuestra fe, se nos revelase algo de nuevo o cosa
diferente, en ninguna manera habemos de dar el consentimiento,
aunque tuviesemos evidencia que aquel que lo decía era un ángel
del cielo; porque así lo dice san Pablo (Gl. 1, 8), diciendo:
Licet nos, aut angelus de caelo evangelizet vobis praeterquam quod
evangelizavimus vobis, anathema sit; que quiere decir: Aunque
nosotros o un ángel del cielo os declare o predique otra cosa
fuera de la que os habemos predicado, sea anatema.

4. De donde, por cuanto no hay más artículos que revelar acerca de
la sustancia de nuestra fe que los que ya están revelados a la
Iglesia, no sólo no se ha de admitir lo que de nuevo se revelare
al alma acerca de ella, pero (aun) le conviene, para cautela, de
no ir admitiendo otras variedades envueltas; y por la pureza del
alma, que la conviene tener en fe, aunque se le revelen de nuevo
las ya reveladas, no creerlas porque entonces se revelan de nuevo,
sino porque ya están reveladas bastantemente a la Iglesia; sino
que, cerrando el entendimiento a ellas, sencillamente se arrime a
la doctrina de la Iglesia y su fe, que, como dice san Pablo (Rm.
10, 17), entra por el oído, y no acomode el credito y
entendimiento a estas cosas de fe reveladas de nuevo, aunque más
conformes y verdaderas le parezcan, si no quiere ser engañado.
Porque el demonio, para ir engañando e ingiriendo mentiras,
primero ceba con verdades y cosas verosímiles para asegurar y
luego ir engañando; que es a manera de la cerda del que cose el
cuero, que primero entra la cerda tiesa y luego tras ella el hilo
flojo, el cual no pudiera entrar si no le fuera guía la cerda.

5. Y en esto se mire mucho; porque, aunque fuese verdad que no
hubiese peligro del dicho engaño, conviene al alma mucho no querer
entender cosas claras acerca de la fe para conservar puro y entero
el merito de ella y tambien para venir en esta noche del
entendimiento a la divina luz de la divina unión. E importa tanto
esto de allegarse los ojos cerrados a las profecías pasadas en
cualquiera nueva revelación, que, con haber el apóstol san Pedro
visto la gloria del Hijo de Dios en alguna manera en el monte
Tabor, con todo, dijo en su canónica (2 Pe. 1, 19) estas palabras:
Et habemus firmiorem propheticum sermonem: cui benefacitis
attendentes, etc.; lo cual es como si dijera: Aunque es verdad la
visión que vimos de Cristo en el monte, más firme y cierta es la
palabra de la profecía que nos es revelada, a la cual arrimando
vuestra alma, haceis bien.

6. Y si es verdad (que) por las causas ya dichas (es conveniente)
cerrar los ojos a las ya dichas revelaciones que acaecen acerca de
las proposiciones de la fe, ¿cuánto más necesario será no admitir
ni dar credito a las demás revelaciones que son de cosas
diferentes, en las cuales ordinariamente mete el demonio la mano
tanto, que tengo por imposible que deje de ser engañado en muchas
de ellas el que no procurase desecharlas, según la apariencia de
verdad y asiento que el demonio mete en ellas? Porque junta tantas
apariencias y conveniencias para que se crean, y las asienta tan
fijamente en el sentido y la imaginación, que le parece a la
persona que sin duda acaecerá así. Y de tal manera hace asentar y
aferrar en ello al alma, que si ella no tiene humildad, apenas la
sacarán de ello y la harán creer lo contrario. Por tanto, el alma
pura, cauta, y sencilla y humilde, con tanta fuerza y cuidado ha
de resistir (y desechar) las revelaciones y otras visiones, como
las muy peligrosas tentaciones; porque no hay necesidad de
quererlas, sino de no quererlas para ir a la unión de amor. Que
eso es lo que quiso decir Salomón (Ecli. 7, 1) cuando dijo: ¿Que
necesidad tiene el hombre de querer y buscar las cosas que son
sobre su capacidad natural? Como si dijeramos: Ninguna necesidad
tiene para ser perfecto de querer cosas sobrenaturales por vía
sobrenatural, que es sobre su capacidad.

7. Y porque a las objeciones que contra esto se pueden poner está
ya respondido en el capítulo 19 y 20 de este libro, remitiendome a
ellos, sólo digo que de todas ellas se guarde el alma para caminar
pura y sin error en la noche de la fe a la unión.
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CAPÍTULO 28

En que se trata de las locuciones (interiores) que
sobrenaturalmente pueden acaecer al espíritu. Dice en cuántas
maneras sean.

1. Siempre ha menester acordarse el discreto lector del intento y
fin que en este libro llevo, que es encaminar al alma por todas
las aprehensiones de ella, naturales y sobrenaturales, sin engaño
ni embarazo en la pureza de la fe, a la divina unión con Dios.
Para que así entienda cómo, aunque acerca de las aprehensiones del
alma y doctrina que voy tratando no doy tan abundante doctrina ni
desmenuzo tanto la materia y divisiones como por ventura requiere
el entendimiento, no quedo corto en esta parte. Pues acerca de
todo ello entiendo se dan bastantes avisos, luz y documentos para
saberse haber prudentemente en todas las cosas del alma,
exteriores e interiores, para pasar adelante.

Y esta es la causa por que con tanta brevedad he concluido con las
aprehensiones de profecías, así como en las demás he hecho,
habiendo mucho más que decir en cada una según las diferencias y
modos y maneras que en cada una suele haber, que entiendo no se
podrían acabar de saber; contentándome con que, a mi ver, queda
dicha la sustancia y la doctrina y cautela que conviene para ello
y para todo lo a ello semejante que pudiese acaecer en el alma.

2. Lo mismo hare ahora acerca de la tercera manera de
aprehensiones, que decíamos eran locuciones sobrenaturales, que
sin medio de algún sentido corporal se suelen hacer en los
espíritus de los espirituales, las cuales, aunque son en tantas
maneras, hallo que se pueden reducir todas a estas tres, conviene
a saber: palabras sucesivas, formales y sustanciales.

Sucesivas llamo ciertas palabras distintas y formales que el
espíritu recibe, no de sí, sino de tercera persona, a veces
estando recogido, a veces no lo estando.

Palabras sustanciales son otras palabras que tambien formalmente
se hacen al espíritu, a veces estando recogido, a veces no, las
cuales en la sustancia del alma hacen y causan aquella sustancia y
virtud que ellas significan. De todas las cuales iremos aquí
tratando por su orden.
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CAPÍTULO 29

En que se trata del primer genero de palabras que algunas veces el
espíritu recogido forma en sí. Dícese la causa de ellas y el
provecho y daño que puede haber en ellas.

1. Estas palabras sucesivas siempre que acaecen es cuando está el
espíritu recogido y embebido en alguna consideración muy atento.
Y, en aquella misma materia que piensa, el mismo va discurriendo
de uno en otro y formando palabras y razones muy a propósito con
tanta facilidad y distinción, y tales cosas no sabidas de el va
razonando y descubriendo acerca de aquello, que le parece que no
es el el que hace aquello, sino que otra persona interiormente lo
va razonando, o respondiendo, o enseñando.

Y, a la verdad, hay gran causa para pensar esto, porque el mismo
se razona y se responde consigo, como si fuese una persona con
otra. Y, a la verdad, en alguna manera es así, que, aunque el
mismo espíritu es el que aquello hace como instrumento, el
Espíritu Santo le ayuda muchas veces a producir y formar aquellos
conceptos, palabras y razones verdaderas. Y así, se las habla,
como si fuese tercera persona, a sí mismo. Porque como entonces el
entendimiento está recogido y unido con la verdad de aquello que
piensa, y el Espíritu Divino tambien está unido con el en aquella
verdad, como lo está siempre en toda verdad, de aquí es que,
comunicando el entendimiento en esta manera con el Espíritu Divino
mediante aquella verdad, juntamente las demás verdades que son
acerca de aquella que pensaba, abriendole puerta y yendole dando
luz el Espíritu Santo enseñador. Porque esta es una manera de las
que enseña el Espíritu Santo.

2. Y de esta manera, alumbrado y enseñado de este Maestro el
entendimiento, entendiendo aquellas verdades, juntamente va
formando aquellos dichos el de suyo, sobre las verdades que de
otra parte se le comunican. De manera que podemos decir que la voz
es de Jacob y las manos son de Esaú (Gn. 27, 22). Y no podrá
acabar de creer el que lo tiene que es así, sino que los dichos y
palabras son de tercera persona; (porque no sabe con la facilidad
que puede el entendimiento formar palabras para sí de tercera
persona) sobre conceptos y verdades que se le comunican tambien de
tercera persona.

3. Y, aunque es verdad que en aquella comunicación e ilustración
del entendimiento en ella de suyo no hay engaño, pero puedelo
haber y haylo muchas veces en las formales palabras y razones que
sobre ello forma el entendimiento; que, por cuanto aquella luz a
veces que se le da es muy sutil y espiritual, de manera que el
entendimiento (no) alcanza a informarse bien en ella, y el es el
que, como decimos, forma las razones de suyo, de aquí es que
muchas veces las forma falsas, otras verisímiles o defectuosas.
Que, como ya comenzó a tomar hilo de la verdad al principio, y
luego pone de suyo la habilidad o rudeza de su bajo entendimiento,
es fácil cosa ir variando conforme su capacidad; y todo en, este
modo, como que habla tercera persona.

4. Yo conocí una persona que, teniendo estas locuciones sucesivas,
entre algunas harto verdaderas y sustanciales que formaba del
Santísimo Sacramento de la Eucaristía, había algunas que eran
harto herejía. Y espántome yo mucho de lo que pasa en estos
tiempos y es que cualquiera alma de por ahí con cuatro maravedís
de consideración, si siente algunas locuciones de estas en algún
recogimiento, luego lo bautizan todo por de Dios, y suponen que es
así, diciendo: "Díjome Dios"," respondióme Dios"; y no será así,
sino que, como habemos dicho, ellos las más veces se lo dicen.

5. Y allende de esto, la gana que tienen de aquello y la afición
que de ello tienen en el espíritu, hace que ellos mismos se lo
respondan y piensen que Dios se lo responde y se lo dice. De donde
vienen a dar en grandes desatinos si no tienen en esto mucho freno
y el que gobierna estas almas no las impone en la negación de
estas maneras de discursos. Porque en ellos más bachillería suelen
sacar e impureza de alma que humildad y mortificación de espíritu,
pensando que ya fue gran cosa y que habló Dios; y no habrá sido
poco más que nada, o nada, o menos que nada. Porque lo que no
engendra humildad, y caridad, y mortificación, y santa
simplicidad, y silencio, etcetera, ¿que puede ser? Digo, pues, que
esto puede estorbar mucho para ir a la divina unión, porque aparta
mucho al alma, si hace caso de ello, del abismo de la fe, en que
el entendimiento ha de estar oscuro, y oscuro ha de ir por amor en
fe y no por mucha razón.

6. Y si me dijeres que ¿por que se ha de privar el entendimiento
de aquellas verdades, pues alumbra en ellas el Espíritu de Dios al
entendimiento, y así no puede ser malo?, digo que el Espíritu
Santo alumbra al entendimiento recogido, y que le alumbra al modo
de su recogimiento y que el entendimiento no puede hallar otro
mayor recogimiento que en fe; y así no le alumbrará el Espíritu
Santo en otra cosa más que en fe; porque cuanto más pura y
esmerada está el alma en fe, más tiene de caridad infusa de Dios;
y cuanto más caridad tiene, tanto más la alumbra y comunica los
dones del Espíritu Santo, porque la caridad es la causa y el medio
por donde se les comunica.

Y, aunque es verdad que en aquella ilustración de verdades
comunica al alma el alguna luz, pero es tan diferente la que es en
fe, sin entender claro, de esta cuanto a la calidad, como lo es el
oro subidísimo del muy bajo metal; y cuanto a la cantidad, como
excede la mar a una gota de agua. Porque en la una manera se le
comunica sabiduría de una, o dos, o tres verdades, etc., y en la
otra se le comunica toda la Sabiduría de Dios generalmente, que es
el Hijo de Dios, que se comunica al alma en fe.

7. Y si me dijeres que todo será bueno, que no impide lo uno a lo
otro, digo que impide mucho si el alma hace caso de ello, porque
ya es ocuparse en cosas claras y de poco tomo, que bastan para
impedir la comunicación del abismo de la fe, en la cual
sobrenatural y secretamente enseña Dios al alma y la levanta en
virtudes y dones como ella no sabe.

Y el provecho que aquella comunicación sucesiva ha de hacer no ha
de ser poniendo el entendimiento de propósito en ella, porque
antes iría de esta manera desviándola de sí, según aquello que
dice la Sabiduría en los Cantares (6, 4) al alma, diciendo: Aparta
tus ojos de mí, porque esos me hacen volar, es a saber: volar
lejos de ti y ponerme más alta, sino que simple y sencillamente,
sin poner el entendimiento en aquello que sobrenaturalmente se
está comunicando, aplique la voluntad con amor a Dios, pues en
amor se van aquellos bienes comunicando, y de esta manera antes se
comunicará más en abundancia que antes. Porque si en estas cosas
que sobrenaturalmente y pasivamente se comunican se pone
activamente la habilidad del natural entendimiento o de otras
potencias, no llega su modo y rudeza a tanto, y así por fuerza las
ha de modificar a su modo y, por el consiguiente, las ha de
variar: y así, de necesidad, ir errando y formando las razones de
suyo, y no ser ya aquello sobrenatural ni su figura, sino muy
natural y harto erróneo y bajo.

8. Pero hay algunos entendimientos tan vivos y sutiles que, en
estando recogidos en alguna consideración, naturalmente con gran
facilidad, discurriendo en conceptos, los van formando en las
dichas palabras y razones muy vivas, y piensan, ni más ni menos,
que son de Dios, y no es sino el entendimiento, que con la lumbre
natural, estando algo libre de la operación de los sentidos, sin
otra alguna ayuda sobrenatural puede eso y más. Y de esto hay
mucho; y se engañan muchos pensando que es mucha oración y
comunicación de Dios y, por eso, o lo escriben o hacen escribir. Y
acaecerá que no será nada ni tenga sustancia de alguna virtud y
que no sirva más de para envanecerse con esto.

9. Estos aprendan a no hacer caso sino en fundar la voluntad en
(fortaleza de) amor humilde, y obrar de veras, y padecer imitando
al Hijo de Dios en su vida y mortificaciones; que este es el
camino para venir a todo bien espiritual, y no muchos discursos
interiores.

10. Tambien en este genero de palabras interiores sucesivas mete
mucho el demonio la mano, mayormente en aquellos que tienen alguna
inclinación o afición a ellas porque, al tiempo que ellos se
comienzan a recoger, suele el demonio ofrecerles harta materia de
digresiones, formándole al entendimiento los conceptos palabras
por sugestión, y le va precipitando y engañando sutilísimamente
con cosas verisímiles. Y esta es una de las maneras con que se
comunica con los que tienen hecho algún pacto con el, tácito o
expreso, y como se comunica con algunos herejes, mayormente con
algunos heresiarcas, informándolos el entendimiento con conceptos
y razones muy sutiles, falsas y erróneas.

11. De lo dicho queda entendido que estas locuciones sucesivas
pueden proceder en el entendimiento de tres causas, conviene a
saber: del Espíritu Divino, que mueve y alumbra al entendimiento,
y de la lumbre natural del mismo entendimiento, y del demonio, que
le puede hablar por sugestión.

Y decir ahora las señales e indicios para conocer cuándo proceden
de una causa y cuándo de otra, sería algo dificultoso dar de ello
enteras muestras e indicios; aunque bien se pueden dar algunos
generales, y son estos:

Cuando en las palabras y conceptos juntamente el alma va amando y
sintiendo amor con humildad y reverencia de Dios, es señal que
anda por allí el Espíritu Santo, el cual, siempre que hace algunas
mercedes, las hace envueltas en esto.

Cuando procede de la viveza y lumbre solamente del entendimiento,
el entendimiento es el que lo hace allí todo, sin aquella
operación de virtudes, aunque la voluntad puede naturalmente amar
en el conocimiento y luz de aquellas verdades, y, despues de
pasada la meditación, queda la voluntad seca, aunque no inclinada
a vanidad ni a mal si el demonio de nuevo sobre aquello no la
tentase. Lo cual no acaece en las que fueron de buen espíritu,
porque despues la voluntad queda ordinariamente aficionada a Dios
e inclinada a bien, puesto que algunas veces despues acaecerá
quedar la voluntad seca, aunque la comunicación haya sido de buen
espíritu, ordenándolo así Dios por algunas causas útiles para el
alma; y otras veces no sentirá el alma mucho las operaciones o
movimientos de aquellas virtudes, y será bueno lo que tuvo. Que
por eso digo que es dificultosa de conocer algunas veces la
diferencia que hay de unas a otras, por los varios efectos que en
veces hacen; pero estos ya dichos son los comunes, aunque a veces
en más, a veces en menos abundancia.

Aun las que son del demonio, a veces son dificultosas de entender
y conocer, porque aunque es verdad que ordinariamente dejan la
voluntad seca acerca del amor de Dios y el ánimo inclinado a
vanidad, estimación o complacencia, todavía pone algunas veces en
el ánimo una falsa humildad y afición hervorosa de voluntad
fundada en amor propio, que a veces es menester que la persona sea
harto espiritual para que lo entienda. Y esto hace el demonio por
mejor encubrir(se), el cual sabe muy bien algunas veces hacer
derramar lágrimas sobre los sentimientos que el pone, para ir
poniendo en el alma las aficiones que el quiere. Pero siempre les
procura mover la voluntad a que estimen aquellas comunicaciones
interiores, y que hagan mucho caso de ellas, porque se den a ellas
y ocupen el alma en lo que no es virtud, sino ocasión de perder la
que hubiese.

12. Quedemos, pues, en esta necesaria cautela, así en las unas
como en las otras, para no ser engañados ni embarazados con ellas:
que no hagamos caudal de nada de ellas, sino sólo de saber
enderezar la voluntad con fortaleza a Dios, obrando con perfección
su ley y sus santos consejos, que es la sabiduría de los Santos,
contentándonos de saber los misterios y verdades con la sencillez
y verdad que nos les propone la Iglesia. Que esto basta para
inflamar mucho la voluntad, sin meternos en otras profundidades y
curiosidades en que por maravilla falta peligro. Porque a este
propósito dice san Pablo (Rm. 12, 3): No conviene saber más de lo
que conviene saber. Y esto baste cuanto a esta materia de palabras
sucesivas.
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CAPÍTULO 30

En que trata de las palabras interiores que formalmente se hacen
al espíritu por vía sobrenatural. Avisa el daño que pueden hacer y
la cautela necesaria para no ser engañados en ellas.

1. El segundo genero de palabras interiores son palabras formales
que algunas veces se hacen al espíritu por vía sobrenatural sin
medio de algún sentido, ahora estando el espíritu recogido, ahora
no. Y llámolas "formales" porque formalmente al espíritu se las
dice tercera persona, sin poner el nada en ello. Y por eso son muy
diferentes que las que acabamos de decir; porque no solamente
tienen la diferencia en que se hacen sin que el espíritu ponga de
su parte algo en ellas, como hace en las otras, pero, como digo,
acaecenle a veces sin estar recogidos, sino muy fuera de aquello
que se le dice; lo cual no es así en las primeras sucesivas,
porque siempre son acerca de lo que estaba considerando.

2. Estas palabras, a veces, son muy formadas, a veces no tanto;
porque muchas veces son como conceptos en que se le dice algo,
ahora respondiendo, ahora en otra manera hablándole al espíritu.
Estas, a veces, son una palabra, a veces dos o más; a veces son
sucesivas, como las pasadas, porque suelen durar, enseñando o
tratando algo con el alma, y todas sin que ponga nada de suyo el
espíritu, porque son todas como cuando habla una persona con otra.
Como leemos haberle acaecido a Daniel (9, 22), que dice hablaba el
ángel en el, lo cual era formal y sucesivamente razonando en su
espíritu y enseñándole, según allí tambien dice el ángel, diciendo
que había venido para enseñarle.

3. Estas palabras, cuando no son más que formales, el efecto que
hacen en el alma no es mucho; porque, ordinariamente, sólo son
para enseñar o dar luz en alguna cosa; y para hacer este efecto no
es menester que hagan otro más eficaz que el fin que ellas traen.
Y este, cuando son de Dios, siempre le obran en el alma, porque
ponen al alma pronta y clara en aquello que se le manda o enseña,
puesto que algunas veces no quitan al alma la repugnancia y
dificultad, antes se la suelen poner mayor; lo cual hace Dios para
mayor enseñanza, humildad y bien del alma. Y esta repugnancia más
ordinariamente se la deja cuando le manda cosas de mayoría o cosas
en que puede haber alguna excelencia para el alma; y en las cosas
de humildad y bajeza les pone más facilidad y prontitud. Y así
leemos en el Exodo (c. 3­4) que, cuando mandó Dios a Moises que
fuese a Faraón y librase al pueblo, tuvo tanta repugnancia, que
fue menester mandárselo tres veces y mostrarle señales, y, con
todo eso, no aprovechaba, hasta que Dios le dio por compañero a
Aarón, que llevase parte de la honra.

4. Al contrario acaece cuando las palabras y comunicaciones son
del demonio, que en las cosas de más valer pone facilidad y
prontitud, y en las bajas, repugnancia. Que, cierto, aborrece Dios
tanto el ver las almas inclinadas a mayorías, que aún cuando el se
lo manda y las pone en ellas no quiere que tengan prontitud que
comúnmente pone Dios en estas palabras formales al alma, son
diferentes de esotras sucesivas, que no mueven tanto al espíritu
como estas, ni le ponen tanta prontitud, por ser estas (más)
formales y en que menos se entremete el entendimiento de suyo.
Aunque no quita que algunas veces hagan más efecto algunas
sucesivas, por la gran comunicación que a veces hay del Divino
Espíritu con el humano; mas el modo es en mucha diferencia. En
estas palabras formales no tiene el alma que dudar si las dice
ella, porque bien se ve que no, mayormente cuando ella no estaba
en lo que se le dijo; y si lo estaba, siente muy clara y
distintamente que aquella viene de otra parte.

5. De todas estas palabras formales tan poco caso ha de hacer el
alma como de las otras sucesivas; porque, demás de que ocuparía el
espíritu de lo que no es legítimo y próximo medio para la unión de
Dios, que es la fe, podría facilísimamente ser engañada del
demonio; porque, a veces, apenas se conocerán cuáles sean dichas
por buen espíritu y cuáles por malo. Que como estas no hacen mucho
efecto, apenas se pueden distinguir por los efectos, porque aun a
veces las del demonio ponen más eficacia en los imperfectos que
esotras de buen espíritu en los espirituales. No se ha de hacer lo
que ellas dijeren, ni hacer caso de ellas, sean de bueno o mal
espíritu; pero se han de manifestar al confesor maduro o a persona
discreta y sabia, para que de doctrina y vea lo que conviene en
ello y de su consejo, y se haya en ellas resignada y
negativamente. Y si no fuere hallada la tal persona experta, más
vale, no haciendo caso de las tales palabras, no dar parte a
nadie, porque fácilmente encontrará con algunas personas que antes
le destruyan el alma que la edifiquen. Porque las almas no las ha
de tratar cualquiera, pues es cosa de tanta importancia errar o
acertar en tan grave negocio.

6. Y adviertase mucho en que el alma jamás de su parecer, ni haga
cosa ni la admita, de lo que aquellas palabras le dicen sin mucho
acuerdo y consejo ajeno. Porque en esta materia acaecen engaños
sutiles y extraños; tanto, que tengo para mí que el alma que no
fuere enemiga de tener las tales cosas, no podrá dejar de ser
engañada en muchas de ellas (o en poco o en mucho).

7. Y porque de estos engaños y peligros y de la cautela para ellos
está tratado de propósito en el capítulo 17, 18, 19 y 20 de este
libro, a los cuales me remito, no me alargo más aquí. Sólo digo
que la principal doctrina es no hacer caso de ello en nada.-------
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CAPÍTULO 31
 

 

En que se trata de las palabras sustanciales que interiormente se
hacen al espíritu. Dícese la diferencia que hay de ellas a las
formales, el provecho que hay en ellas y la resignación y respecto
que el alma debe tener en ellas.

1. El tercer genero de palabras interiores decíamos que eran
palabras sustanciales, las cuales, aunque tambien son formales,
por cuanto muy formalmente se imprimen en el alma, difieren,
empero, en que la palabra sustancial hace efecto vivo y sustancial
en el alma, y la solamente formal no así. De manera que, aunque es
verdad que toda palabra sustancial es formal, no por eso toda
palabra formal es sustancial, sino solamente aquella que, como
arriba dijimos, imprime sustancialmente en el alma aquello que
ella significa. Tal como si nuestro Señor dijese formalmente al
alma: "Se buena", luego sustancialmente sería buena; o si la
dijese: "Amame", luego tendría y sentiría en sí sustancia de amor
de Dios; o si, temiendo mucho, la dijese: "No temas", luego
sentiría gran fortaleza y tranquilidad. Porque el dicho de Dios y
su palabra, como dice el Sabio (Ecli. 8, 4), es llena de potestad;
y así hace sustancialmente en el alma aquello que le dice. Porque
esto es lo que quiso decir David (Sal. 67, 34) cuando dijo: Catad,
que el dará a su voz, voz de virtud. Y así lo hizo con Abraham,
que, en diciendo que le dijo: Anda en mi presencia y se perfecto
(Gn. 17, 1), luego fue perfecto y anduvo siempre acatando a Dios.
Y este es el poder de su palabra en el Evangelio, con que sanaba
los enfermos, resucitaba los muertos, etc., solamente con decirlo.
Y a este talle hace locuciones a algunas almas, sustanciales. Y
son de tanto momento y precio, que le son al alma vida y virtud y
bien incomparable, porque la hace más bien una palabra de estas
que cuanto el alma ha hecho toda su vida.

2. Acerca de estas, ni tiene el alma que hacer (ni que querer, ni
que no querer, ni que desechar, ni que temer.

No tiene que hacer) en obrar lo que ellas dicen, porque estas
palabras sustanciales que se las dice Dios para que ella las ponga
por obra, sino para obrarlas en ella; lo cual es diferente en las
formales y sucesivas.

Y digo que no tiene que querer ni no querer, porque ni es menester
su querer para que Dios las obre, ni bastan con no querer para que
dejen de hacer el dicho efecto; sino háyase con resignación y
humildad en ellas.

No tiene que desechar, porque el efecto de ellas queda sustanciado
en el alma y lleno del bien de Dios, al cual, como le recibe
pasivamente, su acción es menos en todo.

Ni tiene que temer algún engaño, porque ni el entendimiento ni el
demonio pueden entrometerse en esto ni llegar a hacer pasivamente
efecto sustancial en el alma, de manera que la imprima el efecto y
hábitos de su palabra, si no fuese que el alma estuviese dada a el
por pacto voluntario y, morando en ella como señor de ella, le
imprimiese los tales efectos, no de bien, sino de malicia. (Que,
por cuanto aquella alma estaba ya unida en nequicia voluntaria,
podría fácilmente el demonio imprimirle los efectos de los dichos,
y palabras en malicia). Porque, aun por experiencia, vemos que aun
a las almas buenas en muchas cosas les hace harta fuerza por
sugestión, poniendoles grande eficacia en ellas; que, si fuesen
malas, las podría consumar en ellas. Mas los efectos verisímiles a
estos buenos no los puede imprimir, porque no hay comparación de
palabras de Dios. Todas son como si no fuesen, puestas con ellas;
ni su efecto es nada, puesto con el de ellas. Que, por eso, dice
Dios por Jeremías (23, 28­29): ¿Que tienen que ver las pajas con
el trigo? ¿Por ventura mis palabras no son como fuego y como
martillo que quebranta las peñas? Y así, estas palabras
sustanciales sirven mucho para la unión del alma con Dios, y
cuanto más interiores, más sustanciales (son) y más aprovechan.
¡Dichosa el alma a quien Dios las hablare! Habla, Señor, que tu
siervo oye (1 Sm. 3, 10).
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CAPÍTULO 32

En que se trata de las aprehensiones que recibe el entendimiento
de los sentimientos interiores que sobrenaturalmente se hacen el
alma. Dice la causa de ellos y en que manera se ha de haber el
alma para no impedir el camino de la unión de Dios en ellas.

1. Síguese ahora tratar del cuarto y último genero de
aprehensiones intelectuales, que decíamos podían caer en el
entendimiento de parte de los sentimientos espirituales que muchas
veces sobrenaturalmente se hacen al alma del espiritual, los
cuales contamos entre las aprehensiones distintas del
entendimiento.

2. Estos sentimientos espirituales distintos pueden caer en dos
maneras. La primera, son sentimientos en el afecto de la voluntad;
la segunda, son sentimientos en la sustancia del alma. Los unos y
los otros pueden ser de muchas maneras.

Los de la voluntad, cuando son de Dios, son muy subidos; mas los
que son de la sustancia del alma son altísimos y de gran bien y
provecho. Los cuales ni el alma ni quien la trata pueden saber ni
entender la causa de donde proceden, ni por que obras Dios los
haga.

Estas mercedes, porque no dependen de obras que el alma haga ni de
consideraciones que tenga, aunque estas cosas son buena
disposición para ellas, dalo Dios a quien quiere y por lo que el
quiere; porque acaecerá que una persona se habrá ejercitado en
muchas obras, y no la dará estos toques; y otra en muchas menos, y
se los dará subidísimos y en mucha abundancia. Y así, no es
menester que el alma este actualmente empleada y ocupada en cosas
espirituales, aunque estarlo es mucho mejor para tenerlos, para
que Dios de los toques de donde el alma tiene los dichos
sentimientos, porque las más veces está harto descuidada de ellos.
De estos toques, unos son distintos y que pasan presto; otros no
son tan distintos y duran más.

3. Estos sentimientos, en cuanto son sentimientos solamente, no
pertenecen al entendimiento, sino a la voluntad; y así no trato de
propósito aquí de ellos, hasta que tratemos de la noche y
purgación de la voluntad en sus aficiones, que será en el libro 3º
que se sigue. Pero, porque muchas y las más veces, de ellos
redunda en el entendimiento aprehensión y noticia e inteligencia,
convenía hacer aquí mención de ellos sólo para este fin. Por
tanto, es de saber que de estos sentimientos -así de los de la
voluntad como de los que son en la sustancia del alma, ahora sean
los toques de Dios que los causan repentinos, ahora sean durables
y sucesivos- muchas veces, como digo, redunda en el entendimiento
aprehensión de noticia o inteligencia, la cual suele ser un
subidísimo sentir de Dios y sabrosísimo en el entendimiento; al
cual no se puede poner nombre tampoco, como al sentimiento de
donde redunda. Y estas noticias a veces son en una manera, a veces
en otra; a veces más subidas y claras, a veces menos, y menos
claras, según lo son tambien los toques que Dios hace, que causan
los sentimientos de donde ellas proceden, y según la propiedad de
ellos.

4. Para (dar) cautela y encaminar al entendimiento por estas
noticias en fe a la unión con Dios, no es menester aquí gastar
mucho almacen; porque, como quiera que los sentimientos que
habemos dicho se hagan pasivamente en el alma, sin que ella haga
algo de su parte efectivamente para recibirlos, así tambien las
noticias de ellos se reciben pasivamente en el entendimiento que
llaman los filósofos posible, sin que el haga nada de su parte. De
donde, para no errar en ellos ni impedir su provecho, el tampoco
ha de hacer nada en ellos, sino haberse pasivamente acerca de
ellos, sin entrometer su capacidad natural. Porque, como habemos
dicho que acaece en las palabras sucesivas, facilísimamente con su
actividad turbará y deshará aquellas noticias delicadas, que son
una sabrosa inteligencia sobrenatural a que no llega el natural ni
la puede comprehender haciendo, sino recibiendo.

Y así, no ha de procurarlas ni tener gana de admitirlas, porque el
entendimiento no vaya de suyo formando otras, ni el demonio tenga
entrada con otras varias y falsas; lo cual puede el muy bien hacer
por medio de los dichos sentimientos o los que el de suyo puede
poner en el alma que se da a estas noticias. Háyase resignada,
humilde y pasivamente en ellas: que, pues pasivamente las recibe
de Dios, el se las comunicará cuando el fuere servido, viendola
humilde y desapropiada. Y de esta manera no impedirá en sí el
provecho que estas noticias hacen para la divina unión (que es
grande, porque todos estos toques son de unión), la cual
pasivamente se hace en el alma.

5. Lo dicho basta acerca de esto, porque, cualquiera cosa que al
alma acaezca acerca del entendimiento, se hallará la cautela y
doctrina para ella en las divisiones ya dichas. Y, aunque parezca
diferente y que en ninguna manera se comprehende, ninguna
inteligencia hay que no se pueda reducir a una de ellas y sacarse
doctrina para ellas.
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